Sonriendo, Oualid entra por la puerta de casa de Mercè y ella lo recibe con un fuerte abrazo. Hacía meses que no se veían, pero el cariño entre ellos es palpable. En los primeros minutos del encuentro, antes de comenzar la entrevista, también aparece Manu, el marido de Mercè, y una de las hijas de la pareja santfeliuenca. También se abrazan. El vínculo entre todos está muy cuidado.
Con 20 años tuve que salir del albergue sin nada
Oualid Ait es un joven marroquí amazigh de 25 años que hace 6 años decidió dejar atrás su pueblo, Tinerhir, para «venir a buscar un futuro mejor». Con las ideas claras y un largo camino por recorrer, Oualid se encontró los tres primeros meses de su nueva vida en Barcelona en un albergue social en Zona Franca. Él ya era mayor de edad y vino solo a Cataluña a través de un Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes, los conocidos CETI. En este caso, Oualid hizo su solicitud desde el CETI de Melilla. Lo que debían ser unos meses en ese albergue, terminaron convirtiéndose en más de un año a causa de la pandemia de la Covid-19.
«Con 20 años tuve que salir del albergue sin nada». Oualid comenzaba una nueva vida lejos de su casa sin NIE (Número de Identidad para Extranjeros) ni permiso de residencia. Aún le faltaban 3 años de empadronamiento y un posible futuro contrato de trabajo. «Tenía claro que quería estudiar y ganarme un buen futuro; haría lo que fuera necesario». Y así fue.

Oualid entra en un programa de Migra Studium, una fundación con sede en Barcelona que ofrece a las personas recién llegadas al territorio información, orientación, acompañamiento, intermediación y asesoramiento jurídico. Así que, a través de uno de los programas de la fundación, logró estar una temporada con una familia de acogida. Este alojamiento permitió cumplir al joven uno de sus principales objetivos: comenzar sus estudios en tratamiento de productos alimentarios a través de un ciclo formativo de Grado Medio en Elaboración de Productos Alimentarios. No eran los primeros estudios que cursaba. En Marruecos, Oualid había comenzado estudios universitarios de Geografía, pero esa situación solo pudo durar un año. «Estudiaba durante el día y trabajaba en un bar por la noche. Era insostenible, no podía seguir con ese ritmo y no podía dejar de llevar dinero a casa». Desde los 6 años no ha dejado de trabajar. Hoy en día trabaja como cocinero en un restaurante muy popular del centro de la ciudad condal.
Formar parte de la fundación Migra Studium fue lo que hizo que los caminos de Mercè y Oualid se cruzaran. Caminos que parece que nunca se separarán.
La vivienda como condición de exclusión social
La edad de emancipación de los jóvenes catalanes se sitúa en los 29,8 años, una cifra ligeramente inferior a los 30,3 años del resto del estado, pero cuatro años por encima de la media europea, que es de 26 años. Así lo concluye el monográfico de la cátedra de empresa «Vivienda y Futuro», de la UPF y la Asociación de Promotores y Constructores de Edificios de Cataluña. La vivienda es uno de los principales quebraderos de cabeza de la juventud y se convierte en una odisea cuando se trata de juventud migrante. «Encontrar un lugar donde vivir por ser extranjero es complicado, pero aún más cuando eres del Marruecos», lamenta Oualid.
A veces me da vergüenza decir que soy del Marruecos
En los últimos años, se ha planteado la islamofobia como una forma de racismo de estado, con impactos graves en el día a día de las personas. Se considera que esta es una manifestación del racismo estructural, que va más allá de los simples prejuicios sociales utilizados para justificar las discriminaciones cotidianas que afectan a aquellas personas percibidas como musulmanas. Es en esta circunstancia en que las personas a quienes se les asocia con un origen marroquí arrastran una mochila cargada de desigualdades, racismo y estigmas. «A veces me da vergüenza decir que soy del Marruecos», asegura Oualid. De hecho, hoy en día aún lleva consigo cada día el tiquet de todo lo que compra, así como la factura del móvil. Lamenta que es la manera que tiene de asegurar en un registro policial que nada de lo que lleva son objetos o alimentos robados.
El racismo estructural también tiene un impacto en el acceso a la vivienda. En un estado del bienestar, conseguir una vivienda digna debería ser una tarea sencilla y asegurada, ya que es un derecho reconocido por la Declaración Universal de los Derechos Humanos. A pesar de ello, las dificultades para acceder a la vivienda contribuyen a situar a muchas personas en riesgo de exclusión social. En determinadas situaciones, encontrar una vivienda adecuada y asequible puede convertirse en una tarea casi imposible.

4 habitaciones, 4 jóvenes, una convivencia y un acompañamiento
Es esta situación discriminatoria lo que hizo que un grupo de personas santfeliuencas pusieran en marcha el proyecto Sunday. Esta es una entidad que comienza a gestarse en 2006 con unas primeras reuniones entre un grupo de 5 familias de la parroquia de Sant Feliu con inquietudes sociales. «Queríamos ayudar a personas que no tenían tanta suerte como nosotros», explica Mercè Cardona, una de las fundadoras de Sunday.
Ella y su marido, Manu Andueza, son una de las cinco familias que decidieron destinar parte de sus recursos y tiempo a la solidaridad, enfocándose en los jóvenes, un colectivo que vive atravesado por los grandes problemas del sistema.
Después de años de conversaciones y reuniones, en 2011 arranca el primer proyecto, Equinocci. Las familias alquilaron un piso a un propietario de Sant Feliu y este alojamiento, a través de la Asociación Punt de Referencia, fue destinado a la acogida de juventud extutelada. 4 habitaciones, 4 jóvenes y una convivencia para encarar un futuro digno. 9 jóvenes pudieron acoger esta iniciativa local durante los 8 años que duró. «Recuerdo que fue un proyecto precioso y de muchos aprendizajes», asegura Mercè. Tanto es así que, una vez cerrado este proyecto, en 2019, uno de los jóvenes preguntó si se podía quedar viviendo, asumiendo el coste total del alquiler. Hoy en día, aún vive allí.
No satisfechos con el primer proyecto, desde Sunday querían más y en 2021 pusieron en marcha uno segundo. «Viendo que la vivienda seguía siendo un aspecto muy precario en la sociedad, decidimos volver a hacer un proyecto de vivienda», explica Mercè. Además, lo enfocaron en la juventud migrante, «sabiendo que para este colectivo la situación era aún más injusta; llegan sin documentación y no pueden trabajar». Así nació, entonces, La Llar el Pi. La misma fórmula que el primer proyecto: 4 habitaciones, 4 jóvenes y una convivencia. En este caso, sin embargo, de la mano de Migra Studium. Oualid y tres compañeros más fueron los encargados de inaugurar este segundo piso.

Tengo claro que en cuanto pueda permitírmelo económicamente, volveré a un piso en Sant Feliu
«Nosotros somos los voluntarios que, además de alquilar el piso, les hacemos un acompañamiento semanal», explica Mercè. Sunday ayuda a los jóvenes en tareas administrativas, como el empadronamiento. De hecho, desde la asociación, una vez los jóvenes han conseguido la documentación como el NIE o el permiso de residencia, se les invita a marcharse del piso, dejando el espacio para otros que lo necesiten. «También cenamos una vez a la semana todos juntos en el piso», añade Mercè. Ambos se ríen al recordar cómo eran aquellas cenas cuando Oualid era uno de los jóvenes que vivía en La Llar el Pi. Crear tejidos y vínculos con la ciudad también es una tarea que se desarrolla desde la asociación santfeliuenca Sunday a través de los proyectos de los pisos asistidos. De hecho, durante los tres años que Oualid vivió en Sant Feliu, creó un círculo de amistades y formó parte de un club de fútbol de la ciudad. «Tengo claro que en cuanto pueda permitírmelo económicamente, volveré a un piso en Sant Feliu», asegura contento el joven mientras mira a Mercè.

Sunday no encontró un piso en Sant Feliu para los jóvenes migrantes
A diferencia del primer proyecto (Equinocci), este segundo piso (La Llar el Pi) no fue tan fácil de encontrar. «Con el primer piso rápidamente encontramos a una persona de Sant Feliu que nos alquiló una propiedad suya», explica Mercè. Con el segundo, sin embargo, llegaron los racismos y las discriminaciones.
Hasta 15 pisos en Sant Feliu nos negaron el alquiler porque éste iba destinado a juventud migrante
Según la Constitución española, una persona no puede ser discriminada por razón de origen. Además, la prohibición en el acceso está regulada en la Directiva europea 2004/113/CE, pero la realidad es que estas discriminaciones son algo habitual. «Era un contexto político y social en el que las miradas se pusieron mucho sobre los jóvenes migrantes no acompañados. Hasta 15 pisos en Sant Feliu nos negaron el alquiler porque este iba destinado a juventud migrante», denuncia Mercè. No era problema de dinero, no era problema de espacio, era problema de racismo. «Incluso cuando a veces nos aceptaban un piso y teníamos fecha de entrada, si decíamos que era para 4 jóvenes migrantes, nos decían que no a última hora». Finalmente, el grupo decidió acudir a la Fundación AFMA, que compró un piso en la ciudad, lo que permitió a Sunday alquilarlo y destinarlo a Migra Studium y la juventud migrante.
Tanto Equinocci como La Llar el Pi son iniciativas solidarias necesarias, pero estas entreven la falta de políticas que protejan a los jóvenes en situación de vulnerabilidad. «La administración los protege hasta los 18 y a partir de ahí deben apañárselas», denuncia Mercè. Además, «estas ayudas o políticas a las que se pueden adherir no llegan por canales oficiales». De hecho, Oualid asegura que cuando llegó a Barcelona, se enteró de que podía ir a pedir techo al albergue de Zona Franca «porque unos compañeros que conocí me lo explicaron». El miedo a quedarse en la calle siempre le ha hecho buscar recursos para salir adelante. «Los que hemos estado en pisos asistidos como los de Sunday sabemos el valor de estas oportunidades, hay muchos jóvenes como nosotros que están viviendo en la calle». Oualid tiene claro que sin haber pasado por La Llar el Pi, el proceso de construir un futuro digno habría sido mucho más lento.
Antes de terminar la entrevista, Mercè tiene claro que quiere pedir más vinculación de la sociedad y la administración hacia estos problemas sociales, que nos parecen lejanos, pero atraviesan todas nuestras realidades y entornos. «En un contexto donde llegan nuevas leyes de inmigración más duras, no basta con un proyecto como el nuestro». Pide más implicación política y social.
Artículo original de Fet a Sant Feliu.

