
Eran cerca de las 18.00 h.- y el sol caía a plomo sobre el nuevo Parc de les Glòries. Sin nada que hacer hasta un rato después, decidí darme una vuelta en bicicleta por la zona y, de esta manera, poder ver en su integridad cómo había quedado su última reforma. Casi sin pensarlo, me dirigí hacia las dos nuevas fuentes denominadas espejos de agua. Para los que no las hayáis podido ver, se trata de dos enormes bloques de piedra de menos de un metro de altura, aunque ésta se va adaptando a la evolución del terreno; unos tres o cuatro de anchura y, también a buen ojo, unos 10 o 12 metros de largo.
Desde diversas partes de la superficie elevada surge un flujo de agua de forma continua que acaba por abarcar la totalidad del conjunto generando una lámina, de ahí lo de espejo, de unos cinco o seis centímetros de agua que acaba por rebosar y caer hacia la superficie del suelo, atravesando unas rejillas metálicas y alimentando un circuito. La imagen del conjunto es relajante a la par que refrescante y se intuye, por parte de los diseñadores y arquitectos, el objetivo de transmitir cierta paz mientras refleja el cielo de la ciudad a la par que se consigue bajar ligeramente la temperatura de la zona. Sin embargo, como en tantas ocasiones, esto no parece ser el uso que ha acabado por tener dicha instalación.
Fue el filósofo y sociólogo Henri Lefebvre el que, en su célebre obra La producción del espacio, introdujo la complejidad que supone la interrelación de este con aspectos tales como las relaciones sociales, los modos de producción o los imaginarios humanos. Para Lefebvre el espacio se producía en virtud de tres factores fundamentales: el espacio percibido, que no es otro que el más cercano a la vida diaria, cotidiana, aquel donde se desarrollan las prácticas sociales elementales, básicas, propias de la existencia de grupos humanos en un contexto y momento histórico dado. Acciones como caminar, hacer deporte, sentarse a descansar o conversar, hacer un botellón o simplemente esperar a cruzar un semáforo formarían parte de esta tipología.
En segundo lugar se encuentra el denominado espacio concebido, que es el espacio del poder, de la imposición, aquel que pretende físicamente imponerse y determinar el tipo de uso que se realiza de éste. Son el urbanismo, los diseños arquitectónicos, la disposición del mobiliario urbano, la determinación del sistema de transporte… los espejos de agua. Y por último, pero no menos importante por cuanto es imposible determinar la producción del espacio sin tener en cuenta la interacción continua e inextricable de los tres factores, el espacio vivido. Se trata del envoltorio simbólico del espacio, es decir, aquella esfera que nos transmite y alecciona, en la se encuentran codificados los usos, las disposiciones, el manual de uso de éste pero que, a la vez, también deja ver la potencialidad de la emancipación, las formas de escape de subversión, de resignificación de todo aquello que supone el espacio. Son los contenedores que se usan para barricadas, los campos de futbol improvisados en plazas y calles, las reglas que prohíben o limitan determinados comportamientos y actividades, son las proyecciones de uso imaginarias e imaginativas, que los diseñadores de los espejos del agua determinaron que tendría su obra, el relax, la contemplación. Son, también, su uso como piscina y área de esparcimiento infantil.
Mientras contemplaba las dos grandes moles de piedra con agua donde un niño y una niña recien aparecidos, de entre cuatro y seis años, jugaban, chapoteaban y se refrescaban en aquella calurosa tarde, no pude dejar de pensar precisamente en cómo pese a décadas de conocimiento acumulado sobre el uso del espacio, los arquitectos y diseñadores continúan manteniendo ese pensamiento naif en el cual sus proyecciones intelectuales y planos milimétricamente calculados acaban por ser desechados por el simple uso humano diario. ¿es que no pensaron que algo así no acabaría por ocurrir?, ¿es que no era evidente que los espejos del agua acabarían por conformar una enorme piscina improvisada por el uso y disfrute de los niños y niñas de la zona? El espacio no se encuentra limitado y confeccionado por lo que unos políticos hayan determinado y unos técnicos urbanísticos hayan pensado, sino la mayor o menor masa de gente que hará uso de él.
Mientras pensaba en retirarme ya, pues tenía que acudir a la cita para la que estaba haciendo tiempo, un señor mayor, con el pelo totalmente cano y un caminar lento y complicado, se dirigió a la madre de la pareja de niños que jugaban. Sentada plácidamente en uno de los bancos que miran las fuentes, la mujer, cuyas vestimentas y aspecto físico evidenciaba un origen asiático, vio como el juego de sus hijos era reprimido por el anciano paseante. Ésta, al recibir la reprimenda, ordenó a la pareja que bajaran de la fuente, volvieran a ponerse las zapatillas y se secaran. De esta forma, el poder, el espacio concebido de una fuente pensada única y exclusivamente para ser observada en tediosas y calurosas tardes, se hizo presente en la voz dura y asertiva de un vecino de Barcelona.


1 comentari
yo pienso que si se hizo esta obra sea para refrescarse y sobre todo los niños.
ya han dicho que es agua reciclada.
Los padres advierten a sus hijos que esa agua no se toma.
hay otra situación.Las piscinas.
Las piscinas solo tienen cloro. es agua estancada.ahi se orina.
además de que hay que pagar por su uso. soy mayor pero nunca me he bajado en una piscina.nunca me gustó.
ENTONCES PUES QUE SE ENJUAGUEN LOS NIÑOS. Y DISFRUTEN DE SUS VACACIONES.