Racismo percibido y negación individual
Si se hace el ejercicio de preguntar a alguien al azar si la sociedad en la que vive es racista, nos encontraremos que, con toda seguridad, la respuesta más probable sea algo como: “No, hay personas racistas, como en todos lados, pero nuestra sociedad no es racista”. Por supuesto, si a continuación se le pregunta a dicha persona si él se considera racista, la respuesta más probable vuelve a ser algo cercano a un “no, por supuesto que no”. Tal vez después matice su respuesta, especialmente si las preguntas siguen y van a lo concreto, pero, en líneas generales, lo más probable es que esta persona entienda que el racismo es una falta individual que tiene que ver con un prejuicio y un defecto de su carácter, una falta que nadie está dispuesta a atribuirse fácilmente. Sin embargo, el racismo parece una realidad más que palpable, ¿dónde se produce el desajuste?
Racismo estructural
A decir verdad, la diferencia entre la percepción individual y la realidad estructural es lo que permite que el racismo, como muchos otros ismos, perviva y prolifere sin demasiada dificultad. Lo de la “realidad estructural” puede sonar demasiado abstracto hasta que se ponen ejemplos claros: el España-Egipto de hace unas semanas, por poner un caso.
El España-Egipto como ejemplo
En este partido se vertieron cánticos racistas de forma reiterada contra el equipo y la afición visitante (Egipto). Entre el calor y el pseudoanonimato de la masa, una multitud de impresentables vertieron su odio. Hay quien, ante esta situación, dirá que seguían siendo una minoría… ¡Nada más faltaría! Pero incluso habrá quien diga que realmente eso no es racismo, porque lo que se buscaba era molestar y ofender al adversario. Es decir, se buscaba el contenido que se pensaba que sería tenido en cuenta como ofensivo… aunque no estuviera interiorizado por los increpadores. No obstante, más allá de que se tratara solo de un partido amistoso… ¿tiene mucho sentido pensar en que, de alguna forma, estos emisores son solo receptáculos de una intención superior? Pues, en cierto sentido, puede que no estén del todo equivocados…
Por supuesto, es absurdo sostener que esos mensajes solo pretenden molestar, pero que no son auténticamente racistas. Pero no es tan absurdo que ellos consideren que no son realmente racistas. Y no se trata tan solo de que nadie quiera atribuirse un defecto de este calibre. En algún punto, la masa de un campo de fútbol permite algo extraordinario: que se sublime, sin consecuencias directas, personales y evidentes, el contenido que se está gestando a nivel colectivo. Así, en una masa aparentemente anónima y muy multitudinaria, la estructura social que se ha ido macerando emerge en su esplendor.
Inmigración, bulos y prejuicio
En otro orden de cosas, si se observa la propuesta de regularización de inmigrantes por parte del Gobierno de España, los bulos que han azotado a la sociedad española van desde el temor a que las calles se llenen de delincuentes condonados en sus penas hasta que las próximas elecciones generales se estén manipulando, dándoles derecho a voto a todas estas personas que, agradecidas por la resolución favorable de su situación, acabarían votando a quien propició dicha regularización. Por supuesto, no es muy difícil verificar que, en realidad, solo se pueden regularizar personas que, a día 1 de enero de 2026, ya estaban viviendo en España y que no tengan antecedentes penales. Amén de que, para votar en unas generales, se requiere la nacionalidad española, no solo el permiso de residencia. Esto ha sido aclarado una y otra vez, desmintiendo los bulos, pero…
Sin embargo, mucha gente sigue comprando (o queriendo comprar), cuando menos, alguna parte de este argumentario. ¿Por qué? ¿Es mera ignorancia? Tal vez ahora comience a cobrar más sentido lo de comprender el racismo, así como la xenofobia, en clave estructural más que individual. No es un pecado de la persona; es algo que se gesta, performa, reproduce y difunde de una forma viral, llenando de prejuicios, más o menos vagos, a una parte de la sociedad que, ante la pregunta sobre su racismo (individual), siempre te dirá que “yo no soy racista, pero…”. Y en el “pero” siempre aparece esa estructura que cobra vida a través del prejuicio.
Política y “prioridad nacional”
Otra situación: hace pocos días, el PP y Vox llegaron a un acuerdo de gobierno en Extremadura en el que se estableció la “prioridad nacional” para acceder a servicios y prestaciones en dicha comunidad autónoma. La medida es inconstitucional con esa formulación. Y sí, traslada el foco de la pregunta “¿por qué no se invierte más?” a “¿por qué no priorizamos a los “nuestros” en el reparto de lo que hay?”. Pero el punto crucial para el argumento de este artículo es que se toma esa medida porque hay una estructura que puede absorber este contenido y alimentarse de él: un racismo y una xenofobia que no son pecado de nadie, pero que persisten, convirtiéndose en el pecado de todos.
¿Qué hacer frente al racismo estructural?
Y, ante esta situación, ¿qué debería hacer una izquierda antirracista? Pues, probablemente, no lo que dice Gabriel Rufián, que propone hablar de los “problemas” que genera la inmigración. Y no porque estos no existan y no deban ser abordados, sino porque la idea de “tenemos que bajar al barro” a discutir con quienes alimentan la estructura racista y xenófoba suena muy bien, pero no es difícil comprender que no hay nada que hacer mientras se asuman los términos de la discusión como válidos, sino que, más bien, se debe cambiar el eje de coordenadas, mover el debate a otro lugar para que el emperador quede desnudo y se vea claro lo que ahora resulta invisible a los ojos: el precepto ideológico que convierte al racismo en algo etéreo, difuso e inexplicable… pero persistente.

