La irrupción de la covid-19 ha evidenciado de manera cruda que la idea de unas fronteras claras y definidas entre cuerpos es, en buena medida, ficcional. Ante el virus, la piel se revela como una frontera más imaginaria que real: la enfermedad hace patente el hecho de que el cuerpo no forma parte exclusivamente del dominio de lo visible, que es afectado por muchas cosas que escapan a nuestra mirada. A nivel biológico, no sólo estamos en contacto con microorganismos que nos parasitan, conviven de forma simbiótica con nosotros o nos atraviesan desde la más absoluta indiferencia; somos emisores y…
