El viernes, a las 23.59, se cerró en la Junta Electoral Central el plazo para registrar coaliciones. El Frente Amplio inscribió la suya sin Podemos, después de que fracasaran las negociaciones para una candidatura conjunta. Con ese registro quedó fijado lo que la izquierda catalana ofrecerá el 29 de noviembre.
Habrá tres papeletas, el PSC, ERC con Podemos dentro y Comuns-Front Ampli, y una ausencia, la de la CUP. Las combinaciones ensayadas durante el último año —que eran unas cuantas— se quedaron en el camino, junto con las esperanzas de una parte importante de la ciudadanía que, por enésima vez, creyó que la unidad era posible.
El punto de partida
En julio de 2023, la izquierda catalana obtuvo uno de sus mejores resultados de la serie. El PSC sacó un 34,5%, los Comuns —entonces bajo la marca Sumar— un 14% y siete escaños, y ERC un 13,2%, también con siete diputados. Fue una victoria con dos lecturas: el PSC ganó concentrando el voto útil contra el PP y Vox, y la segunda posición de los Comuns se explicaba en buena parte por el arrastre estatal de Sumar y por la desmovilización independentista. Tres años después, ninguna de esas dos condiciones se mantiene intacta.
Las coaliciones que no fueron
La historia de esta precampaña es, sobre todo, la de las alianzas frustradas.
La primera fue la de Rufián. Durante meses defendió una confluencia provincia por provincia frente a la extrema derecha, una fórmula de la que la dirección republicana se desmarcó una y otra vez. Llegó a plantear un frente catalán con ERC, Comuns, CUP y Podemos en el que Esquerra fuera la fuerza motora, pese a haber obtenido menos votos que los Comuns en 2023. No prosperó.
La segunda, la más improbable, fue la de ERC con los Comuns. Colau había dicho más de una vez que le gustaría que la alianza con Rufián fructificara. Los republicanos la rechazaban de plano, y Junqueras lo resumió así: «Fui a la cárcel por Catalunya, no para que Ada Colau sea diputada en una lista de Esquerra». Tampoco ayudó que Colau invitara públicamente a Rufián a liderar el Frente Amplio a escala estatal. Rufián eligió quedarse en su partido.
La tercera fue la del Frente Amplio con Podemos, que se jugó precisamente en Catalunya. El Frente Amplio exigía un acuerdo global que incluyera Madrid y Catalunya. Podemos insistió en pactar territorio por territorio y rechazó una propuesta que le obligaba a romper su acuerdo con ERC. Es decir: Podemos estaba dispuesto a pactar en todas partes menos en Madrid y Catalunya, donde ya tenía su propio juego. El juego de las alianzas siempre fue una lucha por las migajas del poder. Al final solo concurrirán juntos en Canarias y el País Valencià.
Las listas
PSC. Encabeza la lista Jordi Hereu, ministro de Industria y Turismo desde noviembre de 2023, antes presidente de Hispasat y alcalde de Barcelona entre 2006 y 2011. Sustituye a Meritxell Batet, que lideró la candidatura en 2023. Tras dejar el consistorio pasó por el consejo de administración de Aena y por el consejo asesor de Agbar, un órgano remunerado que la plataforma Aigua és Vida denunció como un lavado de cara de la compañía mientras el Ayuntamiento de Colau litigaba por la gestión pública del agua. Es el perfil más escorado al centro-derecha del socialismo catalán, y la elección puede tener una lectura estratégica: el PSC no compite por su flanco izquierdo, que considera cautivo. Compite por el votante de orden que puede escapar hacia el PP o quedarse en casa.
ERC. Rufián repite como cabeza de lista por Barcelona tras un pulso interno con la dirección. Había exigido un equipo de confianza, y el partido respondió que no podía garantizarlo porque decidirían las federaciones. Aun así, varios de sus críticos han renunciado o han sido recolocados: Jordi Salvador y Pilar Vallugera dejan el Congreso y Francesc-Marc Álvaro encabezará la lista al Senado. Los puestos dos, tres y cuatro por Barcelona, en cambio, son para Mireia Ingla, Jordi Albert y Laura Pelay, los tres afines a Junqueras. Es un candidato con más margen que en 2023 y con la dirección sentada en los puestos de salida.
Podemos dentro de ERC. Los morados renuncian a presentarse en Catalunya a cambio de que ERC incorpore a algunos de sus candidatos como independientes. Además, Rufián hará campaña con Montero fuera de Catalunya. Solo habrá candidatos de Podemos en Barcelona y Tarragona, por debajo de los puestos que ERC obtuvo en 2023: después del cuarto en Barcelona y, en el mejor caso, el segundo en Tarragona. Si ERC crece como apunta el CEO, de 7 a 10-11 diputados, el candidato morado en Barcelona tiene opciones reales.
Comuns-Front Ampli. Colau encabeza la lista por Barcelona como presidenciable de la coalición, con Ernest Urtasun de número dos. Así quedan al frente las dos familias del espacio, Barcelona en Comú y la heredera de Iniciativa per Catalunya Verds. Su regreso se produjo a un ritmo extraño para alguien que se había resistido a volver. Hasta dos semanas antes de su designación no se mostró disponible, y el movimiento sorprendió a dirigentes de los Comuns que conocían sus reticencias. Más Madrid la propuso el 7 de octubre como número uno por Barcelona, y el 12 los cuatro socios la proclamaron candidata, justo después del pacto entre ERC y Podemos. Es una candidatura de reacción, armada en dos semanas para frenar una sangría.
La ausencia
La militancia de la CUP avaló no concurrir con un 68,9% de los votos y llamó a volcarse en la huelga general de noviembre y en la movilización social. Hoy no tiene representación en el Congreso. Su retirada libera un electorado pequeño pero estratégico, catalanista y de izquierdas, que encaja mejor con ERC que con unos Comuns que se presentan como la pata catalana de un proyecto con centro en Madrid. A esa ausencia se suma la de Aliança Catalana, que tampoco se presentará. Según el CEO, quienes la votarían en unas catalanas se repartirían sobre todo entre Vox (18,5%) y Junts (18%), pero un 13% iría a parar a ERC. El tablero se simplifica por los dos extremos del espacio soberanista.
La aritmética
Barcelona reparte 32 de los 48 escaños catalanes. Es ahí donde la fragmentación de la izquierda alternativa tiene un coste más tolerable, porque una candidatura con un 6% todavía puede rascar un par de escaños. En Tarragona, Girona y Lleida, que eligen seis, seis y cuatro diputados, la ley D’Hondt castiga sin piedad a quien no supera el umbral efectivo, y ahí la competencia entre ERC y Comuns sí puede convertir votos de izquierdas en escaños de otros. El pacto con Podemos refuerza a ERC justo donde más le sirve, que es en la pugna por el voto metropolitano castellanohablante que en 2023 fue de los Comuns.
Lo que sale de todo esto podría llamarse una «unidad por sustracción». Cada actor ha resuelto su problema de corto plazo restándole algo a su vecino, y el balance, hecho con cuidado, deja pocos ganadores. ERC crece en las encuestas, pero lo hace con una lista cuyos primeros puestos controla Junqueras y compartiendo papeleta con un partido que se opuso a la financiación singular para Catalunya. Los Comuns recuperan a su figura más conocida, tarde y por reflejo, en plena caída. El PSC observa desde el centro, convencido de que la fragmentación ajena le asegura la primera plaza, aunque las encuestas le dan menos votos que en 2023.
Quien sale ganando es Podemos, aunque poco. No se arriesga a medirse con su propia papeleta en un territorio en el que nunca se ha presentado en solitario a unas generales. Puede colar un diputado por Barcelona si ERC crece cómo apuntan las encuestas, y hará campaña en Madrid del brazo del político mejor valorado de Catalunya. Pero el premio de verdad es otro: ha debilitado a su competidor directo en el único territorio donde los Comunes eran todavía una marca fuerte. Un escaño, tal vez, y un mordisco a su moral. Para un partido que lleva tres años sobreviviendo, no es poco. Para cambiar el mapa, no es suficiente. Para frenar la ultraderecha, menos todavía.
