Al periodista y profesor Txema Seglers el digital Crític le encargó que realizara tres entrevistas que dieran perspectivas distintas del expresidente de la Generalitat Jordi Pujol. Las conversaciones con Lluís Bassets, Paola LoCascio y Joan B.Culla fueron el punto de partida de su propio proyecto, que se convirtió en un libro publicado el 24 de septiembre. Se titula “Pujol i jo” (Saldonar) y recoge 27 entrevistas. No es un libro de entrevistas colocadas una tras otra. Seglers nos explica cómo las vive y también cómo se desarrolla paralelamente su propia vida. “Pujol i jo” representa casi el nacimiento de un género literario nuevo.
¿Por qué lo haces de esta forma tan especial? Mezclas tu propia vida. Va más allá de un clásico libro de entrevistas sobre un personaje.
La historia que me rondaba por dentro me pedía esa forma. De hecho, sin la cuestión personal, hubiera sido un libro de entrevistas clásico y punto. Pero, cuando recibí el encargo de las tres primeras entrevistas por parte de Crític, y empiezo a pensarlas, recuerdo, de repente, que mi padre había trabajado en Banca Catalana; y me doy cuenta de que, si quiero comprender ese momento íntimo de mis padres, debo averiguar también ese momento del país representado en la figura de Jordi Pujol. En cierto modo, entiendo que la memoria personal y la colectiva se dan la mano, y debo entender todo el contexto. En este sentido, ‘Pujol i jo’ es muy transparente y desnudo, ya que el lector observa cómo se desarrolla la historia hasta el final sin trampas, con el colofón del encuentro con Jordi Pujol.

27 entrevistas. Podrían haber sido más, claro. ¿Cuáles echas en falta?
Ninguna. Y que no esté Pilar Rahola tampoco me duele.
¿Se lo pediste?
Sí, muchas veces. Primero, me dijo que sí, que ya haríamos la entrevista; pero, después, la telefoneaba y me colgaba, en plan diva, y nunca más supe nada de ella. Un día, sin embargo, leo que ya estaba haciendo las américas. Mònica Terribas tampoco pudo porque estaba muy atareada, pero fue educada en la negativa. Cosas que pasan. Hay de todo. Unos entrevistados han preferido hablar desde el anonimato; y con otros me he reunido un par de veces, como con Josep Ramoneda y Ferran Casas. Confieso que estoy agradecido a los 27 testigos, que fueron muy amables. También, Arcadi Espada, que tiene pinta de ogro. Recuerdo la conversación con Josep Maria Bricall, una voz importante e inteligente. Como me gusta mucho el género de la entrevista, habría hablado con mucha más gente, pero al final pensé que los 27 entrevistados representaban con acierto un amplio y plural abanico para trazar el retrato de Jordi Pujol desde muchas perspectivas. Tenía claro que no quería un libro de parte.
El espíritu del libro es intentar conocer a Pujol sin prejuicios, buscándolo como una persona de la calle. Un poco la perspectiva de un marciano
Quizás podrías hacer otro libro con 27 entrevistados distintos.
No, imposible. Con ‘Pujol i jo’ he resuelto lo que quería entender: saber quién era mi Jordi Pujol y saber qué ocurrió en ese momento entre mis padres. Ahora quiero escribir sobre otros temas que me inquietan. El mundo es cada vez más extraño y oscuro y quiero pensarlo. Estoy contento de haber escrito este libro y que a personas que lo han leído, como Lluis Foix y Joan Tapia, les guste. Quiero saber también la opinión de Enric González, que es un gran lector.
¿Ha habido gente que no quería salir con su nombre por miedo a que su versión pudiera verse como demasiada crítica, para no quedar como ‘los malos de la película’?
Te refieres a uno de los entrevistados, que llamo El hombre sin nombre; del que preservo la identidad. Pero, sí, es cierto lo que dices, porque algunas personas han sido muy reacias a hablar de Jordi Pujol, como los fiscales José María Mena y Carlos Jiménez Villarejo. Con este último no hubo manera, porque se negó en redondo unas seis o siete veces. Y Mena, finalmente, y después de insistir mucho, aceptó la conversación. Me interesaba mucho encontrarme con los fiscales del interrogatorio a Jordi Pujol y no entiendo por qué estuvieron tan a la defensiva. Creo que no han elaborado todo lo que les pasó, y que sencillamente han encapsulado aquella experiencia que parece que fue bastante traumática. Una herida cicatrizada, pero nunca limpia del todo.

José María Mena te recibe pero te marea bastante aunque explica alguna anécdota interesante
Sí. Me costó estirar del hilo; sin embargo, forma parte del género de la entrevista, que nunca sabes hacia dónde se mueve la conversación. Por eso me gusta tanto. El hombre sin nombre, al principio, tenía muchas ganas de hablar, pero después se fue cerrando y se negó a encontrarse de nuevo. Supongo que con la conversación revivió las emociones de ese tiempo. Es curioso cómo cuesta filtrar el pasado, ¿verdad? Recuerdo que, cuando os entrevisté a ti, Reixach y González para saber de vuestro libro, tú me dijiste algo que me pareció muy adecuado: ‘Hicimos un libro sobre la querella, y luego pareció que nuestra vida se reducía a eso’. Pero, como añadiste, la vida, por suerte, es más larga y rica.
Tú naces en 1980, el año en que Pujol llega a presidente de la Generalitat. ¿Qué Pujol conocías antes de hacer el libro?
Como muchos de mi generación, Jordi Pujol era el presidente de Catalunya. Si, de pequeño, me pedían el nombre de un político, sólo sabía decir Jordi Pujol y Soley, porque desconocía quiénes eran los demás. Pujol era una figura natural del paisaje catalán, como aquel tío cascarrabias que se sienta contigo en la comida de Navidad. Pero sé que para otros periodistas de mi generación, Pujol es la cara y los ojos de lo que llaman el régimen del 78. Lo entiendo. Pero, para mí, que me interesa la política pero no en exceso ni tampoco me siento especialmente politizado, porque me interesa más la cultura y otras vertientes del periodismo, Pujol era eso: un tío lejano, poco conocido, interesante y curioso; y que, además, era el banquero del banco en el que trabajaba mi padre.
En la presentación del libro algunos de los ponentes parecían que fueran con mucho tiento a la hora de hacer alguna crítica a Pujol. ¿También ocurre esto con los entrevistados? ¿Nadie quiere hacer sangre de un hombre que ahora tiene 94 años y cayó en desgracia?
No, no ocurre igual. En el libro hablan testigos muy críticos con Jordi Pujol, que en ningún momento se frenan a la hora de criticarle, ni a él ni al pujolismo. No se ablandan, son duros y hacen sangre. De hecho, si yo quería saber quién era mi Jordi Pujol, necesitaba hablar con todo el mundo; y el libro acoge figuras de todas las tendencias. Ahora bien, a medida que voy avanzando, me doy cuenta de que cada generación tiene su Jordi Pujol y me gustaba constatarlo, porque me obligaba a saber aún más quién era el mío.

¿Qué entrevista te divirtió más?
De divertidas, dos: la de Jaume Reixach, porque es un personaje con una risa contagiosa; y la otra, la de Miquel Sellarès, porque habla sin pelos en la lengua. Sellarès, además, que fue clave en la creación de los mossos d’esquadra y tiene el aire de un cowboy duro, mostró una vertiente tierna, porque hacía un tiempo que había perdido a su mujer y estaba sensible. Parecía un oso herido, y me pareció muy humano. También fueron muy peculiares los dos encuentros finales con Jordi Pujol, Oriol Pujol y mi editor, Francesc Gil-Lluch, de Saldonar.
Uno de tus interlocutores es Josep Maria Pou. ¿Cómo se te ocurrió incluirlo?
Como me interesaba acercarme a la figura de Pujol sin prejuicios, y no quería enfocarlo todo desde la política, la conversación con Pou era ideal para comprender a Jordi Pujol desde otro lado. Es un grandísimo actor que podía ofrecerme un punto de vista muy diferente e interesante para trazar el retrato del expresidente. Además, es una conversación que responde perfectamente a mi curiosidad por saber quién es Jordi Pujol de verdad; como si yo fuera un marciano que llega a la Tierra y se pregunta quién es ese hombre que nos ha gobernado durante veintitrés años.
Pou cuenta una de las anécdotas más divertida del libro, que no explicaremos para no pisársela a quienes le lean.
Sí. Es divertida, ¿no? Hay un montón de anécdotas. Como aquella de Sellarès, cuando explica cómo Miquel Esquirol le confiesa que Pujol «es un calzonazos». José Antich, después, explica lo mismo, pero de otra forma, cuando dice: “Pujol es un hombre que está enamorado de Marta”. El libro, de hecho, combina la reflexión, el análisis y un montón de anécdotas bastante divertidas.
Sellarès explica que Miquel Esquirol le dijo que ‘Jordi Pujol es un calzonazos
¿Te ha quedado claro quién era Pujol?
No. Tengo claro, más o menos, quién es mi Jordi Pujol. Sin embargo, en el libro aparecen otros temas: la dificultad de saber totalmente quién es el otro; cómo la memoria se configura en forma de relato; cómo la identidad es una narrativa más o menos explicada; etc. De alguna forma, el libro es un juego de máscaras. Por ejemplo, cuando Pujol confiesa, incluso personas que tenían una relación muy íntima con él, no saben nada, y se enteran en el último momento. Irene Rigau escucha la impactante noticia en la radio de viaje a Ribes de Fresser, y Artur Mas lo sabe el mismo día del comunicado. Pero creo que Roca lo supo antes que muchas personas cercanas a Pujol. De hecho, a Pujol siempre le ronda el misterio.
¿Has publicado todo lo que te han dicho? ¿Has eliminado o endulzado alguna declaración?
Lo he publicado todo. Sólo he eliminado lo que no tenía interés o era secundario. Los entrevistados sabían que la grabadora funcionaba y estaba en marcha. Y también lo sabía Jordi Pujol. Si lees la crónica del encuentro con él, te das cuenta de que no me callo nada; callo tan poco que, incluso, Oriol Pujol, cuando se entera de la crónica, se pone nervioso y se inquieta. Lo encuentro normal, y sin embargo, tuvo la amabilidad de venir a la presentación y me saludó amablemente, diciéndome: “¡Seglers, cachis la!”. Es lo que te decía antes: es un libro desnudo, sin trampas.

¿Lo mejor del libro son las últimas páginas con el doble encuentro con Pujol y su hijo Oriol?
Sí, y no. Por un lado, es la mejor parte, porque después de entrevistar a un montón de personas consigo encontrarme con Pujol con todas las conversaciones asimiladas. Pero, al mismo tiempo, el proceso de ir dibujando el retrato de Jordi Pujol a medida que voy entrevistando a los testigos es muy interesante; porque me doy cuenta de que las voces comienzan a enlazarse unas con otras; y ese retrato de Pujol empieza a tomar vida. Por otro lado, disfruté escribiéndolo, intentando entender el reto que se me planteaba con cada entrevista. Por ejemplo, cuando os entrevisto a ti, a Reixach y a Enric González, me gusta que, a pesar de tener vidas separadas, vuestras voces se entrecruzan como un tapiz y ayudan a entender ese tiempo. Intentaba buscar el detalle de cada conversación, sí, como el calcetín marengo de Artur Mas.
¿Y la gracia de las conversaciones con Pujol?
Es divertido que los dos encuentros con él son muy distintos. El primero, sólo con Jordi Pujol. Y el segundo con el presidente y Oriol Pujol. ¿Qué ocurre? Que en el segundo encuentro, Oriol nos niega la entrevista; pero, en cambio, acepta la crónica del encuentro, después de negociarlo entre todos, con el editor incluido. Ahora bien, me pone condiciones: no puede haber ningún diálogo en la crónica, ni ningún guión. ¿Cuál es la sorpresa? Que Oriol pensaba que escribiría la crónica del primer encuentro, y yo escribo la crónica de los dos encuentros; es decir, de las cuatro horas con Pujol padre y Pujol hijo. Sin embargo, la crónica permite comprender el juego de miradas y los matices que se produjeron en ese encuentro.
Oriol Pujol me ha dicho que a su padre el libro le había gustado bastante
¿Sabes si Pujol le ha leído?
En la presentación, Oriol me dijo que a su padre le había gustado bastante. Pero Oriol me parece que necesitó más tiempo para asimilar el libro. Es comprensible.
¿Dentro de 10 años sería muy diferente repetir el libro?
No, ya sería otra cosa. La historia comienza en una época de crisis personal. Las crisis sirven para pensar y comprender y hacer balance de lo que no captabas. Los momentos duros son adecuados para reflexionar sobre uno mismo. Lo relaciono también con lo ocurrido en Catalunya: un procés largo y pesado, más eufórico que reflexivo, que no sé muy bien para qué ha servido. Me interesa más la reflexión que la euforia, sí.

Algunos entrevistados dicen que Pujol es el político catalán más importante del siglo XX. ¿Y Companys? ¿Y Macià?
¿Y Tarradellas? Todo depende del punto de vista y de las generaciones. Algunos dirán que es el más importante porque es quien gobierna 23 años, y, en este sentido, sí puede decirse que es el más importante. Depende de los criterios. Si para ti, lo importante es que se mantenga la llama de la Generalitat, quizás sería Tarradellas. Ahora bien, a nivel práctico, yo creo que sí, que Pujol nos ha marcado a todos, para bien y para mal. Hay un antes y un después del pujolismo, ¿verdad?
Y si Illa es presidente durante 24 años…
No lo será, porque es otra época.
Al final dejas sin aclarar cómo termina tu relación con Magalí.
Es un secreto de ambos. Ella y yo.


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