Decía la recientemente fallecida Assata Shakur que no hay nadie en el mundo, ni en la historia, que haya conseguido la libertad apelando al sentido común, y cuanto más tiempo pasa más pienso que es una reflexión muy acertada. Apelar a la irracionalidad que plantea el populismo no es posible desde la razón, el sentido común ni el argumento crítico.

Un ejemplo reciente lo tenemos en el innombrable hombre naranja; ese hombre poderoso que se siente con el derecho de insultar a una joven activista como Greta Thunberg. Él puede tacharla de loca por apoyar a Palestina mientras organiza una ceremonia seudorreligiosa de adoración a su persona. ¿Cómo apelar al sentido común de este macho alfa si ha superado todos los límites de la irracionalidad?

Quienes apelan al odio y a la codicia están interpelando los sentimientos más oscuros de la gente para arrebatarles la capacidad de análisis crítico. Hacen ver que el odio es la respuesta a los problemas mientras los agravan. Israel Díaz Ayuso es un buen ejemplo de ello en el Estado vecino: lanza críticas estúpidas para excitar las bajas pasiones de las madrileñas y madrileños y, de paso, abrirse camino hacia la presidencia en lugar del amigo de Marcial Dorado.

Odio contra el pobre, contra el migrante, contra las mujeres, contra todo aquello que ponga un mínimo de duda al ejercicio del poder autocrático —tan distinto de la autocrítica marxista—. Y aquí entramos las mujeres migrantes, con nuestras mochilas pero también con nuestro instinto de supervivencia y nuestro sentido del humor. Para recordarles a esos señoros y a sus secuaces que la diferencia suma, que esta tierra es la que nos acoge y que nuestros derechos no hay odio que nos los arrebate.

El artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos. Dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.” En carne propia podemos contaros que el trato fraternal no es común para todos y que libres e iguales queremos ser, pero se nos quiere esclavos y esclavas. Por ser pobres, por ser diferentes, por el color de la piel, por ser mujeres… Posiblemente porque la razón y la conciencia van quedando fuera del tablero de juego de las instituciones y los partidos políticos.

¿Cómo si no se entendería que un partido político que lucha por los derechos de su pueblo, como es Junts per Catalunya, proponga que hagan falta 10 años de empadronamiento para acceder a una vivienda de protección oficial? La gran crisis actual de la vivienda se debe a una subida de precios inasumible, a la especulación, pero buscan culpar a quienes están más abajo y seguir beneficiando a los poderosos. Se acercan, por un puñado de votos, a las tesis del Carioco o de la Novia cadáver. Buscan culpar a los pobres, a los migrantes, a los diferentes, porque es más fácil apelar a lo irracional que construir argumentos sólidos que construyan una sociedad más justa.

La ya muy añorada Assata Shakur escribía en uno de sus poemas —Affirmation:

Me encarcelaron los sin ley.
Me esposaron los que odian.
Me amordazaron los codiciosos.
Y, si hay algo que sé,
es que un muro no es más que un muro
y nada más que eso.
Puede derribarse.

Y eso haremos: derribar muros que nos dividen y nos catalogan para crear desconfianza y odio.

PD. Viva Palestina Libre

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Matriarca del Caos

Soy catalana de adopción y por voluntad, de origen maya. Feminista y de izquierdas desde que nací porque soy mujer, mestiza, de clase obrera y mis dos naciones están oprimidas. Tengo un carácter fuerte y a la vez, dicen, un gran corazón, soy lanzada y me gusta cantar, sobre todo las cuarenta.

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