Durante décadas, las lesbianas estuvieron presentes, pero fueron invisibles. Pese a la represión legal y social, impulsaron grupos, revistas, espacios culturales y redes de apoyo que convirtieron el deseo entre mujeres en una reivindicación política y una práctica de libertad. En el cincuenta aniversario de las Primeras Jornadas Catalanas de la Mujer, recuperar esta genealogía es también una forma de recordar que los derechos conquistados nunca son definitivos.

Hace cincuenta años, el paraninfo de la Universidad de Barcelona acogía las Primeras Jornadas Catalanas de la Mujer. Las mujeres hablaban de sexualidad, descubrían sus cuerpos y reivindicaban su deseo. Por los pasillos —explican algunas— se reconocían las mujeres lesbianas, aunque todavía no se hablaba abiertamente de ellas. Cuarenta años de dictadura pesaban mucho, y las leyes que penalizaban la homosexualidad aún tardarían un tiempo en ser derogadas. Las lesbianas estaban presentes, pero muy pocas se visibilizaban públicamente.

Es necesario hacer genealogía y reconocer lo que sucedió y lo que después se ha ido desarrollando. Hay que recuperar nombres que han sido invisibilizados. Hay que explicar estos cincuenta años desde la perspectiva lesbofeminista para comprender la importancia tanto de las reivindicaciones como de los espacios lúdicos.

El primer grupo claramente lésbico fue el Grupo de Lucha por la Liberación de la Lesbiana (GLAL), fundado en 1979. Previamente, algunas mujeres se habían agrupado bajo el paraguas del Frente de Liberación Gay de Cataluña (FAGC) y se desvincularon para fundar el GLAL, junto con mujeres de la Coordinadora Feminista y del entorno del Instituto Lambda. Empar Pineda y Mercè Fornells son algunas de las activistas que impulsaron aquella propuesta, que se convirtió en el primer grupo de lesbianas no vinculado directamente al movimiento gay.

Como figura de referencia es necesario reivindicar a Gretel Ammann, feminista y lesbiana separatista. En 1980 participó en la apertura de la primera Casa de la Mujer, en la calle Cardenal Casanyes, y un año más tarde fundó la revista Amazonas, realizada solo por y para lesbianas. Alrededor de esta publicación surgió un grupo que en 1984 creó el Centro de Estudios de la Mujer «El Centro». El centro abrió sus puertas en la casa donde vivía con su pareja, y también activista, Dolors Majoral. En 1985 este colectivo impulsó la Red de Amazonas, con contactos en todo el mundo, y al año siguiente creó la asociación cultural de mujeres La Nostra Illa, en un local del barrio de Gràcia.

La asociación, que este año ha celebrado su cuadragésimo aniversario, nació con la voluntad de ser un espacio de referencia lúdico, cultural y creativo exclusivamente para mujeres. Y así continúa siendo hoy.

En febrero de 1987 se celebró la I Semana de Lesbianas de Barcelona y se presentó públicamente el Grupo de Lesbianas Feministas de Barcelona (GLFB). Participaron desde sus inicios Núria Casals, la propia Gretel Ammann —que posteriormente abandonó el grupo—, Marga Sánchez, Nati Murgialday, Txiki Berraondo, Maite Urrutikoetxea y muchas otras mujeres que aspiraban a hacer visibles a las lesbianas y sus reivindicaciones. Lo hacían desde el feminismo y desde el movimiento LGTBI+, pero también con una clara voluntad de proyección pública para combatir la invisibilización.

Otros colectivos, en principio no específicamente lésbicos, como el grupo de mujeres jóvenes LEix Violeta, compartían un marcado acento lesbofeminista en sus reivindicaciones y acciones. En torno al GLFB, LEix Violeta y Ca la Dona nacieron iniciativas culturales y lúdicas como las Xoxo Sisters —un grupo pionero en los espectáculos de playback—, el Grupo Excursionista de Lesbianas (GEL) y Bollofilms, el colectivo de creación audiovisual lesbofeminista formado por Dolo Pulido y yo misma.

Actualmente, el grupo Bollos en Teoría, liderado por la activista y teórica Bárbara Ramajo, sigue reivindicando un espacio político propio para el feminismo lesbiano.

Este es solo un breve recorrido, con algunas de las protagonistas que es necesario reconocer. El lesbianismo en Cataluña no se ha entendido únicamente como una orientación del deseo entre mujeres, sino como una postura política que cuestiona la heteronormatividad como pilar del patriarcado. Es y ha sido un movimiento radical, reivindicativo, creativo y lúdico. Un espacio de libertad imprescindible para muchas mujeres. Lesbiana, una palabra que empieza con L.

Cuando conmemoramos el 28 de junio, Día de la Liberación LGTBI+, también conviene tener presente todo lo que ha cambiado durante estos cincuenta años. Saber de dónde venimos es indispensable para entender qué hacemos y hacia dónde queremos ir, porque los derechos nunca son irreversibles y vivimos, de nuevo, tiempos convulsos y de reacción.

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