Las encuestas indicaban que el partido Republicano lograría el 8 de noviembre una amplia mayoría en la Cámara de Representantes e incluso podía hacerse con el control del Senado. Los Demócratas mantendrán la mayoría en el Senado y probablemente podrán ampliarla en un escaño porque el actual senador Demócrata Raphael Warnock es el favorito para revalidar su mandato en la segunda vuelta el seis de diciembre. Los Republicanos gozarán de una mayoría muy exigua de seis escaños (218 a 212) en la Cámara de Representantes.
La inflación, pese a haberse moderado al 7,7% en octubre en tasa interanual, se mantiene en los niveles más altos en cuarenta años. La criminalidad, especialmente los tiroteos, secuestramientos de conductores y robos, han aumentado mucho en bastantes grandes ciudades con alcaldes Demócratas. La propia administración Biden reconoce que no gestiona suficientemente bien la entrada desde México de inmigrantes ilegales. Históricamente, cuando el partido Demócrata controla la Casa Blanca y ambas cámaras del Congreso, siempre pierde muchos escaños en las legislativas de medio mandato. En 1994, Bill Clinton perdió 8 senadores y 54 diputados en la Cámara de Representantes. Los Republicanos arrebataron a Barack Obama en el 2010 seis senadores y 63 escaños en la cámara baja. Los Demócratas además han ganado carreras competitivas para gobernador en Arizona y Pennsylvania. Desde 1934, durante el primer mandato de Franklin Roosevelt, los Demócratas no habían logrado urnos resultados en conjunto tan buenos en unas elecciones de medio mandato.
Una de las claves de este éxito radica en que los Demócratas han impedido que se convirtieran en un referéndum sobre los primeros dos años de Joe Biden. Han repetido una y otra vez que los votantes debían elegir entre dos alternativas muy distintas para el país. La sentencia en junio del Tribunal Supremo eliminando el derecho a abortar a nivel federal ha movilizado a las mujeres a votar por los Demócratas. Los jóvenes y otros grupos también han registrado altas participaciones, en parte motivados por la amenaza del cambio climático. Los votantes independientes han optado por los Demócratas ante la radicalización de los candidatos Republicanos apadrinados por Donald Trump. Los Republicanos no han ofrecido soluciones concretas a los problemas del país. Sus líderes han reconocido que ha sido insuficiente atacar a la gestión de Biden. Además, el concurso de muchos candidatos a congresistas, senadores y gobernadores escogidos y que contaban con el apoyo de Trump ha perjudicado a los Republicanos. Son personajes que en la mayoría de los casos no aceptan que Biden ganara las elecciones en 2020. Eran partidarios de una prohibición federal del aborto y minimizaban la gravedad del asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021. A muchos votantes les ha convencido el mensaje de Joe Biden (y en los últimos días de campaña de Obama y Bill Clinton) y de los Demócratas que los Republicanos en estas elecciones presentaban a muchos candidatos que podían poner en peligro la democracia.
Así pues, los Demócratas han podido mantener y movilizar a la coalición que llevó a Joe Biden a la presidencia en 2020: afroamericanos, estadounidenses de origen asiático, mujeres de clase media de los suburbios, jóvenes, afiliados a sindicatos y parte del voto hispano. También se han beneficiado de un paro de sólo 3,5% y haber aprobado paquetes legislativos con inversiones históricas en energías renovables, tecnologías verdes, aplicando un impuesto mínimo de sociedades del 15% a las multinacionales de EEUU y reduciendo los precios de los medicamentos.
De las treinta y seis carreras a gobernador, los Republicanos y los Demócratas han empatado con 18 victorias cada uno. Pero los Republicanos han perdido en estados (Nueva York, Pennsylvania, Wisconsin, Michigan) donde el gobernador Demócrata en ejercicio no gozaba de un alto índice de popularidad, o donde el gobernador Republicano no podía presentarse a la reelección por la limitación de mandatos (Arizona, Maryland, Massachusetts).
Sin embargo, los Republicanos tienen motivos para la esperanza de cara a las presidenciales y legislativas de 2024. Varios gobernadores que han demostrado ser buenos gestores y que han rechazado la presencia de Trump en sus campañas han logrado un nuevo mandato. Ron DeSantis en Florida se impuso por diecinueve puntos a su contrincante Demócrata Charlie Cristo. Brian Kemp en Georgia venció por ocho puntos a Stacey Abrams. Los gobernadores Republicanos de Texas, Ohio, Oklahoma, Tennessee, Alabama, Carolina de Sur, Iowa, Dakota del Sur, Wyoming, Idaho y Alaska también han logrado la reelección. Los diarios, analistas y políticos Republicanos culpan a Trump de los malos resultados y le reprochan que con su mensaje incendiario y divisivo haya perdido tres elecciones consecutivas: las de medio mandato en el 2018, las presidenciales de 2020 y las legislativas de 2022. El magnate neoyorquino ha anunciado un tercer intento de convertirse en presidente. Pero esta vez comprará con rivales populares en el partido Republicano y tendrá mucho más difícil lograr la nominación de su partido. De Santis, el ex vicepresidente Mike Pence, el ex ministro de Exteriores Mike Pompeo y la ex gobernadora Nikki Haley probablemente aspirarán a la nominación Republicana. Han perdido ya definitivamente el miedo a criticar a Trump, pese a que el ex presidente aún cuenta con el apoyo de un 35-40% de los votantes Republicanos. el ex ministro de Exteriores Mike Pompeo y la ex gobernadora Nikki Haley probablemente aspirarán a la nominación Republicana. Han perdido ya definitivamente el miedo a criticar a Trump, pese a que el ex presidente aún cuenta con el apoyo de un 35-40% de los votantes Republicanos. el ex ministro de Exteriores Mike Pompeo y la ex gobernadora Nikki Haley probablemente aspirarán a la nominación Republicana. Han perdido ya definitivamente el miedo a criticar a Trump, pese a que el ex presidente aún cuenta con el apoyo de un 35-40% de los votantes Republicanos.
Posibilidades y limitaciones para Republicanos y Demócratas con el nuevo equilibrio de poder
Estos resultados significan que los Republicanos no podrán elaborar presupuestos o paquetes legislativos porque no cuentan con una mayoría en el Senado. Es necesaria una mayoría en ambas cámaras para aprobar los presupuestos y legislación. Pero los Demócratas se encuentran en la misma situación al haber perdido su mayoría en la Cámara Baja. Si los Demócratas obtienen el escaño número 51 del Senado en Georgia, no necesitarán como ha sucedido en los últimos dos años la presencia de la vicepresidenta Kamala Harris para deshacer el empate a 50. Además, con 51 escaños en el Senado el partido de Joe Biden puede decidir sin necesidad de pactar con los Republicanos las presidencias de los distintos comités de la Cámara alta. Los candidatos a jueces federales y ministros o altos cargos de la rama ejecutiva escogidos por Biden serán ratificados por el Senado. De alcanzar 51 escaños, disminuirá el poder de senadores Demócratas conservadores como Joe Manchin. Desde 2021, tanto Manchin como la senadora Kirsten Synema de Arizona han bloqueado, recortado o retrasado legislación impulsada por el gobierno de Biden que contaba con el apoyo del resto de la fracción parlamentaria Demócrata.
Al haber ganado una mayoría en la Cámara de Representantes, los Republicanos organizarán a partir de enero investigaciones en varios comités. Quieren causar problemas en Biden y los Demócratas con comparecencias de altos cargos y testigos para esclarecer los orígenes de Covid-19, las actividades empresariales de Hunter Biden en China y el papel jugado por el FBI y el ministerio de Justicia en la búsqueda de datos para ambos procedimientos parlamentarios de intento de destitución de Trump (impeachment). Pero serán actuaciones simbólicas emitidas por televisión para satisfacer a parte de los votantes Republicanos. Al no poder llevarlas a cabo en el Senado, las pesquisas de los Republicanos no pueden convertirse en medidas o leyes. El líder de los Republicanos en la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy, ya sufre la oposición de docenas de congresistas de extrema derecha leales a Trump que quieren poder sustituirle en cualquier momento. El ala más moderada del partido se opondrá a la teatralidad política de investigaciones bastante irrelevantes. McCarthy tendrá pues difícil mantener la cohesión del grupo parlamentario, especialmente con una mayoría tan reducida. Respecto a los grandes temas de política y seguridad internacional, los Republicanos escogerán para presidir a los comités a internacionalistas que en líneas generales colaborarán con la Casa Blanca y los Demócratas. El compromiso con los aliados de EEUU, con las organizaciones internacionales, la línea dura con respecto a China, la financiación para las fuerzas armadas ucranianas y la investigación tecnológica no cambiará. Joe Biden, ante la evidencia de haber perdido el control de la Cámara de Representantes, se ha mostrado dispuesto a pactar con los Republicanos, destacando temas innegociables como el aborto o los paquetes de financiación ya aprobados por el Congreso. Con un país muy dividido ya tan sólo dos años de las presidenciales, la Casa Blanca lo tendrá difícil pero no imposible llegar a acuerdos con los Republicanos más moderados.

