Leemos para informarnos, para comunicarnos, por trabajo o por placer. En todos los casos estamos realizando un ejercicio mental en el que el cerebro participa de forma activa, relacionando conceptos, imaginando, interpretando y provocando reacciones. Y parece que este hábito, cada día menos frecuente en este mundo tan tecnológico y repleto de incontables fuentes de ocio –como pueden ser las series, las tabletas, los videojuegos o el cine– puede convertirse en una herramienta imprescindible en la prevención y en la ralentización de los efectos de la enfermedad del Alzheimer.
Según las previsiones de Alzheimer Europe, en el 2050, más de un millón y medio de personas padecerá algún tipo de demencia en España; esta cifra representa casi el 4% de la población, más del doble que la registrada en el año 2018 (1,83%). Ante esta perspectiva, el Alzheimer, la forma más común de demencia –según datos de la OMS puede representar entre un 60 y un 70% de los casos– se convierte en uno de los mayores retos de salud en los próximos años. En este contexto, la Fundación Ace Alzheimer Center Barcelona destaca la importancia del hábito lector para estimular y preservar la función cognitiva, ayudando así a poner freno al Alzheimer y a otros tipos de demencia. La pedagoga y terapeuta de la entidad Amèrica Morera apunta que “la lectura es un hábito muy completo, que hace trabajar muchas áreas del cerebro: la parte de la atención y la memoria, porque debes recordar dónde te has quedado, como iba la historia, los personajes…, pero también activa la imaginación, ayuda a ejercitar la concentración y la capacidad de visualización”, y añade que cuando se diagnostica un deterioro cognitivo o una demencia a una persona “nosotros somos partidarios de que se trabaje y se practique –incluso un poco más– el hábito de la lectura. ¿Por qué? Porque la mecánica de la lectura se pierde cuando la enfermedad está ya muy avanzada; lo que se pierde antes es la comprensión de la lectura, pero la mecánica suele mantenerse; y lo que hacemos en el centro es adaptar las lecturas y el hábito a las necesidades y a las capacidades de cada usuario en cada momento”. En estos casos lo que menos importa es lo que se lee y cómo se lee; da igual si se leen noticias deportivas o cuentos o novelas… y tampoco es relevante si la lectura se realiza con la tableta, el ebook o si se prefiere leer de manera tradicional, disfrutando del tacto y del olor del papel. Según Morera, «lo más importante es ralentizar el proceso de pérdida con todos los mecanismos que tenemos, y la estimulación es una herramienta muy válida».
El cerebro necesita que lo mantengamos activo y que lo ejercitemos. En este sentido, una de las principales aportaciones de la lectura es que ayuda a incrementar su reserva cognitiva. Amèrica Morera define la reserva cognitiva del cerebro como una mochila. «Observamos que las personas que eran más capaces mentalmente y que tienen más nivel socioeducativo, porque han tenido la posibilidad de estudiar durante más tiempo, tienen esa mochila más llena, y para que esa mochila quede vacía el camino será más largo”. Sin embargo, resalta que “nunca es tarde para llenar esta mochila. Al cerebro debemos hacerlo trabajar, sobre todo en etapas iniciales de la enfermedad, y sirve cualquier actividad que nos haga aprender cosas nuevas”.
Por otra parte, la lectura es también un hábito esencial para tratar y mejorar la calidad de vida de las personas que ya padecen Alzheimer. En estos casos, la terapeuta y pedagoga aconseja concretamente leer en voz alta, “porque es cuando ralentizamos el ritmo de la lectura y, el hecho de oírnos y que el mensaje entre por otro registro, amplía las posibilidades de que esto se grabe o se recuerde más. A medida que progresa la enfermedad, el lenguaje puede perderse de expresión o comprensión. En ocasiones se puede mantener la mecánica de la lectura, pero no entender lo que se está leyendo; por eso, en fases avanzadas de la enfermedad también recomendamos la lectura significativa: frases cortas y significativas o de interés para la persona que, cuando las lee en voz alta, vemos si la persona ha comprendido lo que ha dicho”.
En definitiva, la lectura es una buena herramienta que tenemos al alcance en nuestro día a día para poder cuidar nuestra memoria, fortalecerla y protegerla en el caso de tener que afrontar un proceso de pérdida o de deterioro cognitivo.


1 comentario
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