Los casos de sarampión notificados en todo el mundo aumentaron un 79% en los dos primeros meses de 2022, en comparación con el mismo período de año anterior. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) lo atribuyen, sobre todo, a la disrupción de las campañas de vacunación infantil por la pandemia de Covid-19. Así pues, las organizaciones advierten que los confinamientos y restricciones por la pandemia y la derivación de recursos y personal para hacer frente a ellos perturban la inmunización frente a otras enfermedades.
Los dos primeros meses de este año se notificaron casi 17.338 casos de sarampión en todo el mundo, frente a los 9.665 de los dos primeros meses de 2021. Dado que esta enfermedad es muy contagiosa, los casos tienden a aparecer rápidamente cuando los niveles de vacunación disminuyen. Según la OMS y UNICEF, el aumento de los casos de sarampión revela que existe un mayor riesgo de que aumente la propagación de enfermedades que se pueden evitar mediante la vacunación y se podría desencadenar un incremento de los brotes epidémicos.
En abril de 2022, los organismos informaron de que se habían producido 21 brotes de sarampión de gran magnitud y gravedad en todo el mundo durante los últimos 12 meses. La mayoría de los casos de sarampión se registraron en África y en la región del Mediterráneo oriental. En el último año, donde ha habido más casos ha sido en Nigeria (12.341), Somalia (9.068), Yemen (3.629), Afganistán (3.628) y Etiopía (3.039). Sin embargo, alertan las organizaciones, es probable que las cifras sean más elevadas, ya que la pandemia ha perturbado los sistemas de vigilancia en todo el mundo, y es posible que no se notifiquen todos los casos.
Algunos datos sobre el sarampión
El sarampión es una enfermedad muy contagiosa y grave causada por un virus de la familia de los paramixovirus y normalmente suele transmitirse a través del contacto directo y del aire. Aunque existe una vacuna segura y económica para combatirlo, introducida en 1963, la enfermedad causó en 2019 unos 207.500 fallecidos, la mayoría entre niños menores de cinco años.
El virus infecta el tracto respiratorio y se extiende al resto del organismo. Aparte de su efecto directo en el organismo, que puede ser letal, el virus del sarampión también debilita el sistema inmunitario y aumenta la vulnerabilidad de los niños a otras enfermedades infecciosas como la neumonía y la diarrea, incluso varios meses después de que se produzca la infección por sarampión. La mayoría de los casos ocurren en entornos que sufren dificultades sociales y económicas a causa de la Covid-19, los conflictos u otras crisis, y que tienen una infraestructura sanitaria deficiente e insegura.
La mayoría de las muertes se deben a complicaciones de la enfermedad, que son más frecuentes en menores de cinco años y en adultos mayores de 30 años. Las más graves son la ceguera, la encefalitis, la diarrea grave (que puede provocar deshidratación), las infecciones de la oreja y las infecciones respiratorias graves, como la neumonía. Los casos graves son especialmente frecuentes en niños pequeños malnutridos y, sobre todo, en los que no reciben aportaciones suficientes de vitamina A o cuyo sistema inmunitario se encuentra debilitado por el VIH/SIDA u otras enfermedades.
«El sarampión es algo más que una enfermedad peligrosa y potencialmente mortal. También es un primer indicio de que hay lagunas en nuestra cobertura mundial de la inmunización, lagunas que ponen en grave peligro a los niños vulnerables», dijo Catherine Russell, directora ejecutiva de UNICEF. «Es alentador que en muchas comunidades la gente empiece a sentirse suficientemente protegida de la Covid-19 para volver a realizar más actividades sociales, pero hacerlo en lugares donde los niños no están recibiendo la vacunación sistemática genera las condiciones más propicias para a la propagación de una enfermedad como el sarampión», añadió.
Campañas de vacunación interrumpidas por la Covid
En 2020, 23 millones de niños no recibieron las vacunas infantiles básicas a través de los servicios sanitarios sistemáticos, la cifra más elevada desde 2009, y 3,7 millones más que en 2019. Hasta el 1 de abril de 2022 seguían aplazadas 57 campañas contra enfermedades que pueden evitarse con vacunas en 43 países. De estas, 19 son campañas contra el sarampión, lo que hace que 73 millones de niños corran el riesgo de contraerlo por no haber sido vacunados.
La cobertura igual o superior al 95% con dos dosis de la vacuna contra el sarampión puede proteger a los niños contra la enfermedad, pero las interrupciones relacionadas con la pandemia de Covid-19 han retrasado en muchos países la introducción de la segunda dosis. Por eso, la OMS y UNICEF piden que se recuperen rápidamente las campañas de vacunación infantil. «Ahora es el momento de volver a poner en marcha la inmunización esencial y lanzar campañas de recuperación para que todo el mundo pueda tener acceso a estas vacunas que salvan vidas», señaló Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS.
Las vacunaciones contra el tifus y la polio también se han visto alteradas en estos últimos dos años, por lo que las dos agencias de la ONU temen que después de la Covid pueda haber epidemias importantes de estas otras infecciones, prevenibles con la vacuna. «La pandemia de Covid-19 ha interrumpido los servicios de inmunización, los sistemas de salud están desbordados y ahora estamos asistiendo a un resurgimiento de enfermedades mortales como el sarampión. En el caso de otras muchas enfermedades, las repercusiones de estas interrupciones de los servicios de inmunización se dejarán sentir durante décadas», afirmó el director general de la OMS.
El riesgo de que se produzcan grandes brotes ha aumentado debido a que las comunidades han flexibilizado las prácticas de distanciamiento físico y otras medidas preventivas contra la Covid-19 que se habían instaurado durante el punto álgido de la pandemia. Además, con el desplazamiento de millones de personas a causa de los conflictos y las crisis, como en Ucrania, Etiopía, Somalia y Afganistán, las interrupciones en los servicios de inmunización sistemática y de vacunación contra la Covid, la carencia de agua potable y saneamiento y el hacinamiento aumentan el riesgo de que se produzcan brotes de enfermedades.

