Empieza el desmantelamiento de Vila Veïna a manos del PSC. Empiezan los recortes en políticas sociales en Barcelona después de 8 años de presupuestos expansivos y políticas innovadoras. Vila Veïna ha sido un proyecto del mandato previo pionero en el reconocimiento de los cuidados en la ciudad y en el apoyo a las personas cuidadoras en el que, en sólo 8 meses, se han beneficiado más de 15.000 barcelonesas. Un espacio presente en 16 barrios de todos los distritos donde las usuarias, en su mayoría mujeres en situación de precariedad, cuidadoras de familiares o trabajadoras del hogar y cuidados, han podido disfrutar de fisioterapia gratuita, de acompañamiento a la hora de conocer y reclamar sus derechos laborales, de acompañamiento psicológico y emocional, de Grupos de Crianza para hacerse cargo de sus niños y también era el centro donde podían obtener la tarjeta Barcelona Cuida, con descuentos y servicios esenciales para las personas cuidadoras. Un espacio que, al desaparecer, deja una pregunta por responder: ¿quién cuidará ahora de las cuidadoras?

El gobierno municipal del PSC no sólo tendrá que responder a esta pregunta, sino que también tendrá que dar explicaciones a la ciudadanía por los continuos recortes a causa de la prórroga en los presupuestos. Fruto de la incapacidad de dialogar con la oposición, de construir mayorías progresistas y de llevar la iniciativa hacia un gobierno estable que vele por los derechos de los ciudadanos. Vila Veïna es sólo el primer paso, uno muy simbólico, porque deja de lado a población muy precaria y dependiente. Uno paso muy importante, porque ha sido valorado muy positivamente por los propios servicios sociales, que veían una adhesión al servicio que otros espacios más burocratizados no conseguían. Un servicio que se ha dirigido a personas que hasta ahora eran invisibles por el Ayuntamiento, que han ayudado a tomar conciencia del importante papel que tienen como cuidadoras, y que parece que ahora volverán a desaparecer.

El mundo en el que vivimos hoy en día se sustenta sobre los hombros de las personas cuidadoras. Situarlas en el centro de las políticas sociales, darles un espacio de atención específico y libre de burocracia, velar por sus derechos laborales y salud física y mental no era ningún capricho. Una ciudad que cuida a sus cuidadoras es una ciudad mejor: más sana, más justa y más feliz. Una ciudad que da la espalda a sus cuidadoras, por el contrario, es una ciudad que camina hacia dejar de cuidar de sí misma. Y, ante esta necesidad, ante esta urgencia, vemos a un gobierno que no ha sido capaz de mantener vivo un servicio esencial. Un gobierno débil, sin presupuestos ni acuerdo de gobierno, que ha decidido que las personas cuidadoras son prescindibles. Pero los vecinos y vecinas tienen una pregunta para el señor Collboni: si nadie cuida de las cuidadoras, ¿quién cuidará de Barcelona?

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Gemma Tarafa

Doctora en Biologia Molecular. Ha treballat com a professora universitària, investigadora i també s’ha dedicat a l’activisme pel dret a la salut. Des de 2019 és regidora de Barcelona en Comú a l’Ajuntament de Barcelona.

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