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Opiniones

¿Quién puede vacar en vacaciones?
Vacaciones viene de vacare: estar vacío, estar libre, no servir para nada. Un lugar vacante es un lugar que nadie ocupa. Una vacante laboral es un agujero en la maquinaria.

Guillem Pujol17 de August de 2026 - 07:30
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Detalle del cuadro Dolce far niente de John William Waterhouse (Dominio público)

Durante siglos, hacer ese vacío fue un privilegio tan escandaloso que solo podían permitírselo quienes no trabajaban nunca, y para ellos aquello era la vida entera. Aristóteles lo convirtió en criterio político: ciudadano es el que tiene scholē, tiempo libre, y su negación es ascholia, estar ocupado —de esa palabra salió, siglos después, escuela—. ¿Quién no tenía tiempo libre? Los esclavos. Los romanos, por su parte, empleaban otium para definir el estado normal del hombre libre y negotium su negación.

Nosotros hemos invertido la frase con tanta naturalidad que ya no la oímos. Trabajamos todo el año para pagarnos unos días de no servir para nada, y cuando no podemos pagárnoslos decimos que no hemos podido hacer vacaciones, como quien dice que no ha podido comprarse un coche. El vacío se ha convertido en algo que se compra, y como todas las cosas que se compran, hay quien no puede comprarla.

Idescat contó 20,1 millones de turistas extranjeros en Cataluña en 2025, récord absoluto. La misma institución había contado el año anterior, en la Encuesta de condiciones de vida, que el 30,4% de la población catalana no podía permitirse una semana de vacaciones fuera de casa, más que el 29,8% de 2023. Tres de cada diez. Vendemos vacío a medio mundo y un tercio de nuestros vecinos no lo tiene para ellos. Este es el modelo. A la vez, esa nueva brecha que se agranda entre los que pueden viajar y los que no alimenta ese sentimiento tan nuestro, singular y universal, de la envidia: «Vosotros todavía, que podéis iros de vacaciones…».

Vendemos vacío a medio mundo y un tercio de nuestros vecinos no lo tiene para ellos. Este es el modelo

En 2025 los residentes en España hicieron 175,7 millones de viajes, un 4,7% menos que el año anterior, con los viajes internos cayendo un 6,1%, y el gasto total subió un 2,6% hasta los 63.853 millones. Menos viajes y más dinero. En el cuarto trimestre, los viajes en los que la gente se alojaba en casa de un familiar o de un amigo cayeron un 9,3%: el sofá de un primo, último reducto no mercantil de las vacaciones populares, ha empezado a desaparecer de las estadísticas. Se cobra hasta la hospitalidad.

Las vacaciones pagadas son una conquista del siglo XX, arrancada en convenios y escrita en la ley, y el país se las inventó dos veces a la vez: el mismo litoral se construyó para el que venía de fuera en agosto y para la familia que llegaba en julio con el coche cargado hasta arriba. El camping, el apartamento compartido, los quince días seguidos. Fue quizá el único momento de nuestra historia en que la clase trabajadora tuvo derecho a no servir para nada durante un tiempo determinado, y lo más llamativo es que entonces aquello no parecía una utopía sino algo normal. Las utopías se reconocen así: retrospectivamente. La memoria de esa conquista de la clase media, que diría el filósofo Antonio Gómez, quedó inmortalizada en las pantallas de televisión por un anuncio de Alcón Viajes de 1997 en el que Curro se iba de vacaciones al Caribe. El sueño de una vida —incluso— de una clase social, al servicio del pueblo. Esto, claro, ya no es así.

Ahora el Govern celebra haber logrado «el reto de pasar del volumen al valor», y se refiere a los 24.826 millones de euros que gastaron los turistas internacionales, en un sector que según sus propias cifras ocupa a unas 536.000 personas, el 14% de la población ocupada. Valor, aquí, quiere decir precio. En cuarenta años el valor se ha convertido en precio y ya no tenemos lengua para decir que unas vacaciones valen algo que no se cobra. Llevamos décadas oyendo la frase, con el vocabulario de cada temporada. La curva de visitantes solo ha hecho una cosa, y no es bajar.

¿Quién recoge ese valor? ¿A qué nómina llega? ¿Quién puede vacar, en un país que ha hecho del vacío de los demás su principal industria?

Sabemos exactamente cuánto dinero se gasta cada visitante, cuántos días se queda, de qué país viene y dónde duerme. De los que no van a ninguna parte no sabemos casi nada. El que se queda en casa es una nota a pie de página. Y con los veranos que tenemos ahora, quedarse significa el agosto entero con las persianas bajadas y el ventilador a la espalda, esperando que oscurezca. De hecho, muchos de los servicios sociales de los pueblos que viven de la temporada cerrarán por vacaciones. Los bares, no. Y habrá mucha gente sentada en el balcón a las nueve de la noche, sin ir a ninguna parte, haciendo exactamente aquello que la palabra describe y que ya no nos atrevemos a llamar descanso.

Derechos laborales vacaciones
Guillem Pujol
Guillem Pujol

Llicenciat en Ciències Polítiques (UPF), MSc en European Politics and Policies a la University of London, Birkbeck College i Doctor en Filosofia amb menció Cum Laude (UAB). Co-autor del llibre "Cartha on Making Heimat" (Ed. Park Books).

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