En una Jornada organizada por Metges de Catalunya, la consellera Alba Vergés apoyaba la propuesta de implantación de horarios laborales más racionales y saludables en el ámbito sanitario. Vergés anunció que la conselleria hará un estudio de los horarios de los profesionales de la salud e iniciará una prueba piloto para aplicar medidas de reforma horaria en los centros sanitarios. El objetivo de la propuesta es que los trabajadores del sector puedan conciliar, sin que esto comporte una reducción de servicios o añadir dificultades de acceso al sistema.

Cómo? A pesar de que todavía está en estudio, la prueba piloto podría consistir en cerrar la atención primaria a las 17 horas y dejar abierto hasta las 20 h sólo para urgencias. La Marea Blanca de Catalunya se ha manifestado preocupada por esta medida. Entiende que “en un momento que la Atención Primaria está totalmente precarizada y con síntomas evidentes de colapso sería el golpe definitivo para una reducción encubierta de personal y una reducción del tiempo de consulta directa a las personas”. A esto, además, añaden que como uno de los argumentos para desarrollar la medida es que no se encuentran médicos ni pediatras para sustituir las ausencias por vacaciones, formación de los profesionales o enfermedades, consecuentemente se vivirá un aumento de las listas de espera “que ya actualmente son intolerables”.

El crecimiento de las listas de espera es una de las consecuencias que la Marea Blanca prevé mientras que otra sería un incremento automático del volumen de asistencia a los servicios de urgencia, tanto de los CUAP cómo de los centros hospitalarios, que “añadiría sobrecarga a unos servicios ya colapsados y a unos profesionales al límite”.

“La reducción horaria es un recorte más en el sistema sanitario”

La Marea Blanca defiende que hay que trabajar por la conciliación familiar de los trabajadores sanitarios pero apunta que este paso no se puede hacer unilateralmente, sin que haya un cambio global de horarios en toda la sociedad y sin adecuar las infraestructuras y otras medidas políticas y de género.

Sin este cambio global, a nivel de paciente, creen que reducir a este horario las visitas de atención continuada perjudicará a la población en el sentido que hay gente que ya trabaja en este horario y tienen problemas para ir al CAP cuando lo necesitan. Además, también apuntan que los niños y jóvenes escolarizados serían los más afectados por la reducción horaria aparte de que los pacientes perderían su médico de referencia dado que en los centros no hay espacio suficiente para que cada profesional tenga una consulta en horario de 9 a 17 horas.

“Ante la carencia de profesionales no se tienen que cerrar servicios sino poner en marcha políticas activas de contratación, de dignificación de las condiciones de trabajo y de incentivación económica que hagan atractivo el trabajo en la Atención Primaria, porque tenemos bastante profesionales formados en nuestras universidades para cubrir las plazas vacantes”, defienden desde la Marea Blanca. Si no se avanza hacia este camino y en caso de llevarse a cabo la reducción horaria anunciada, que aseguran que “ya se está haciendo de manera silenciada y silenciosa”, la Marea asegura que viviríamos “un nuevo recorte más en nuestro Sistema Sanitario Público y específicamente a la Atención Primaria que comportaría un paso más en su desmantelamiento”.

La revisión de los horarios y la reorganización del tiempo de trabajo es una prioridad para incrementar la calidad de vida

Durante la quinta edición de la Semana de los Horarios se celebró la jornada ‘Reforma horaria y salud’ donde todos los ponentes señalaron que la revisión de los horarios y la reorganización del tiempo de trabajo es una prioridad para incrementar la calidad de vida, tener mejor salud y ser profesionalmente más productivos.

Las conclusiones más remarcables fueron que la implantación de horarios saludables permite disfrutar de más tiempo para la vida personal y esto repercute en una mejora del estado físico y emocional de las personas o que los malos hábitos horarios son un problema de salud pública y suponen un aumento poblacional del riesgo a enfermar.

En cuanto a no dormir (casi un 30% de los catalanes reconoce dormir menos de ocho horas diarias) destacaron diferentes ideas: apuntaban que la falta de sueño crónico y las alteraciones de los ritmos circadiarios provocan estrés, alteraciones cognitivas, riesgo de obesidad, diabetes, patologías cardiovasculares y alteraciones del humor. Además, la privación crónica de sueño aumenta la fatiga en el trabajo, reduce la capacidad de aprendizaje y la productividad, y limita la creatividad, así como también frena la empatía e incrementa la posibilidad de sufrir accidentes laborales.

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