Es la hora de rendir cuentas, de ver qué dicen los estadounidenses sobre lo que ha significado la presidencia de Donald Trump hasta este momento, quien ha cambiado todos los parámetros de las relaciones internacionales y ha insultado a todo aquel que le llevaba la contraria, ya sean periodistas (a los que ha amenazado y ha intentado despedir) o miembros del Partido Demócrata que le pedían cuentas en un Congreso controlado hasta ahora por afines a la figura del líder del Partido Republicano. Un hombre que ha convertido la política en un escaparate deplorable y con un estilo que han copiado todos los que han recibido su apoyo, desde Abascal a Milei, pasando por Netanyahu.
Sin asistencia sanitaria
En la actualidad, más de 30 millones de estadounidenses no tienen seguro médico, 20 millones más han perdido la cobertura pública durante su presidencia y a partir del 1 de octubre de este mismo año los refugiados, solicitantes de asilo o inmigrantes sin tarjeta de residencia han quedado fuera del Medicaid (el servicio de salud pública). Al mismo tiempo, 100 millones más de estadounidenses arrastran deudas económicas por servicios médicos, y algunos han tenido que vender sus casas y propiedades para poder pagar sus tratamientos. Esto significa que casi la mitad de la población tiene graves problemas para acceder a la sanidad. Seguramente la cifra más elevada en la historia reciente de un país considerado el más poderoso del mundo y el más rico.
Por poner algunos ejemplos: una simple visita médica para tratar un resfriado en Nueva York puede costar 600 dólares. En la misma consulta, el médico que te atiende te pregunta si quieres hacerte un test de COVID, pero te avisa: subirá 100 dólares más la factura. Si la visita es más especializada y requiere utilizar máquinas, entonces el coste se eleva: un TAC con contraste cuesta 20.000 dólares.
A un amigo estadounidense que estuvo hospitalizado 3 días después de que le atropellara un coche cuando iba en bicicleta por California le llegó una factura de 150.000 dólares. Solo la ambulancia le costó 5.000 dólares por un trayecto de 5 minutos.
Influencia internacional
A pesar de todo, Trump ha conseguido ampliar su influencia internacional con países que pretenden copiar sus políticas. Ha impulsado un giro en casi toda América Latina, donde sus candidatos han ganado las elecciones en todas partes con la excepción de Brasil. No es de extrañar, pues, que el derrotado candidato a presidente Flavio Bolsonaro haya huido a los Estados Unidos, donde se ha proclamado líder del país, y, como es habitual, ha denunciado fraude electoral. Él —a diferencia de otros— sí ha recibido el visado para poder permanecer en la sede del imperio.
A pesar de todo, Trump ha conseguido ampliar su influencia internacional con países que pretenden copiar sus políticas
Esta es una táctica que se ha repetido reiteradamente cuando sus seguidores pierden unas elecciones. Él mismo alentó el asalto al Capitolio en 2021, al no reconocer la victoria de Joe Biden. El asalto provocó 4 muertos y 14 policías heridos. El primer día del nuevo mandato, el 21 de enero de 2025, firmó indultos y conmutaciones de penas para 1.600 personas procesadas por el asalto.
La fuerza del ICE
A algunos de los indultados por Trump les faltó tiempo para alistarse en la fuerza del ICE (la policía de inmigración de los Estados Unidos) que ha sido acusada por su brutalidad a la hora de perseguir inmigrantes. Niños y familias separadas en una lucha contra la inmigración que también ha provocado una fuerte polémica y ha originado miedo a salir a la calle y miles de detenciones y expulsiones sin respetar ningún derecho.
Yo mismo pude ver, en la lavandería del barrio de Brooklyn de Nueva York donde viví unas semanas, cómo un cartel anunciaba los derechos de los inmigrantes en caso de detención. Qué se debía hacer y qué no. El derecho a no contestar y permanecer en silencio, el derecho a no abrir las puertas de tu casa si no hay una orden de detención firmada por un juez y otras recomendaciones. Igualmente se podía percibir el miedo a las operaciones policiales en la estación de metro de Myrtle-Wyckoff con las prisas y carreras de las personas que estaban fuera haciendo venta ambulante cuando veían llegar a las fuerzas del ICE en busca de nuevas presas a las que detener y deportar, sin ni tan solo dar la posibilidad de avisar a nadie.
Una política que ha frenado la entrada de inmigrantes y que ha provocado que los demandantes de asilo hayan caído significativamente. Cientos de miles de personas protegidas contra la deportación perdieron esa seguridad cuando se eliminó el Estatus de Protección Temporal (TPS). Este programa daba posibilidades de quedarse en Estados Unidos si se consideraba que no era seguro para el solicitante regresar a su país de origen. Este derecho ha dejado de existir en la política trumpista.
Eso sí, hay excepciones para personas que él considera aptas para vivir en los Estados Unidos: básicamente personas con un alto nivel económico o también con la excepción hecha para los descendientes de los colonos blancos de Sudáfrica, para los cuales las puertas están abiertas al considerar que están siendo perseguidos. Un hecho que el gobierno de Pretoria niega y del cual no se ha presentado ninguna prueba.
Una de motosierra
La motosierra selectiva que ha aplicado Donald Trump ha acabado con los subsidios a los más necesitados y ha beneficiado a los más ricos del país con recortes de impuestos. El propio Elon Musk ha destinado la cifra más alta jamás dada a las candidaturas republicanas al Congreso o al Senado: 276 millones de dólares en apoyo a los candidatos que protejan sus intereses. Un Elon Musk que llevó la motosierra a la Administración norteamericana con cientos de miles de despidos hasta que chocaron por el presupuesto del 2025 y dimitió. El 1 de octubre volvió como asesor al antiguo Departamento de Defensa, ahora llamado Departamento de la Guerra, con la labor de perfilar cómo serán las guerras del futuro.
A pesar de los grandes recortes y de su política improvisada sobre los aranceles, que según Trump debían llenar los bolsillos de los estadounidenses, la realidad es que la deuda pública no ha parado de crecer, convirtiéndose en la administración que más la ha engordado con 40,17 billones de dólares, un 120 por ciento del Producto Interior Bruto. Nunca había estado tan alta, y la guerra de Irán la ha disparado como nunca. España está por debajo de los Estados Unidos, ya que la ha rebajado estos últimos años y ahora representa el 99,7 % del PIB, por debajo de la deuda de países como Italia, Francia o Bélgica. El bono estadounidense era, hasta ahora, el valor más seguro del mundo. Pero con el incremento de la deuda y la inflación, también se han incrementado los intereses para comprar bonos gubernamentales, hasta niveles que no se veían desde 2002.
Hacia el aislamiento
La motosierra también ha sido aplicada a las ayudas exteriores a los países más necesitados, causando una crisis sanitaria y el repunte de enfermedades como el cólera o el sarampión en países como Guatemala, Haití o Sudáfrica. Eso sí, hizo una excepción considerable con los gobiernos afines, como ocurrió con Argentina, donde hizo un rescate histórico para sostener la economía del presidente Javier Milei que se estaba hundiendo, con unos 900 millones de dólares transferidos a las reservas del Banco Central del país latinoamericano en la segunda mitad del 2025. La condición era que Milei continuara en la presidencia del país.
Tras su operación de captura de Maduro, los Estados Unidos se han apropiado de las reservas de petróleo de Venezuela, desobedeciendo cualquier ley del derecho internacional igual que ha hecho con la demanda de Groenlandia, donde presionó hasta obtener un acuerdo con el gobierno de Dinamarca. Una obsesión por conquistar las zonas de influencia y por hacerse con los recursos naturales por las buenas o por las malas.
Ningún respeto a los derechos humanos
Es este comportamiento de ningún respeto hacia nadie si no es a su propia pandilla. Hace pocos días decía que «Noruega es un país de mierda» al ver que el premio Nobel de este año era otorgado a la abogada y jurista sudafricana Navanethem Pillay, magistrada de la Corte Penal Internacional, por sus esfuerzos en la defensa de los derechos humanos. La Corte Penal Internacional es una de esas instituciones que la administración Trump quiere desmontar sí o sí, sancionando a personas que han trabajado en ella, sobre todo después de que hubieran dictado la orden de detención internacional contra Benjamín Netanyahu, acusado por el genocidio de Gaza. La misma actitud que mantiene hacia las Naciones Unidas, la Organización Mundial de la Salud, los Acuerdos de París de 2015 sobre el cambio climático o el ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados.
Cualquier tipo de organización que apoye causas sociales o humanitarias únicamente merece el desprecio de aquel que se considera el dueño del mundo, que quiere extender su imperio al precio que sea y que quiere quedarse con la mayoría de recursos del planeta sin prever ni de lejos repartir el botín. Este es el mundo que puede avanzar o retroceder. El mundo donde se defiendan los principios básicos de los derechos humanos, aquella declaración aprobada tras la Segunda Guerra Mundial, el 10 de diciembre de 1948, que en el primer artículo nos dice que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y que deben comportarse fraternalmente los unos con los otros, o un mundo donde únicamente prevalezca el interés y el poder. Leerse hoy la Declaración de los Derechos Humanos es un buen ejercicio para comprobar a dónde hemos llegado como sociedad.
Sin piedad
Que nadie espere piedad de un presidente que para celebrar sus 80 años organizó un combate de MMA, uno de los deportes más violentos del mundo, en los mismos jardines de la Casa Blanca al mismo tiempo que destruía una de sus alas para hacer un salón de baile. Que nadie espere ningún respeto haica la declaración de derechos humanos, cuando se le ha pasado por la cabeza retransmitir la ejecución a tiros de Nidal Hassan, el primer militar que será fusilado en los Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial. Finalmente se echó atrás por las críticas recibidas.
Que nadie espere que ninguno de los aliados europeos del presidente estadounidense, como Santiago Abascal o el propio Alberto Núñez Feijóo, frenen el gasto militar del 5 % del PIB, unos 85.000 millones de euros al año que tendrán que salir de otras partidas presupuestarias.
Ahora los estadounidenses decidirán si le cortan las alas al presidente, otorgando la mayoría de las cámaras a los demócratas, o si podrá continuar su política hasta el final, lo que implicará intentar destruir a Irán y mantener la misma posición en la cuestión palestina, como ya prometió, y al mismo tiempo desfigurar al máximo el peso y la fuerza de los europeos, a quienes nos ha llegado su aliento y su contagio.
Porque como decía un artículo de la periodista Patricia Simón en la revista 5W, ahora resulta que defender la libertad, la igualdad y, en definitiva, los derechos humanos se considera una polarización. Qué ironía. Ser woke, en definitiva tener conciencia social, es considerado ser un inocente o un tonto útil.
Aunque nos afecten como nunca, no podremos participar en las elecciones estadounidenses, pero pronto nos llegará nuestro turno. El voto es la única herramienta que puede frenar o acelerar esta deriva humana hacia un pasado que se consideraba superado.
