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¿Y si no te lo mereces?
Jahel Queralt pone la meritocracia bajo sospecha.

Pere Ortin16 de octubre de 2026 - 07:35
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No elegimos la familia en la que nacemos, los genes que heredamos ni las oportunidades que encontramos por el camino. Pero vivimos en una sociedad que suele presentar el éxito como una recompensa individual y el fracaso como una responsabilidad personal. La filósofa política Jahel Queralt conversa con Pere Ortín en Catalunya Plural TV sobre las promesas, las trampas y las contradicciones de una de las ideas más seductoras de nuestro tiempo: la meritocracia.

Hay una pregunta aparentemente sencilla que puede hacer tambalear muchas de nuestras certezas: ¿realmente nos merecemos lo que tenemos? Nos gusta pensar que somos los principales responsables de nuestras vidas, que aquello que hemos conseguido es el resultado del talento, las decisiones y, sobre todo, el esfuerzo. Es una idea reconfortante, especialmente cuando las cosas nos van bien. Pero la historia es bastante más complicada.

Hay una pregunta aparentemente sencilla que puede hacer tambalear muchas de nuestras certezas: ¿realmente nos merecemos lo que tenemos?

No elegimos la familia en la que nacemos, los genes que heredamos, el barrio en el que crecemos ni la escuela en la que estudiamos. Tampoco decidimos qué personas nos abrirán una puerta decisiva. Llegamos al mundo con unas cartas repartidas por la biología, la clase social y el azar. Después jugamos, naturalmente. Tomamos decisiones, trabajamos, nos esforzamos, acertamos y nos equivocamos. Pero no todo el mundo empieza la partida con la misma mano.

Jahel Queralt (Alcanar, 1982), profesora de filosofía política en la Universitat Pompeu Fabra, jurista y doctora en Ciencias Políticas, lleva años estudiando las relaciones entre el mérito, la justicia y la desigualdad. Ha publicado recientemente Nadie merece nada, un libro entre el ensayo y la autobiografía que ofrece una defensa original de la meritocracia: una que obliga a limitar las desigualdades, no a pesar del mérito, sino en su nombre.

En esta conversación con Pere Ortín, se adentra en una cuestión especialmente incómoda: ¿hasta qué punto podemos considerar justas las diferencias sociales y económicas que atribuimos a las capacidades y los esfuerzos individuales?

La meritocracia tenía una ambición difícilmente discutible. Quería sustituir el apellido por el talento, la herencia por la capacidad y el enchufe por la competencia. Frente a un mundo en el que el lugar que ocupabas dependía de la familia, la clase social o el origen, defendía que las responsabilidades debían recaer en las personas mejor preparadas. Pero aquella promesa de igualdad también ha acabado sirviendo para justificar desigualdades. Si alguien triunfa, suponemos que se lo merece. Si fracasa, sospechamos que no se ha esforzado lo suficiente.

Aquí aparece una de las contradicciones centrales de la conversación. Una cosa es reconocer el talento y otra es convertirlo en superioridad moral. Queremos que nos opere una cirujana excelente, que pilote un avión una persona cualificada y que nuestros hijos tengan buenos maestros. Pero estar capacitado para asumir una responsabilidad no significa ser una persona más valiosa que las demás. Ni concede automáticamente el derecho a recompensas económicas ilimitadas.

Queralt y Ortín exploran también el papel de la genética, la familia, la educación y el azar en nuestras trayectorias. ¿Qué parte del talento es realmente nuestra? ¿Dónde termina el deseo legítimo de ofrecer a nuestros hijos las mejores oportunidades y dónde empieza la reproducción de los privilegios? Reconocer estas influencias no significa negar el esfuerzo, sino situarlo dentro de una realidad mucho más compleja que las historias individuales de éxito.

La conversación aborda igualmente una confusión profundamente arraigada: identificar el salario con el valor de una persona. ¿Por qué una enfermera puede cobrar mucho menos que un alto directivo? ¿Qué remunera realmente el mercado: la utilidad social, la capacidad profesional, la escasez o el poder? ¿Y desde cuándo hemos aceptado que el precio de un trabajo pueda medir la dignidad de quien lo realiza?

¿Por qué una enfermera puede cobrar mucho menos que un alto directivo? ¿Qué remunera realmente el mercado: la utilidad social, la capacidad profesional, la escasez o el poder?

Nos emocionan las historias de personas que consiguen superar enormes dificultades y llegar muy lejos. Pero convertir esas excepciones en la prueba de que todo el mundo dispone de las mismas oportunidades es una trampa. Que alguien rompa el techo de cristal no significa que el techo haya desaparecido. Que una persona escape de la pobreza no demuestra que la pobreza sea una elección. Quizá el fracaso de una sociedad no consista en que algunas personas no ganen la carrera, sino en organizar una competición en la que millones de personas ya han perdido antes de escuchar el disparo de salida.

La conversación con Jahel Queralt no busca respuestas fáciles. Nos invita a discutir qué entendemos por mérito, a reconocer el esfuerzo sin convertirlo en arrogancia y a pensar la justicia más allá de las historias de los vencedores.

Porque, al fin y al cabo, quizá la pregunta más importante no sea si cada cual merece exactamente aquello que tiene, sino por qué hemos acabado aceptando que lo que tenemos determina lo que valemos.

Mira la conversación completa de Pere Ortín con Jahel Queralt en Catalunya Plural TV. Y después continuemos el debate: ¿vivimos realmente en una sociedad meritocrática o hemos aprendido a llamar mérito a una parte de nuestros privilegios?

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Pere Ortin
Pere Ortin

#PeriodismeDaDá Director del Catalunya Plural, és un periodista que hackeja el periodisme. Fa escriptura visual i assaig collage, «orgullosament fet a mà», a la recerca de la bellesa amagada darere de tot signe de ?. Ha estat guionista, presentador i reporter de TV; ha escrit en diaris i dirigit revistes; ha publicat còmics i llibres d’assaig; ha creat documentals i produït projectes transmedia.

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