El 4 de mayo de 2022, el artículo Una solución sistémica para el sector del cómic inauguraba la sección de «Cómic, ciencia y tecnología» en la que se han realizado más de cien publicaciones desde entonces. En dicho texto se hacía referencia al hecho de que el autor de cómics es el eslabón más débil de la cadena operativa del producto final, que incluye la editorial, la imprenta, la distribuidora y la librería, como mínimo. Y que su poder de negociación en el sector era reducido, por las características propias del oficio, atomizado, y por el pequeño porcentaje respecto del total que supone las ediciones propias del país (es decir, en relación con las traducciones de una obra producida en el extranjero).
Nada ha cambiado desde entonces, más bien al contrario. El porcentaje de cómics con autores autóctonos ha disminuido, tanto en valor relativo como absoluto. Suponiendo que se imprimiera una tirada de 1.500 ejemplares y que se vendieran a 20€ para un cómic de unas 100 páginas, si se vendiera completamente toda la edición, el autor cobraría un poco menos de 3.000 € para un año de trabajo, suponiendo que su porcentaje fuera de un 10% sobre el precio de venta (al que habría que descontar los impuestos del producto, no los del artista, que también los tendrá), y el importe total sería suponiendo que fuera un autor completo, guionista, dibujante y colorista, si no, debería de repartir. Toda esa cantidad para un año de trabajo intenso, aproximadamente, teniendo en cuenta todo el proceso de documentación, de escritura de guion, de guion técnico esbozado, de lápiz, tinta, color y, por último, diseño y rotulación, si es el caso.

En aquel primer artículo enfatizábamos que «el autor es, en la mayoría de los casos, un autónomo que tiene todas las ventajas e inconvenientes del perfil. Es decir, el autónomo (como todos los autónomos), soluciona el hecho de que la remuneración sea reducida a base de dedicar más horas con menos ingreso, lo que contribuye a la necesidad de tener otras actividades lucrativas que le permita un sueldo digno al autor o, en ocasiones, tener el amparo de la familia para financiarse y, siempre, con la precariedad actuando continuamente como una espada de Damocles, que puede condicionar en las decisiones adoptadas y en la renuncia a principios, teniendo en cuenta que aparece una componente emocional y de estrategia publicitaria personal por el hecho de querer o necesitar tener publicada la obra artística».
Esta argumentación es peor cuando se trata de autores noveles que no han publicado nunca, donde prácticamente los únicos medios de difusión a un precio razonable son las redes sociales, aunque no necesariamente útiles para conseguir financiación durante un año, al menos no para todos los autores. En aquel artículo se defendía la idoneidad de adoptar soluciones keynesianas en el sector de diferente índole, y una de ellas es, sin duda, la convocatoria del Premi Carnet Jove de Còmic organizado por la Agència Catalana de Joventut del Departament de Drets Socials i Inclusió de la Generalitat de Catalunya.

El premio va dirigido a jóvenes entre 16 y 31 años que sean titulares del Carnet Jove, y pueden presentarse en la convocatoria de forma individual o en grupos de hasta dos personas. Está dotado económicamente con 8.000€ y tiene la garantía de la publicación de la obra resultante por parte de Norma Editorial, con una tirada de 1.500 ejemplares en la versión catalana. Una muestra más de la importancia de la colaboración público-privada para fomentar, en este caso, el talento de jóvenes creadores autóctonos cuya barrera de entrada al mercado resulta realmente infranqueable.
Coincidiendo con la celebración de la 43 edición del salón Cómic Barcelona del 4 al 6 de abril, se ha publicado en el sello Astronave el cómic El misteri de la geoda rosada (2025), de Júlia Rubau, autora ganadora en 2023 de la primera edición del Premi Carnet Jove de Còmic, en la que el jurado reconocía los méritos en el acta de la deliberación: «la composición de la página, y un uso del color y tratamiento del dibujo insólito por una autora novel, más propio de años de experiencia profesional», cualidades que destacaban notablemente teniendo en cuenta que solo se presentaban cuatro páginas y una sinopsis de la historia.

Rubau se presentaba a la convocatoria del premio coincidiendo con la finalización de sus estudios de Arte Gráfico en el Centre de Còmic i Arts Visuals Escola Joso, realizados durante cuatro años, unos estudios que tienen como objetivo «capacitar a profesionales del dibujo que sean capaces de dar una respuesta al amplio abanico laboral en las principales industrias de la imagen, el ocio y la comunicación». Sin duda, una formación profesionalizadora fundamental para un artista que pueda desarrollar su actividad en especialidades como el cómic, la ilustración o la preproducción artística para animación, cine y videojuegos. Aunque, una vez más por culpa de la miopía de la administración, es una solución formativa demandada por el mercado y surgida, gestionada y ofertada desde la iniciativa privada.
Una clara ventaja de este modelo es contar con profesores con amplia experiencia laboral en sus respectivas materias de especialización. Rubau recuerda en sus entrevistas la contribución en su capacitación de las clases de narrativa audiovisual del autor Toni Fejzula, artista nacido en la antigua Yugoslavia y afincado en Barcelona desde hace más de tres décadas, cuya experiencia fue fundamental para animarla a presentarse al premio, dotándola de las capacidades y habilidades fundamentales del medio. Entre otras, Fejzula es autor de la magnífica novela gráfica Patria (2020), publicada por Planeta Cómic, que adaptaba la novela homónima de Fernando Aramburu. Como muestra del sinsentido y la falta de criterio del sector, en los premios del salón Cómic Barcelona, uno de los más prestigiosos del país, Fejzula no podía presentarse por esta obra al Premio a Mejor Obra de Autoría Española, dotado de 2.000€, a pesar de ser una editorial española la que edita el libro en primera instancia, aunque sí podría optar al Premio a Mejor Obra de Autoría Extranjera, pero sin dotación económica.

El misteri de la geoda rosada recuerda a los veranos en el pueblo, con pocos niños (en este caso, tres) y con mucho tiempo libre en medio de la naturaleza, con libertad para desplazarse e idear juegos de todo tipo. La autora sitúa la historia alrededor de 2005, más o menos, recordando, especialmente, la tecnología que ella misma tenía a su disposición, de tal manera que la forma de comunicarse entre los tres es mediante el chat del modelo de Nintendo del momento. El estilo escogido rezuma la personalidad de la autora con un estilo original cercano al cartoon, basándose en la simplicidad y la hipérbole para potenciar la comicidad de la escena, con un diseño de página y la narrativa a medio camino entre el cómic y el manga, y una paleta de colores monocromática que enfatiza la acción, evitando la literalidad de la realidad.
Ese estilo refleja también sus influencias, tanto como espectadora y lectora como analista de otros artistas. En las entrevistas reconoce la importancia del manga y del anime con el que ha crecido, la influencia de series de animación como Hora de aventuras (Adventure Time, 2010-2018) o Steven Universe (2013-2019), o el trabajo de autores de la talla de Enrique Fernández o del japonés Yoriyuki Ikegami.
Rubau plantea una historia donde deja en evidencia a los rencorosos y apuesta por el respeto y el diálogo para llegar a acuerdos que beneficie a todas las partes. Es especialmente hiriente con los que siguen al líder tóxico, sin siquiera saber exactamente los motivos, con un marcado papanatismo de rebaño, un comportamiento habitual hoy en día en nuestra sociedad, agravado por el uso de las redes sociales. La editorial indica en la publicidad de El misteri de la geoda rosada como «una lectura recomendada para mayores de 9 años», y nunca mejor dicho, algunos adultos aprenderían a respetar a los demás a través del cómic de Júlia Rubau. Si quieren ayudar al talento autóctono novel, compren y lean sus obras, y confíen en todas las personas que han contribuido a asegurar la calidad del producto final.


