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Estado del Bienestar

El país en disputa
Análisis de cómo la inflación, las guerras y las políticas económicas generan una transferencia de rentas de las clases trabajadoras hacia las grandes empresas, debilitando el estado del bienestar.

Marcos Galante25 de March de 2026 - 06:30
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Ilustración de un carrito de la compra arrastrado por personas que simboliza la transferencia de rentas, la inflación y el esfuerzo de las familias ante la subida de precios.
El peso de la inflación y el encarecimiento recae sobre las familias mientras los beneficios se concentran | Pol Rius

Hace tiempo que vamos de catástrofe en catástrofe que provocan subidas de precios en lo que significa una gran transferencia de rentas de la gente que trabaja hacia los poderes económicos. Esa transferencia se produce por una doble vía: La directa es dinero que va de los sueldos de la gente hacia las grandes empresas: energéticas, alimentarias, financieras y rentistas (la vivienda es hoy por hoy un gran factor de transferencia de rentas) y otra indirecta mediante la transferencia de recursos públicos hacia esas mismas empresas que impiden la financiación de los servicios públicos como por ejemplo…las famosas bajadas de impuestos.

Los precios vuelven a subir otra vez de manera súbita a cuenta de la guerra que ha desencadenado EE.UU e Israel contra Irán: Los motivos no quedan claros. Se aducen muchas cosas pero mucho me temo, viendo los precedentes, que esta guerra no tiene nada que ver con derechos y democracia sino con lo que ya hemos visto antes, por ejemplo, en Irak: la apropiación indebida de recursos y la voluntad de ganar dinero con el negocio de la guerra ya sea antes, durante o después. 

Esa apropiación indebida no se produce solamente en la zona atacada sino que también repercute aquí: el aumento de los precios de la energía arrastran al resto produciendo un efecto inflacionista y a su vez un encarecimiento en la revisión de las cuotas hipotecarias y alquileres. 

Así son los patriotas, siempre dispuestos a cubrir pérdidas por adelantado porque España es unidad de destino en lo universal pero el dinero siempre va primero. Así se agranda la brecha de transferencia directa entre las rentas del trabajo (lo que cobras) y las del capital (los ricos) minando tú poder adquisitivo y devaluando tu calidad de vida mientras los márgenes de las grandes empresas son cada vez mayores. 

En la derecha patriótica, las recetas de siempre. Estar de lado del emperador (no de la gente) unas, oponerse tímidamente bajo el mantra de cierta superioridad moral otras y bajadas de impuestos alegando un aumento de la recaudación.  No se cuestiona nunca que el beneficio que obtienen las grandes empresas es exponencialmente superior a esa recaudación y que por la vía de las transferencias directas siguen agrandando beneficios. 

Por lo tanto, detrás de la guerra se esconde un proceso (en marcha de mucho tiempo) de apropiación de los recursos de las familias bajo el manto de la defensa de occidente, la religión, raza, costumbres o cultura.  Esa es la gran hipocresía de la derecha: la confusión constante en un discurso que parece dirigirse a la defensa de las mayorías con propuestas que sólo benefician a minorías. 

Hay desde mi punto de vista diversos elementos en disputa en la actualidad, todas a la vez pero con un mismo objetivo: establecer un gobierno de las élites. Estos elementos son: la idea de país, la hegemonía cultural, la disputa por la ética y la idea de la democracia y los elementos que la conforman. En términos populistas podríamos decir que la propuesta es un arriba (pocos y muy ricos) que manden y un abajo (muchos y muy pobres) sometidos. 

Esta es para mí la idea de España que hoy está en disputa. Heredera tardía de las democracias posteriores a la II Guerra Mundial, la idea de país que trasuda nuestra democracia es un fuerte componente igualitario por el lado de la redistribución. La democracia como construcción colectiva basada en fuertes servicios públicos sostenidos por un sistema fiscal que permita financiarlos. Esos son los parámetros sobre los que hoy se ha generado un ecosistema que ha permitido a muchas familias poder aspirar a mejorar su calidad de vida.  Digo que ha permitido porque ese ecosistema se ha ido debilitando precisamente, por esa fuerte transferencia de recursos que tiene como trasfondo una visión de la sociedad al servicio de los ricos. Efectivamente, en política nada es casual ni tampoco neutro ideológicamente. La apuesta por lo privado en detrimento de lo público poco o nada tiene que ver con la gestión de las necesidades ciudadanas pero si trae consecuencias en la merma de la capacidad de la ciudadanía para poder salir adelante. Eso es lo que nos jugamos ahora mismo: si queremos continuar siendo un colectivo entre iguales y continuar construyendo un bienestar conjunto o si por el contrario queremos ser un conjunto de individuos donde solo prospera el que tenga dinero.

Es un falso mito de lo neoliberal que uno por sí mismo puede salir adelante. Si cualquiera de nosotros tuviera que pagar las veces que ha ido a un hospital seguramente ya estaría muerto o padeciendo graves secuelas. Así de caros son los servicios y así de necesario el ecosistema. El sistema de redistribución tiene como objetivo asegurar las condiciones necesarias para poder prosperar asegurando el bienestar necesario en clave personal y colectiva.  Sirva como ejemplo el seguro de desempleo donde la contribución de una persona que vive en una punta del país pueda servir para que otra en la otra punta pueda salir adelante en un momento de dificultad en lo que podrías llamarse un “momento de fraternidad” con alguien en principio desconocido pero que de alguna manera se siente como propio.  Ese tipo de políticas financiadas con los recursos procedentes de los impuestos son las que nos construyen como sociedad y revelan un fuerte sentimiento de identidad compartida. 

Esa es la verdadera disputa. Ni religión ni raza, ni costumbres ni cultura…lo que de verdad se disputa hoy en España es si queremos un país abonado a la crueldad y al canibalismo mientras hay quienes se dan festines o si por el contrario queremos un país donde se pueda vivir con la aspiración a tener una vida tranquila en un entorno próspero alejado de los mitos neoliberales que sólo esconden un proyecto para los ricos y que promueven lo peor de cada uno de nosotros en lugar del progreso colectivo. 

inflación servicios públicos
Marcos Galante
Marcos Galante

Màster en Comunicació política i consultor a l'àmbit local.

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