Cada vez existen más argumentos a favor de restaurar tierras degradadas, proteger y expandir la biodiversidad, restaurar el ciclo del agua, localizar e implementar sistemas energéticos bajos en carbono y aprovechar la bioeconomía. Debemos garantizar el funcionamiento de los ecosistemas ecológicos saludables que sustentan la vida

Aquí tens la versió en catalá


La Naturaleza no tiene precio, pero nos guste o no, la naturaleza está siendo injustamente infravalorada. La Naturaleza en la mayoría de los casos tiene un precio ridículo, como puede observarse en muchos lugares, donde se pueden encontrar terrenos forestales o agrícolas por unos 3 euros el metro cuadrado. En contraste, la vivienda en España y en la mayoría de los países de Europa tiene un precio que puede oscilar entre 2.000 y 8.000 euros el metro cuadrado. Es decir, por el precio de un apartamento medio, se pueden adquirir 20 hectáreas (200.000 metros cuadrados) de bosques o terrenos forestales. Sin lugar a dudas la vivienda es importante, pero tiene un precio desorbitado, como se ha denunciado reiteradamente tanto en medios tecnocientíficos como en la prensa, radio y TV.

 ¿Tiene sentido que los terrenos forestales, que proporcionan servicios ecosistémicos esenciales (biodiversidad, hábitat, oxígeno, lluvia, agua, refrigeración), alimentos, materiales y energía, sean entre 1000 y 3000 veces más baratos que un apartamento? Otro ejemplo de lo poco que se valora monetariamente la Naturaleza y cómo esa situación propicia la contaminación y la degradación de los ecosistemas es lo fácil y barato que es liberar CO2 a la atmósfera, contaminar el agua, agotar el suelo y destruir la biodiversidad.

El bajo precio de la Naturaleza es el resultado de que los contaminadores y quienes extraen y se benefician del valor de los bienes naturales comunes no tienen la obligación ni de preservarlos, ni de compensar a las comunidades explotadas mediante acuerdos mutuos. Concretamente, las finanzas extractivas siguen la línea de «abaratar» la Naturaleza y están reduciendo su riqueza progresivamente, convirtiendo la creación de riqueza en un negocio puntual y temporal, en lugar de gestionarla de forma regenerativa para obtener una riqueza permanente. 

Finanzas regenerativas para garantizar la supervivencia

Recientemente, se ha producido en algunos sectores financieros, un cambio, una lenta toma de conciencia de que la valoración casi nula de la Naturaleza también mermará la riqueza futura de esos sectores. Las llamadas «finanzas regenerativas» no son una campaña más de ecoblanqueo, sino una verdadera gestión racional de la riqueza de la Naturaleza. Las finanzas regenerativas de la naturaleza se han multiplicado por diez en cuatro años, y previsiblemente van a crecer aún más, ya que la degeneración de los ecosistemas pone en riesgo al propio sistema económico actual. Si queremos asegurar nuestra supervivencia y cierto grado de prosperidad tanto compartida como para las generaciones futuras, debemos garantizar el funcionamiento de los ecosistemas ecológicos saludables que sustentan la vida. 

Cada vez hay más argumentos a favor de restaurar tierras degradadas, proteger y expandir la biodiversidad, restaurar el ciclo del agua, localizar e implementar sistemas energéticos bajos en carbono y aprovechar la bioeconomía, en lugar del paradigma industrial lineal y extractivo de «extraer, producir y desechar». Está surgiendo un nuevo paradigma financiero que considera la naturaleza como un capital o una infraestructura existencial. Esta actitud, hace que se destinen recursos a la restauración de ecosistemas y al despliegue de soluciones basadas en la Naturaleza para asegurar la prosperidad y no tanto por obligación moral, si no por pragmatismo social. Sin embargo, ese mismo pragmatismo social busca la transformación positiva y entiende que el cambio y la acción colectiva son increíblemente complejas. 

Está surgiendo un nuevo paradigma financiero que considera la naturaleza como un capital o una infraestructura existencial

Dos ejemplos lo ilustran claramente. Uno es el pragmatismo radical que apoya la transición a la agricultura regenerativa, ya que no depende de insumos externos costosos y poco fiables y es más nutritiva, segura y rentable. Puede funcionar a múltiples escalas y es el enfoque más viable para la seguridad alimentaria en un planeta que se sobrecalienta y que necesita urgentemente recuperar la salud del suelo. El otro es la lógica que se aplica a las finanzas de la silvicultura holística, cuando la prevención de incendios y los paisajes en mosaico aportan más agua a los asentamientos humanos, o cuando previenen incendios destructivos que ponen en peligro infraestructuras y asentamientos humanos.

Un modelo con cinco criterios claves

Las finanzas naturales pueden significar, además, un marco de planificación económica que reconozca al sector rural como proveedor fundamental de servicios esenciales, devolviéndole la dignidad que se le ha negado durante demasiado tiempo. Las finanzas regenerativas naturales no son filantropía, sino una inversión para generar riqueza permanente. Una excelente manera de ilustrarlo es viendo el ejemplo de Oxygen Conservation, una startup respaldada por capital de riesgo que ya está restaurando 25.000 hectáreas. Su modelo se basa en cinco criterios:

1. Las tierras en buen estado, con suelos sanos y ciclos hídricos intactos, valen más que las tierras degradadas.

2. Los servicios ecosistémicos, como la captura de carbono, pueden comercializarse para compensar las emisiones inevitables.

3. La restauración de infraestructuras y viviendas aumenta el valor de los activos.

4. Ciertas zonas de tierras sanas pueden generar energía baja en carbono como son los casos de la biomasa, la eólica y la solar.

5. Los paisajes saludables atraen un turismo responsable. Este enfoque permite rapidez y escalabilidad, características fundamentales en el contexto de la emergencia climática

Las grandes adquisiciones de tierras por parte de capital de riesgo merecen un análisis exhaustivo. Sobre todo, teniendo en cuenta que la estructura vertical de la empresa y la presión del capital de riesgo no garantizan una economía política alternativa ni la gestión de la Naturaleza como bien común. El problema es realmente complejo a la hora de gestionarlo. La clave reside en la descentralización racional y en sistemas plurales y armoniosos de producción y reproducción, donde la aportación pública y la sobriedad de las actuaciones privadas sean la norma, aunque que con dinámicas diferentes. Cuanto más nos adentramos en las transformaciones sistémicas y regenerativas, más se hace evidente de que necesitamos ponernos de acuerdo sobre lo que es urgente e importante, y sobre lo que se puede resolver en una década y lo que tardará generaciones en cambiar. 

Una acción colectiva contra la emergencia climática

En la última década, se ha trabajado lo suficiente para demostrar las causas y responsabilidades del colapso climático. El resto de esta década y las próximas requerirán que la acción colectiva asuma el liderazgo para gestionar la crisis. El cambio en las condiciones materiales que deseamos experimentar solo se producirá mediante la organización y la acción colectivas; no mediante guerras de narrativas virtuales y vocabulario vacío de contenido. El compromiso es el elemento clave para quienes actúan. El progreso se medirá por nuestra capacidad para aumentar la vida, la resiliencia y la capacidad natural para sustentar la existencia colectiva en un planeta finito.

El cambio en las condiciones materiales que deseamos experimentar solo se producirá mediante la organización y la acción colectivas

Lograr la transformación necesaria en los sistemas productivos y reproductivos requerirá un capital considerable. El tiempo apremia y actualmente existe un déficit de 30:1 entre las finanzas extractivas y las regenerativas. Pero la realidad es que necesitamos capital que tenga en cuenta el riesgo y compense los proyectos fallidos. Podemos persuadir o tomar el control, y dado que esto último es una lucha que la mayoría no está dispuesta a librar, la persuasión y el trabajo simbiótico son la tarea que tenemos por delante. Las finanzas regenerativas desvían recursos de las prácticas habituales hacia sistemas que mantienen solventes nuestros fundamentos vitales. 

Poner la vida en el centro, más allá de las guerras culturales, tiene el potencial de hacer que la prosperidad colectiva sea realmente irresistible y de canalizar grandes cantidades de capital hacia ella. Estas actuaciones no deben depender únicamente del gran capital privado. Los presupuestos públicos y municipales deben desempeñar un papel fundamental, y cuanto mayor sean, mejores resultados obtendremos. Una tributación justa y una expansión monetaria responsable pueden destinar importantes recursos a este fin.

Ejemplos en Catalunya: los créditos climáticos

Un ejemplo reciente, con un liderazgo gubernamental significativo, es el caso de los créditos climáticos en Cataluña. Han definido un estándar para respaldar los créditos que mejoran la capacidad de los bosques para proporcionar servicios ecosistémicos básicos, como agua, biodiversidad y captura de CO2. Sus primeros créditos ya han sido adquiridos por una empresa pública de agua, y esos pagos han generado empleo significativo en el Vall del Lord y el Vall de la Muga y lo que es aún más importante: han generado seguridad frente a los grandes incendios y la escasez de agua. Esto demuestra cómo las entidades públicas y privadas pueden colaborar para asignar recursos que aporten resiliencia y prosperidad a nuestros paisajes y poblaciones. 

En el Vall de Lord y el Vall de la Muga, la gente abandonaba el trabajo rural y se mudaba a las ciudades. Sin embargo, los créditos climáticos han traído de vuelta la silvicultura, el ecoturismo y la ruralización que había perdido generaciones de conocimiento sobre cómo gestionar los bosques, la tierra y el agua. Las intervenciones aplicadas ahora reducen el riesgo de incendios, mejoran la salud de los árboles y aumentan la disponibilidad de agua. 

En el Vall de Lord y el Vall de la Muga, la gente abandonaba el trabajo rural y se mudaba a las ciudades. Sin embargo, los créditos climáticos han traído de vuelta la silvicultura, el ecoturismo y la ruralización

Las finanzas regenerativas representan la mayor oportunidad para las comunidades rurales. La crisis que enfrentamos exige un cambio sustancial en las condiciones de quienes custodian las tierras agrícolas, los sistemas forestales y las cuencas hidrográficas. Representan una pequeña fracción de la fuerza laboral y de los flujos financieros, pero son la fuerza más determinante para el futuro de la vida en este planeta. 

Pagar a los trabajadores forestales no solo por la madera, sino también por el carbono, el agua, el oxígeno, la biodiversidad, el hábitat, la belleza y la prevención de incendios no es un gesto moral, sino un reconocimiento al trabajo bien hecho y la restauración de la dignidad y la seguridad que este trabajo merece. Lo mismo se aplica a los agricultores que cuidan suelos sanos, producen alimentos nutritivos, fomentan la diversidad de insectos y microorganismos, y evitan agotar las reservas de agua o utilizar productos que alimenten conflictos geopolíticos o el sobreconsumo planetario.

El movimiento climático está madurando y necesitamos impregnar cada ámbito de la lucha y aprovechar todos los esfuerzos posibles para lograr una transformación que asegure nuestra existencia y dignidad, y cree las condiciones para un futuro que valga la pena habitar. Las finanzas no son una excepción. 

Se acabó el tiempo de demostrar que la crisis existe y explicar por qué. Es hora de gestionarla: de transitar, de iterar, de fracasar, aprender y tener éxito, de llegar a acuerdos, negociar, restaurar, perdonar, defender y ganar. El objetivo es lograr la proporción de 30:1 entre capital regenerativo sobre capital destructivo. Lamentablemente no sucederá por sí solo. Debemos organizarnos, persuadir a dirigentes y a la sociedad y llevar a cabo actuaciones visibles y efectivas. Nuestras vidas dependen de ello.

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Temi Vives

Biólogo, filósofo, profesor honorífico de la UB y Federalista d'Esquerres.

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