La casualidad ha hecho que la manifestación del sábado 28 de marzo tuviera lugar solo tres días después de que la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobara con 123 votos a favor una resolución que califica el comercio y el tráfico de personas esclavizadas y la esclavitud racializada de poblaciones africanas como “el crimen de lesa humanidad más grave jamás cometido en la historia”. Por cierto, solo con tres votos en contra –el de Estados Unidos, Israel y Argentina– y 52 abstenciones, entre las cuales las de casi todos los países del denominado “bloque occidental”, España entre ellos.
“¡No pasarán! Hoy es un día muy importante en todo el mundo”, afirmaba al final de la manifestación David, portavoz de Unitat contra el racisme i el feixisme de Catalunya, “por participar en la convocatoria mundial y por hacerlo sumando muchas organizaciones de todos los ámbitos de Cataluña contra el racismo y el fascismo, y contra la guerra y el genocidio que lideran Trump y Netanyahu”.
La convocatoria ha sido liderada por las asociaciones Regularización Ya!, SOS Racisme Catalunya, Top Manta, Open Arms, Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes de Barcelona, Comisión Catalana de Acción por el Refugio y la Coordinadora Obrim Fronteres, a la cual se han añadido 170 entidades más de todo el país.
La denuncia del genocidio contra el pueblo palestino ha sido una de las consignas centrales y más coreadas durante toda la manifestación, que ha partido de la confluencia del paseo de Gràcia con Gran Vía para ir hasta la plaza Idrissa Diallo (antes plaza Antonio López). Laurent Cohen, miembro de la Asociación Catalana de Judíos y Palestinos-JUNTS, recordaba que “Gaza está destruida, en Cisjordania están haciendo la vida imposible a los palestinos, mientras que en Líbano el ejército israelí está realizando limpieza étnica descaradamente”. Y subrayaba: “El sionismo es un proyecto colonial, que sirvió, primero, al Reino Unido, y ahora a EE. UU.”.
Las reivindicaciones
La convocatoria partía de la convicción de que “el racismo y el fascismo están presentes en muchos ámbitos, momentos y facetas de la vida, en general, en nuestro país, y también en esferas y aspectos más cotidianos”. En el manifiesto de convocatoria se afirma: “Nos encontramos en una crisis global: climática, económica, social, civilizatoria… Una crisis marcada por el aumento de la escalada bélica y una extrema derecha en auge”. Al mismo tiempo que “el racismo estructural —incluyendo la islamofobia, el antigitanismo, el antisemitismo…— hace que cientos de miles de personas vean vulnerados sus derechos esenciales”.
A partir de aquí, las organizaciones reclaman:
- Una regularización amplia, efectiva, ágil y no excluyente
- Acceso universal a los servicios públicos; ningún ayuntamiento debe sabotear el derecho al empadronamiento.
- Derecho a una vivienda digna para todos, basta de racismo inmobiliario.
- Políticas para acabar con el racismo y la exclusión en el mundo del trabajo.
- Medidas integrales para combatir el racismo en la educación.
- Basta de muertes bajo custodia policial; no a las detenciones por perfil étnico.
- Acabemos con el maltrato y la criminalización de menores migrantes; hay que proteger a los niños, niñas y adolescentes, sin discriminaciones.
- Basta de deportaciones, cerremos los CIE, derogación de la Ley de Extranjería.
En cuanto a la lucha contra el fascismo, las organizaciones plantean:
- Basta de impunidad en las instituciones, en los medios de comunicación, en las calles… ¡basta de normalizar el odio!
- Ninguna colaboración con la extrema derecha por parte de los otros partidos.
- El fascismo no es un punto de vista, es un crimen contra la humanidad: no debe tener cabida en ningún lugar. Hagámosles frente en todos los ámbitos.
Con una fuerte carga simbólica, la manifestación culminó en la plaza Idrissa Diallo, bautizada así en honor al joven guineano muerto el 5 de enero de 2012 en un Centro de Internamiento de Extranjeros (había sido la plaza Antonio López, comerciante de personas esclavizadas, hasta que fue aprobada una propuesta municipal con más de 18.000 firmas para hacer el cambio, en 2018). En la plaza, Vicky, representante de la plataforma Regularización Ya!, celebró en su intervención la regularización recientemente aprobada en el Parlamento español y exigió el cierre del CIE. Justo antes de realizar un minuto de silencio en honor de las personas asesinadas y víctimas del racismo.
Intervino también Haim, uno de los activistas que organiza una nueva flotilla de solidaridad con el pueblo palestino y que anuncia la salida para el próximo mes de abril. “Ante el fracaso y la complicidad de los gobiernos”, enfatizó, “es la sociedad civil quien debe tomar las riendas y hacerse responsable de la solidaridad y el apoyo al pueblo palestino, contra el bloqueo, contra el genocidio”.

Una convocatoria mundial
Un mundo contra el racismo y el fascismo (WARAF, siglas en inglés) es una red de movimientos de base que se movilizan en distintos países del mundo contra el “racismo y la ultraderecha”, de acuerdo con la autodescripción del movimiento en su web. Para esta jornada de lucha había convocadas manifestaciones en más de 50 ciudades. La actividad principal de la red es la coordinación de acciones, especialmente para el día 21 de marzo, declarado por la ONU día internacional para la eliminación de la discriminación racial, en conmemoración del día en que la policía, en la ciudad de Sharpeville (Sudáfrica), disparó contra una manifestación pacífica matando a 69 personas en 1960.
La red trabaja también para el impulso y el fortalecimiento de las luchas en el mundo, mediante, entre otros, la coordinación y el intercambio de experiencias e información. Se creó a partir de un encuentro internacional, convocado en Atenas por el movimiento KEERFA (Movimiento contra el racismo y la amenaza fascista en Grecia), en octubre de 2013, en el cual se acordó la convocatoria coordinada de manifestaciones en todo el mundo en el día mundial, por primera vez en 2014.
La constitución formal de la red tuvo lugar durante un encuentro en Londres, en octubre de 2018, organizado por el movimiento de base británico Stand Up To Racism. El trabajo se desarrolló inicialmente en Europa, pero con el paso del tiempo “el problema del racismo y el crecimiento de la ultraderecha ha llegado también a países del Sur Global, lo que ha requerido la extensión de esta lucha a escala mundial, con los movimientos de todos los continentes, que ya forman parte de WARAF”.
