A fecha de hoy hay numerosos libros, artículos, videos y webs que hablan sobre decrecimiento, sólo hay que ir a la web: https://explore.degrowth.net/?utm_source=substack&utm_medium=email. El año pasado se lanzó una revista internacional (no académica y dirigida a no expertos) dedicada al tema: “Sufficiency and Wellbeing Magazine” https://www.sufficiencywellbeing.com/.
Precisamente en esa revista, decrecimiento se define como: “la expansión social y del bienestar de todos los humanos, dentro de los límites de la Tierra, a través de una reducción selectiva de la producción y el consumo para aligerar la huella ecológica, planificada democráticamente en el espíritu de la justicia social”. El problema es que esa definición es muy compleja, sobre todo a la hora de concretar los niveles de consumo planetario. Cada una de las palabras de esa definición tiene un contexto amplio y mucha reflexión detrás, todo ello sin olvidar que actualmente, existen más de 100 definiciones de decrecimiento (ver https://timotheeparrique.com/wp-content/uploads/2025/01/Parrique-T.-2025.-Defining-degrowth-V1-1.pdf?utm_source=substack&utm_medium=email).
Quizás la manera más simple de definir decrecimiento es que consiste en reducir la economía, alejándose del desperdicio y el exceso, y encaminarse hacia la liberación de los seres humanos y la comunidad. Esta liberación es material, vivencial y emocional y está constituida por al menos cuatro facetas: 1. La liberación del tiempo; 2. La suficiencia de energía y materiales; 3. Una gran variedad de maneras de vivir según en que zona de la Tierra vivamos y 4. Una imaginación desenfrenada. Voy a intentar describir en qué consisten esos retos.
La liberación del tiempo. Es habitual que nos quejemos de que no tenemos tiempo para hacer todo lo que supuestamente quisiéramos o deberíamos hacer: trabajar, ocuparnos de las labores domésticas, cuidar a la familia, hacer un mínimo de vida social, viajar, practicar el ocio, etc. Si verdaderamente todos practicásemos el decrecimiento, no tendríamos que trabajar para producir tantas cosas inútiles y podríamos emplear todo ese tiempo a las actividades que actualmente no podemos dedicarnos. De ese modo no sería necesario dedicar tiempo y recursos a comprar, utilizar y mantener desde jets privados y todoterrenos a productos desechables de mala calidad, moda rápida, comida poco saludable y mucho más.
Además, como una parte importante del trabajo remunerado actual puede dejar de serlo, ese tiempo se podría dedicar a corregir la distribución injusta del tiempo de trabajo remunerado y sobre todo del no remunerado o muy mal pagadas como son los cuidados a personas, voluntariado, protección del medio ambiente, ONG’s, etc.). Al final conseguiríamos una distribución más equitativa y justa entre sexos y entre grupos sociales, raciales y étnicos. Por otro lado, la liberación de tiempo abriría la posibilidad de buscar un trabajo remunerado que se ajuste a nuestros talentos naturales. También podríamos dedicar mucho más tiempo a nosotros como individuos, para explorar realmente nuestro potencial natural y prosperar como personas.
Suficiencia energética y de materiales. Al tener más tiempo libre y producir menos consumiríamos menos energía y materiales que los que utilizamos hoy. Nuestra crisis ambiental proviene de una crisis de producción. Utilizamos demasiada energía y demasiados recursos para crear una economía derrochadora e injusta. Si se detiene ese consumo excesivo, se dispondrá de una gran cantidad de energía y recursos para mejorar la calidad de vida de todos al utilizar la energía y los materiales justos. Esto implicaría tener recursos para más servicios públicos compartidos, como transporte, educación, sanidad, medio ambiente y seguridad pública.
Una variedad de experiencias según la ubicación en la Tierra. Al leer libros sobre decrecimiento, se constata la enorme desigualdad entre los países ricos y pobres. La riqueza de los países ricos, también conocidos como el Norte Global, se ha acumulado en gran medida a partir de una historia de colonialismo e imperialismo. En la actualidad, a pesar de que el Norte Global envía ayuda financiera al Sur Global, también recibe del Sur Global mucho más en términos de mano de obra, energía y recursos baratos. Una experiencia de decrecimiento en el Norte Global se asemejaría, por ejemplo, a las viviendas cooperativas en Barcelona, donde las personas comparten la propiedad de un edificio, disponen de espacios comunes para socializar, cocinar y limpiar, consumen mucha menos energía que en las viviendas tradicionales y disponen de mucho más tiempo para construir relaciones.
En el Sur Global, el decrecimiento se percibiría como una liberación de la dependencia del Norte Global. Gran parte del Sur Global necesitará crecer económicamente hasta alcanzar un nivel de vida digno, eso sí, sin consumir excesivos recursos materiales. El Sur Global ya no tendrá que importar tecnologías avanzadas y costosas del Norte Global, ya que ahora podrá desarrollar las suyas propias. Al mismo tiempo, el Sur Global no tendrá que desear el mismo nivel de riqueza que el Norte Global experimenta hoy. En este sentido, el Sur también reducirá sus deseos, ya que el sobreconsumo y la sobreproducción que exigen hoy los países ricos no son sostenibles para ningún país, independientemente de su nivel de desarrollo.
Imaginación desatada. Al imaginar la vida bajo un sistema económico diferente, posiblemente tendríamos que recurrir a la ciencia ficción para vislumbrar alternativas positivas. ¿Qué pasaría si reemplazáramos la adicción a las redes sociales, los teléfonos inteligentes y los dispositivos con un despertar emocional mucho más profundo que nos liberara de las ansiedades? Este despertar emocional estaría en plena sintonía con nuestra naturaleza biológica como seres sociales, que ninguna tecnología ha podido desprogramar de nuestros genes. Las relaciones sociales significativas no requieren un uso intensivo de recursos materiales. Para los de mi generación (nací en 1945) y anteriores, los juguetes de papel y madera eran mucho más estimulantes para nuestro desarrollo que las pantallas digitales.
Pero incluso la tecnología actual necesita ser liberada para que sirva a nuestro desarrollo personal (sobre todo al de los jóvenes) y no al lucro de sus dueños. Las posibilidades de una vida tras la transición al decrecimiento se vuelven verdaderamente inspiradoras cuando nos damos cuenta de que hemos estado cargando con cadenas invisibles. La libertad realmente importa cuando conlleva justicia para todos, no solo para unos pocos. Decrecimiento es libertad y Justicia y representa un futuro más humano.
