En la anterior entrega de las Barcelonas introduje el tema que nos centrará a lo largo de este mes, por desgracia algo así como Historia de dos ciudades, aunque sin el peor y el mejor de los tiempos dickensianos.

La periferia puede ser centro y este último debería ser de verdad verde. No vale con lemas que reivindican la falsa e infinita vegetación de la capital catalana, menos aun cuando el eslogan huele a vehículo del alcalde Collboni, hábil, como esgrimí hará dos semanas, en hacer suyos ciertos aspectos del decálogo de sus adversarios a la izquierda, los Comuns, padres, guste o no, del concepto súper illa.

Esto puede ser una buena muestra del quiebro efectuado por el ayuntamiento socialista en el relato urbano. Hará cosa de cuatro años, los días pasan y de golpe nos damos cuenta, el concepto súper illa desataba furibundos debates tanto en los medios, la mayoría adictos al sambenito culpa de Colau, y la ciudadanía, poco informada y dividida a causa de los malos humos, pues muchos seguían empecinados en la hegemonía del coche por encima de los peatones.

consell de cent
| Jordi Corominas

Consell de Cent fue el gran triunfo del urbanismo del periodo, éxito duplicado porque la alcaldesa y sus personas de confianza supieron vender lo único de la idea, cuando es exigua en comparación con otras similares en Europa, fantásticas desde su aplicación, independiente a la fanfarria barcelonesa, tan aficionada a mirarse el ombligo como si no existiera nada más en el mundo.

Por lo pronto, y esto es un mérito harto evidente, Consell de Cent es el quilómetro cero de un sueño imposible junto a su indiscutible pareja, el carrer Girona. En ambos se produjo una metamorfosis de la mirada. De repente, algo insólito, el paseante podía ir por en medio de la calle y admirar el patrimonio no sólo modernista de estas vías tan significativas de la centralidad, factor que, desde mi humilde opinión, debería ser la punta de lanza hacia una verdadera revolución.

Hará meses la precisé en esta misma columna, pues no basta con peatonalizar dos calles. Debería cerrarse el centro al tráfico salvo en lo esencial, es decir, propiciar enlaces que permitieran alcanzar cualquier sitio en vehículos motorizados, no expulsados del meollo, sino relegados a una funcionalidad lógica, pues las ciudades deben ser para aquellos que las habitan, urgidos en nuestro siglo de sostenibilidad sin polución.

La reforma de Consell de Cent, innecesaria en los barrios al tener estos súper illas naturales entre arterias de circulación automovilística, supuso un incremento de votos para Barcelona en Comú en el Eixample, prueba de cómo esta formación no es la del progresismo de los barrios y más bien entronca con dinámicas visibles en otras latitudes. En Italia a este tipo de votante, al que le da igual la redistribución de la riqueza pese a creerse muy de izquierdas, se le llama radical chic. Suelen ser un consuelo porque activan, sin saberlo, palancas para un municipalismo útil en nuestra centuria.

consell de cent
| Jordi Corominas

El problema es que lo aplicado en Consell de Cent, y las papeletas recogidas, no tuvo traslación en los barrios, a los que los morados parecen haber renunciado, craso error, pues es donde se dirimen las victorias en Barcelona, siempre que el upper no se movilice en favor de Collboni, como se dio en 2023 con Trías.

Tener tantos partidarios en el Eixample por una medida en concreto no excluye que muchos residentes de toda la vida se hayan quejado a servidor por el aumento del precio de los alquileres, mal menor a simple vista para la burguesía local, asimismo preocupada porque en el tramo más caliente de Consell de Cent la sensación es de destierro.

¿De qué hablo? Vayamos por partes, que diría nuestro amado destripador. Nuestra protagonista de hoy se fragmenta, más o menos, en tres partes, como la Galia de Julio César. De Hostafrancs hasta Enric Granados, con su gloriosa glorieta, se aprecia un paulatino in crescendo de personal. Desde aquí hasta passeig de Gràcia transitamos por el preludio hacia la masificación, que justo después estalla estrepitosa y sin máscaras hacia la supremacía expat.

¿Cómo la percibimos? Lo mejor siempre es caminar para así coger el pulso de las problemáticas sobre el terreno. Lo idóneo, y mentiroso, sería deciros que la relativa abundancia de librerías en las proximidades, entre ellas la tercera La Central, es la prueb de una revolución en la que este sector del Eixample se ha renovado en pos del bien común, catapultado dentro de poco con la apertura de la Thyssen en passeig de Gràcia, perfecto al sabotear patrimonio a favor de beneficios paradigmáticos del capitalismo.

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| Jordi Corominas

Oh, cielos, qué sorpresa. Lo de los beneficios paradigmáticos del capitalismo es a lo que suena el último trecho de Consell de Cent, sobre todo para mayor gloria de los mal llamados expatriados, a quienes sus países no han mandado a nuestro ostracismo, dotado para los aborígenes de un irse de la ciudad por no poder pagar los alquileres que los Dickie Gteenleaf de nuestra centuria, lean a Patricia Highsmith, si pueden costearse.

También pueden pagar 12 euros por un trozo de pizza, creer que la calle es suya y transigir con el caos del civismo en este entorno, que durante un breve suspiro fue un oasis de paz, roto ipso facto, pues como me confesó una viandante ahora son muchas las personas que sienten pavor a andar por el medio al no tenerlas todas consigo por culpa de la ley de la selva o la autorregulación de los conductores de coches o bicis, que no van por ahí sólo por la carga y descarga.

Debería revisr la estadística para ver si se han registrado muertes. Por lo demás el verde abunda muy a lo Sinatra, a modo suo, casi mejor para la foto. Cada tarde noche relucen personajes sin el carisma de los mitos condales, son freaks de la posmodernidad, sin bigote nostálgico a la moda ni capuchas con el calor de estos meses, sólo almas perdidas en la place to be, un oasis que no debería serlo, un excepción sin capacidad de confirmar ninguna regla, sólo la de la fachada como sancta sanctorum, sin ambición de trascender la postal, huérfana al no extender sus tentáculos más allá de su precario dominio.

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Jordi Corominas i Julián

Ciudadano europeo y escritor. Mi último libro es «La ciudad violenta».

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