Pol Rodríguez, director de la serie Ravalear, conversa con nuestro director, Pere Ortín, sobre una historia que entiende el Raval como mucho más que un escenario de ficción. En la entrevista Rodríguez explica cómo él y su equipo trabajaron para evitar convertir las heridas reales del barrio —la desigualdad, la pobreza, la precariedad o las tensiones sociales— en simples recursos narrativos al servicio de un docuthriller atractivo, apostando en cambio por una mirada compleja y profundamente humana.
La conversación, como la serie, trata de desafiar las imágenes tópicas y prefabricadas que durante décadas han dominado el relato mediático sobre uno de los barrios más complejos, rebeldes y vitales de Barcelona. Frente a la caricatura o el sensacionalismo de los titulares, Ravalear reivindica los matices, el contexto, las contradicciones y la riqueza de un territorio que resiste mientras la ciudad parece perder gran parte de su vitalidad, de su energía.
Más allá de la ficción, Ravalear aborda con mirada crítica las grandes transformaciones urbanas que atraviesan el Raval: la presión inmobiliaria ejercida por los fondos buitre, la expulsión constante de vecinos de toda la vida y de quienes acaban de llegar buscando un futuro mejor; el impacto del turismo masivo o la economía vinculada al narcotráfico. Pero, más allá de la historia concreta de una familia y su restaurante Can Mosques, Ravalear también pone el foco en aquello que rara vez ocupa las portadas de los medios: la extraordinaria fortaleza de las redes de solidaridad vecinal, la memoria comunitaria y la capacidad de resistencia y de lucha de las gentes de un barrio que lleva, desde siempre, negándose a ser domesticado.

En la mejor tradición del cine que ha mirado al Raval con profundidad —desde De nens, de Joaquim Jordà, a En construcción, de José Luis Guerín—, Ravalear destaca por explorar los muchos grises que definen las contradicciones de una ciudad que vende al mundo una imagen de multiculturalidad sofisticada y cosmopolita mientras miles de sus habitantes luchan cada día por no ser expulsados de ella. Un diálogo imprescindible sobre la memoria y la identidad de la parte más rebelde de Barcelona y el poder del audiovisual contemporáneo para transformar la manera en que miramos la ciudad y a quienes la sostienen desde sus márgenes sin ser marginales.

