Hablar con Gerard Quintana siempre es enriquecedor, pero ahora, un mes después del estreno del espléndido documental Sopa de Cabra: Tornar enrere, lo es aún más. Con un tono sereno y reflexivo, el líder de la banda repasa no solo las reacciones que ha generado una producción nada condescendiente con su propia trayectoria, sino también la dimensión humana que florece dentro de un grupo que lleva más de cuatro décadas en activo.
El propio Quintana nos aclara cuál era el objetivo del retrato: «No queríamos buscar los momentos estelares, sino los de remontada, aquellos en los que había que volver a levantarse y en los que existía la posibilidad de que la banda se acabara». En este sentido, para explicar el espíritu del documental, el cantante recuerda una lección del presidente uruguayo Pepe Mujica que le inspiró: aquella en la que define el éxito, precisamente, como la capacidad de levantarse después de cada caída.
A lo largo de la conversación, el músico reflexiona sobre la gestión del fracaso y del triunfo, una experiencia indisociable de su profesión. Asimismo, planta cara a los estereotipos y los prejuicios que a menudo han rodeado al reconocido grupo de rock, y amplía la mirada para ofrecer una panorámica de la industria musical actual: desde el consumo de canciones en las plataformas en línea hasta el impacto de la inteligencia artificial en el negocio.
Especialmente punzante es su análisis sobre la relación entre poder y cultura; en concreto, sobre la instrumentalización y capitalización que el pujolismo hizo del éxito de la banda. «Nosotros —recuerda Quintana— éramos un constructo del poder y una herramienta de normalización lingüística. Se produjo una reacción y no queríamos formar parte de un circo».

