Si no conoces a Ibai Llanos se podría decir que vives en otro mundo. En uno diferente al mío y al de millones de personas, como mínimo. Ibai es un joven vasco residente en Cataluña que se desempeña como streamer, un creador de contenido en directo que ha emitido junto al Kun Agüero y Neymar y que ha entrevistado a Marc Gasol o a C Tangana. El caster elabora contenido adaptado a los nuevos tiempos y plataformas. De hecho, la mayor parte de su trabajo se puede ver en Twitch, la aplicación para streaming propiedad de Amazon.
Recientemente, a raíz de una polémica sobre qué creador era el más seguido en esa plataforma (en competencia con AuronPlay y El Rubius), Ibai criticó el alto nivel de acritud que se respira en las redes. Quiso dejar claro, de manera muy vehemente, que a él le parece genial el contenido que otros producen y que no es su objetivo competir a través de las estadísticas. Una muestra de juego limpio en una época en la que cotiza el enfrentamiento entre seguidores; entre fandoms.
La espontaneidad de su intervención causó revuelo en twitter. Un seguidor argentino, Lucas Requena, recogió el clip y compuso una canción titulada “Toxicidad fuera, mala vibra fuera”. Un documento que me parece sublime -y que va mucho más allá del mundillo gamer o streamer-. El vídeo, con más de 1 millón de visitas, se puede ver en este enlace.
Os preguntaréis por qué hablo de Ibai Llanos y el éxito viral del momento. En primer lugar, es evidente que hay que destacar la importancia de los creadores de contenido como un fenómeno que ha llegado para quedarse. No es una cuestión menor, sino una realidad que se consolida – de la mano de los problemas generacionales de la televisión tradicional-. Además, me interesa la mencionada toxicidad de las redes sociales. Muchos añoramos el antiguo twitter, donde era posible conversar con personas interesantes que en rara ocasión habrías podido conocer sin la existencia de ese medio. En cambio, hoy todo es diferente.
La red se ha convertido en un lugar de actividad gregaria, donde trolls y personas reales comparten espacio y trinchera. El debate ha sido desterrado en favor de la descalificación, la campaña negativa y la política de bandos. En este sentido, en los últimos años los algoritmos han jugado a favor de las fuerzas capaces de conseguir liderar debates, en negativo, que los benefician. El rol de Facebook o Whatsapp en las victorias de Trump y Bolsonaro es indudable.
Cataluña celebrará elecciones parlamentarias el próximo 14 de febrero de 2021. El procés fue un momento político de increíble efervescencia, que animó a múltiples colectivos e individuos a sumarse a las redes sociales y a politizarse a través de la interacción con los perfiles de partidarios y detractores de sus ideas. Eso puso a twitter en el centro de la conversación, magnificando su importancia y ofreciendo una visión parcial de la agenda pública. En la actualidad, si un catalán lee los periódicos, ve la televisión o se informa en twitter, percibirá realidades tremendamente diferentes. Polarizar, dicho en pocas palabras, es aún más sencillo en las redes que a través de los medios tradicionales.
No quisiera sumarme a aquellos que demonizan el progreso y que dicen “No al 5G” del mismo modo que en tiempos pretéritos dirían “No a la rueda”. Las redes -y todo lo que genera internet- son un elemento fundamental de nuestra sociedad. En la campaña catalana seguramente veremos a candidatas y candidatos promoviendo su discurso en Twitch, yendo más allá de la emisión en directo de Instagram, tan popular este 2020. Pero por este motivo cabe pedir a ciudadanos y a responsables políticos que destierren la toxicidad y lo negativo de las redes sociales. El mensaje, las estrategias y el esfuerzo comunicativo tienen que versar sobre el contenido de las políticas a desarrollar en un contexto de crisis sanitaria y económica.
Los actores políticos en la red, desde el más pequeño troll al canal de youtube de Pilar Rahola, tienen la responsabilidad de generar un debate adulto e informado. En cambio, nos encontramos cómo la cultura de la cancelación y lo corrosivo de las redes se instala también en el ámbito político. La Política, en mayúsculas, debería pregonar aquello de Ibai: toxicidad fuera, mala vibra fuera.

