Son tiempos convulsos para Ciudadanos. Justo cuando las encuestas y el contexto político parecían que hacían inevitable su llegada al poder, Pedro Sánchez se convertía en el Presidente de España después de la primera moción de censura exitosa en la historia democrática del país. A esto hay que sumar otros dos escollos: Pablo Casado se ha presentado como la versión alfa de Rivera, sacando los codos y obligando a Ciudadanos a clarificar su discurso. El segundo: Manuel Valls, el elegido para arrebatarle la alcaldía a Ada Colau, parece tener dudas sobre integrarse en el partido y prefiere montar una plataforma-partido al estilo de Ahora Madrid o En Marche, de Emmanuel Macron. Esto incomoda a la formación naranja, ya que no podrá atarlo en corto. Sólo hay algo peor para un partido político que tener un verso libre dentro del partido: que sea ambicioso. Y el ex primer ministro francés lo es. Y mucho.
La llegada de Manuel Valls como candidato de Ciutadans a las elecciones municipales del mayo del 2019 despierta una serie de preguntas en torno al alcaldable: ¿quién es Manuel Valls? ¿Qué es lo que piensa? ¿Es socialista, es liberal? ¿Cuál es, en definitiva, su ideología? Esta serie de preguntas son, paradójicamente, las que han acompañado a la formación naranja desde su fundación en Cataluña en 2005. Preguntas que, tras cuatro años de presencia en la política estatal, España ya empieza a responder. En Cataluña, sin embargo, ya hacía tiempo que lo sabíamos. Podemos afirmar, pues, lo siguiente: 1) Ciudadanos es un partido ubicado a la derecha en el eje ideológico 2) Ciudadanos tiene una visión igual o más centralizadora del Estado que el PP. 3) Ciudadanos flirtea con la nueva derecha populista europea.
La nueva derecha y los equilibrios ideológicos
Se puede decir que, hoy en día, la nueva derecha bebe del «liberalismo» de Steve Bannon, cerebro del auge y campaña de Donald Trump. La nueva derecha, a diferencia de la vieja derecha, no pregona las virtudes del libre mercado y del neoliberalismo económico, sino que representa un retorno a los postulados proteccionistas y de soberanía nacional. La nueva derecha tiene como foco de sus campañas los desamparados y perdedores del proceso de globalización, y lo hace siguiendo una estrategia que podríamos llamar populista. Grosso modo: dicotomización del electorado entre buenos y malos, creación de un enemigo interno o externo y fomento de un líder carismático. Ciudadanos da tumbos en este sentido, e ideológicamente ha pasado por diferentes etapas. Y es que si en aterrizar en la política española la sensación era que se trataba de un partido híbrido entre el PSOE y el PP, con ímpetu de modernizar y regenerar la política, el tiempo los ha ido escorando cada vez más hacia una derecha que tiene más que ver con el conservadurismo histórico del Partido Popular que con la socialdemocracia clásica.
Una de las herramientas que se utilizan para concretar la ideología de un partido político es la ubicación que hacen los votantes en una escala del 1 al 10, donde el número 1 sería «extrema izquierda» y 10 «extrema derecha «. Por lo tanto, según esta perspectiva, la ideología no se tiene o posee, sino que es un tercero el que te la otorga. El CIS lo recoge periódicamente en sus encuestas, por lo que podemos trazar la evolución histórica de lo que las personas encuestadas consideran respecto Ciudadanos. Los resultados nos dan muchas pistas sobre la evolución de la ideología del partido, o, como mínimo, de la percepción de la gente sobre la ideología de este.
Si nos fijamos en el barómetro de Enero de 2015, cuando Ciudadanos aterrizaba en la política estatal, la media de los encuestados lo situaban en 5.14. Tan sólo un 2.7% les otorgaban una calificación de 9/10. Es decir, en un inicio, Ciudadanos era percibido como un partido no muy alejado del centro a escala ideológica, y bastante alejado del Partido Popular. Además, tan sólo una minoría consideraba que fueran un partido de extrema derecha.
Ahora bien, la última encuesta del CIS, del Julio 2018, en la misma pregunta, le otorgaba una puntuación de 07:04. No sólo eso; un 20.7% de los encuestados considera que es un partido de extrema derecha (puntuaciones de 9 o 10). Según estas encuestas, la media de la población en 2015 era de 04:55, y en 2018 de 4:46; es decir, que la población no se ha escorado más a la derecha en absoluto. Si es cierta la hipótesis de muchos gurús de la ciencia política de que el partido que gana es el que conquista el centro del espectro ideológico, a Ciudadanos se le complican las cosas. ¿A qué puede deberse este escoramiento ideológico?
El eje nacional
Otra vez, en Cataluña no nos sorprende la pasión re-centralizadora de Ciudadanos. En Cataluña, uno de los leitmotivs de su agenda política era atacar directamente el sistema de inmersión lingüístico en las escuelas; un tema que cuenta con el amplio consenso de la comunidad educativa, y que se ha demostrado una herramienta válida para la movilidad intercalasses sociales. Pero España ha tenido que esperar hasta el estallido del conflicto independentista para verle el verdadero rostro la formación naranja.
Por un lado, la pasión con la que los diputados y diputadas apoyaron el artículo 155 no los diferenciaba para nada con la bancada de los populares; la estrategia era compartida: hacer de la irresponsabilidad política hacia Cataluña la bandera de la política en el resto del Estado. Últimamente, esta irresponsabilidad política ha tocado un techo peligroso: ver a Albert Rivera e Inés Arrimadas convirtiendo la política de sacar lacitos en un gesto político, al tiempo que reivindica que la ciudadanía haga lo mismo, muestra una voluntad cínica (para sobreponerse a un posible rédito electoral en temas de Estado) de avivar el conflicto político.
Ciudadanos como flotador del régimen
La llegada en 2014 al panorama nacional coincidía con un Podemos dispuesto a asaltar los cielos y que entraba en tromba con el empuje de una ciudadanía harta del sistema político y de su respuesta ante la crisis económica. Con un Partido Popular hasta las orejas de corrupción y un partido socialista en descomposición interna, Ciudadanos apareció como maná de los cielos a ojos del IBEX y de las clases acomodadas del país; las palabras de José Oliu, pocos meses antes ( «lo que necesitamos es un Podemos de derechas») se habían demostrado proféticas.
Había llegado un partido que no cargaba con la lenta y pesada carga de la corrupción y que venía a «regenerar». La pretendida ambigüedad discursiva de Ciudadanos, que no se definían «ni de izquierdas ni Derechas» ha ido revelando, con el tiempo, su música: apoyo a las bajadas de IRPF, voto no favorable a la eliminación de las puertas giratorias ni a la subida de las pensiones … Una música que ya conocemos: la derecha de toda la vida.
La herencia con la desmemoria
«La Guerra Civil fue una guerra entre hermanos y la Transición selló su paz», vendría a ser el marco genérico del que no querrían salir. A Ciudadanos no le interesa hablar del pasado. Como fuerza política que dice estar dispuesta a regenerar la política contemporánea, los debates en torno a la herencia que España tiene con su pasado le obliga a enfangarse y a posicionarse, supuestamente, con uno de los dos «bandos». Es en este bloque donde hemos visto la cara más conservadora del partido.
En marzo, la Mesa del Congreso, contando con los votos del PP y Ciudadanos, impidió la tramitación de la proposición de Ley presentada por Pedro Sánchez (con el apoyo de Podemos y los partidos independentistas catalanes) para reformar la Ley de Memoria histórica. Una ley que hubiera llevado a cabo la identificación de fosas comunes, la exhumación de cunetas y la indemnización a las familias que lucharon defendiendo la democracia.
El argumento, esta vez, era que esto supondría un aumento del presupuesto que no se podían permitir. Hay muchos otros ejemplos: desde negarse a eliminar la Ley de Amnistía, que hubiera capacitado investigar los crímenes del franquismo, hasta votar en contra, en Febrero del 2017, de una proposición no de ley que instaba al gobierno investigar la Fundación Nacional Francisco Franco. No hay equidistancia en la memoria; sólo vergüenza o dignidad.
C ‘s y Manuel Valls
Sea cual sea la fórmula con la que Manuel Valls y C ‘s se pongan de acuerdo, el pensamiento de Valls quizás ayude entender la ideología de Ciudadanos. Ex-primer Ministro francés bajo Hollande entre marzo de 2014 y septiembre de 2016, nace de la rendija de la socialdemocracia moderna. El giro de la socialdemocracia de Tony Blair, la llamada «Tercera Vía», ha ido acercando a los partidos socialdemócratas europeos (pero también en Estados Unidos) hacia postulados que pretendían armonizar el socialismo con el liberalismo.
Pero con los procesos de globalización y el aumento global de las desigualdades, los perdedores de estos procesos han ido perdiendo la fe en que las siglas de los partidos socialdemócratas les harían la vida un poco más sencilla. De esta rendija han nacido algunas ramificaciones tanto por la derecha como por la izquierda: Si Podemos bebe de este agujero de la socialdemocracia por la izquierda, Valls (como Emmanuel Macron) llegan por el otro lado. Valls se define de izquierdas, ya que proviene de la familia socialista. Pero, ¿qué izquierda?
Una izquierda que reclama que se endurezcan las fronteras y se persiga la inmigración ilegal. Ya en el año 2014 Valls, como Primer Ministro, fue el foco de críticas por sus declaraciones culpando a los gitanos franceses de los «problemas de integración», asociarlos a la mendicidad y la delincuencia, y afirmar que las soluciones pasaban por el desmantelamiento de los campamentos y las expulsiones. Encajan, pues, Valls y C ‘s en este punto.
Una izquierda que considera que el discurso del Rey Felipe VI el día 3-O fue un muy buen discurso, que el independentismo es «guerra» y que los hechos sucedidos el día de la DUI del 27 de Octubre justifican los encarcelamientos de políticos. Pero el hecho de que lo exprese con la tranquilidad del convencimiento en la tradición jacobina y no desde el discurso de la confrontación de las dos Españas, blanquea ligeramente el discurso de Ciudadanos en un momento donde la competición por la derecha con Casado los desgasta.
Así que Valls entrará en la pugna por Barcelona, representando esta izquierda a la derecha de la socialdemocracia. Una izquierda tan izquierda como Ciudadanos. Porque más que la nueva izquierda, de lo que se trata es de la «nueva» derecha.

