Las series y el cine son los grandes protagonistas del ocio cultural y ahora, en tiempo de confinamiento, también suponen una gran parte de nuestro día a día. El imaginario que generan estos productos, pues, va asentándose en la conciencia creando creencias que se convierten en realidades. El racismo es una de esas realidades. Y no es necesario que un producto sea directamente discriminatorio con un colectivo, sino que este racismo lo encontramos en la ausencia de la diversidad o en personajes racializados que están para la «cuota» sin aportar nada a la trama, o que fomentan estereotipos.
Y el racismo no queda ahí, sino que también lo encontramos tras bambalinas: cuesta encontrar personas de ascendencia diversa entre guionistas, productoras, realizadoras, cámaras… Y cuando las hay, a menudo son «más precarias que las personas blancas. No es sólo lo que se ve en la pantalla o sobre el escenario: también falta representación detrás de los proyectos artísticos. Es un racismo sutil, pero nuestras historias, para las personas blancas, no tienen el mismo valor», opina Mercedes Roses, miembro de Catàrsia.
Este colectivo de asiáticodescendientes, que trabaja por la visibilización y la actuación contra el racismo, ha puesto en marcha, con el apoyo de la Xarxa Barcelona Antirumors y la Sala Fènix, la campaña ‘El racismo en el mundo artístico‘. Mediante cápsulas de vídeo, Junyi Sun, Xirou Xiao, Kim Hernández, Sònia Masuda y Marina Martínez, cinco jóvenes artistas de ascendencia asiática, denuncian las diversas discriminaciones que se han encontrado en sus profesiones.
Estos vídeos, de al rededor de un minuto, hablan de los imaginarios, las representaciones que crea la cultura, la falta de acceso, la precariedad o la instrumentalización de los artistas racializados. De la «diversidad como estrategia comercial», afirma Roses. Y es que según denuncian los artistas al vídeo, muchas veces se han sentido como «el elemento exótico», aquél, físicamente diverso, que da buena imagen a la producción. «A veces sienten que son contratados por la foto y no por su aportación creativa», asegura Gaëlle Patin, responsable del programa Diversidad e Interculturalidad de Casa Àsia, entidad miembro de la Xarxa Barcelona Antirumors.
Las pantallas, ¿reflejo de la sociedad?
Este racismo e invisibilización sistemática crean un «reflejo de la sociedad equivocado del que la sociedad, a nivel educativo, se alimenta y crea imaginarios erróneos», apunta Patín, quien cree que la sociedad no es inclusiva con la realidad diversa. Y esto se demuestra, entre otras cosas, con las «trampas en las carreras profesionales» y la brecha salarial que existe entre personas blancas y de ascendencia migrante.
Así, estos vídeos buscan poner luz sobre ciertas realidades que ayuden a crear otro imaginario colectivo, que incluya todas las diversidades. «El racismo siempre ha estado entre nosotros», afirma Roses, quien teme que las discriminaciones en las personas racializadas se agraven con la crisis que sufre y sufrirá el sector cultural, a raíz del coronoavirus. «Notaremos las consecuencias. Ya las notamos», afirma.
La cultura en esta crisis ha tenido un papel fundamental a la hora de compartir creaciones, hacer más ameno el tiempo libre y crear comunidad. «Ha ayudado a la gente a soportar la difucultat y hemos visto que es parte de nuestro crecimiento», dice Patin. Pero, estos días que hemos consumido más cultura que nunca «nos damos cuenta de que no tenemos referencias», sentencia Roses.
Así, preguntada sobre algunas propuestas culturales para lo que nos queda de confinamiento, Mercedes Roses, de Catàrsia, recomienda The half of it (Netflix), dirigida por una mujer asiática y lesbiana y que tiene como protagonista a una joven asiática y lesbiana. Sobre las tablas, nos recomienda el colectivo Tinta Negra, de actores y actrices afrodescendientes. Y para un rato de lectura, la revista Pai Pai Mag.

