Barcelona se está situando como una de las ciudades de referencia del mundo en términos de urbanismo, según el diario británico “The Times”. La transformación de las calles del Eixample en calles “verdes y amigables por los peatones, libres de coches” estaría liberando la ciudad de la “densidad medieval” en la que se encuentra.
The Times valora positivamente la expansión del proyecto de las super-islas como una manera de “hacer permanentes” los cambios morfológicos en la ciudad “para devolver las calles a la gente”. Como Barcelona, Londres, París, o Milán estarían siguiendo las huellas de las modificaciones urbanísticas que hace pocos años se iniciaron con el primer mandato de Ada Colau.
El periódico destaca el esfuerzo hecho por la administración durante la pandemia, a la vez que alienta al resto de las ciudades del mundo a seguir “el ambicioso ejemplo” marcado por la ciudad condal. Así, y tal como apunta en el artículo, Barcelona estaría liderando, ciento sesenta años después de la aplicación del Pla Cerdà, “otra revolución en la urbanización”.
Hay que apuntar, pero, que el análisis que se realiza no entra a valorar el que posiblemente sea el principal problema de Barcelona, y de las ciudades españolas en general: la falta de un parque público de vivienda lo suficientemente amplio para garantizar el derecho a la vivienda para toda la ciudadanía.
Cerdà, ciento sesenta años después: un referente internacional
Idelfons Cerdà es uno de los personajes históricos más importantes de Barcelona, y una pieza clave para comprender el desarrollo urbanístico de la capital catalana.
Si tantas veces el discurso de la vivienda en España durante los siglos XVIII y XIX se constituyó a través de las influencias extranjeras – principalmente británicas y francesas –, el pensamiento de Cerdà, ejercido desde España, se convirtió en un referente internacional.
Es cierto que la base principal del modelo urbanístico —la división de la urbe en forma cuadricular— ya había sido puesta en práctica por los militares y colonos europeos en diferentes ciudades de América a partir del siglo XVI, pero hay elementos que son exclusivos del pensamiento de Cerdà y, como tales, tienen que considerarse como una verdadera invención, propia de la originalidad llena del pensamiento de su autor.
Sin embargo, cuando Cerdà presentó su plan de remodelación del ensanchamiento de las calles de la ciudad se encontró con la oposición del estamento militar de Barcelona, que hubiera preferido optar por el modelo presentado por Rovira y Trias, un modelo que imitaba de manera más fidedigna los planteamientos urbanísticos de París de la época. Este, ideado por George Eugène Haussmann, tenía como objetivo principal facilitar la circulación de las fuerzas de la orden para sofocar posibles disturbios populares.

Cerdà, por su parte, – y a pesar de que también destacaba la importancia del urbanismo en el sentido mencionado -, también pretendía generar un modelo urbano que priorizara la eficiencia en el transporte, la interacción entre ciudadanos y la creación de espacios verdes, un conjunto de ideas que se enmarcaban dentro del “liberalismo igualitario” que promovía.
Paralelismos con el momento actual
El proyecto del Pla Cerdà se aprobó por Real Decreto el 31 de mayo de 1860, ahora hace ciento sesenta años. Los procesos de ensanchamiento de las ciudades fueron una constante en las ciudades europeas durante el siglo XIX, que se iban deshaciendo de las viejas murallas que las habían protegido durante siglos para incrementar su volumen y poder construir viviendas para una población que crecía exponencialmente.

De aquellos procesos de urbanización al momento actual hay dos paralelismos evidentes: el primero, la necesidad de abordar el ya llamado “problema de la vivienda”. Hace poco más de un siglo y medio que las principales urbes españolas sufrieron un crecimiento poblacional sin precedentes, pero los bajos salarios y la inexistencia de un parque de vivienda pública dejaba a una parte importante de la población con una importante situación de vulnerabilidad y precariedad. Hoy, en medio de una nueva crisis económica, los desahucios representan la cara oscura de una ciudad aplaudida internacionalmente por sus proyectos de reforma urbanística.
El segundo paralelismo es la preocupación higiénica: Barcelona, a mediados de siglo XIX, se convirtió en el motor industrial del país, pero el aumento poblacional y el desarrollo industrial llevaron un problema nuevo para la ciudad, desconocido hasta entonces: la insalubridad de las viviendas y de los puestos de trabajo. La preocupación por la higiene se convirtió en la principal preocupación de las clases acomodadas, que potenciarían ideas y modelos de construcción que priorizaran una mejor ventilación del aire.
Hoy, el principal motivo para llevar a cabo toda la serie de modificaciones urbanas vienen marcados por la conciencia y necesidad de respirar un aire más limpio, una necesidad que se ha visto acelerada a causa de la crisis sanitaria de la covid en la cual estamos inmersos.


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