Forma parte de BComú desde los inicios de la formación en el año 2014, donde se incorpora la Asamblea del Barrio de San Antonio.¿ Qué hacía el Enric pre-política?
Trabajaba en una empresa de turismo en línea, en temas de usabilidad en páginas web. He trabajado mucho en el tema turístico.
¿Cuál era su relación con la política antes de 2014 – si es que tenía alguna?
Había trabajado previamente en un Ayuntamiento del Pirineo durante tres años haciendo de Agente de empleo y desarrollo local, pero no participaba políticamente en ninguna organización porque no me sentía identificado en ningún partido. Este es el motivo. Fue precisamente cuando aparece el manifiesto de BComú que digo: ostras, alguien está diciendo lo que pienso desde hace muchos años y que nadie decía. A partir de entonces, Ada Colau viene a la plaza de Sant Antoni, e invita a los vecinos a bajar a la plaza. Yo fui uno de los vecinos que bajé. A partir de entonces es cuando empieza mi participación en política.
Entra en política en los inicios de lo conocido como «nueva política», este significante que flotó con fuerza una buena temporada. Ahora, la generación de la «nueva política» ya lleva cinco años normalmente al frente de las instituciones. ¿Qué cree que queda de esa generación pasado un tiempo, y qué cosas cree que se han ido adaptando por la fuerza propia de la política institucional?
De lo de cuando yo bajé a la plaza, pues, toda esta energía y ganas de transformar la ciudad, de hacer las cosas diferentes y, sobre todo, de hacerlas colectivamente. Que el eje de la política tenía que pasar de los despachos a la calle. Y esto sigue tan vigente como el primer día.
Al mismo tiempo, y ya con la segunda legislatura en el Ajuntament, ya ha habido tiempo para darse cuenta del contraste entre expectativas y realidad. Es evidente que hay un aprendizaje. Al entrar en la institución se descubren muchas dinámicas de las que éramos ajenos.
Esto genera un choque pero también una revolución en los modos de hacer, y un Ajuntament como el de Barcelona es un trasatlántico. Hemos tenido que ir aprendiendo algunas formas de las que no éramos tan conscientes, pero yo no lo veo como negativo este aprendizaje. Te da más visión, y, por tanto, más capacidad de cambiar las cosas y vas adaptando las expectativas que tenías a las posibilidades.

¿No provoca desilusiones?
Muchas veces es frustrante, porque la administración va mucho más lenta que las necesidades de la calle, pero es evidente que hay que respetar los procedimientos legales. Otra cosa es que tú hagas todo lo posible para ser creativo, potenciarlos y acelerarlos.
Pienso que un discurso propio del municipalismo – sobre todo el del municipalismo de la «nueva política» ante el fenómeno de la globalización – es precisamente poner freno a esta tendencia expansiva del neoliberalismo. ¿Qué rol crees que jugará el municipalismo en la política del futuro?
Pues sí, ciertamente, los municipios están llamados a jugar un papel clave en la política del futuro. Lo que nos ha enseñado la globalización es que los estados tienen menos capacidad, y las grandes corporaciones y grandes poderes tienen más. Pero la capacidad de transformar desde el día a día, desde la proximidad, es muy grande. Los municipios son los que mejor y más rápido están dando respuesta a las situaciones de crisis, y los vecinos y vecinas se refieren, porque saben que les responde. Con la pandemia se ha demostrado que el municipalismo es más necesario que nunca. Tenemos por delante el reto de dar respuesta al reto de la proximidad. Entonces, mi convicción como municipalista practicante es que la política desde lo local está llamada a tener un papel principal, aunque los Estados no siempre quieren dejar jugar.
También, por cierto, a los nacionalismos que aspiran a un Estado. Ante la construcción identitaria nacional y polarizadora, el espacio municipalista es integrador y plural.
La administración va mucho más lenta que las necesidades de la calle, pero es evidente que se tienen que respetar los procedimientos legales
Dos de estos frentes donde está jugando el municipalismo de izquierda es la recuperación de competencias que estaban en manos privadas. Dos ejemplos donde el Ajuntament se ha encontrado con impedimentos «fácticos» serían la energía y el agua. ¿Cuál es ahora mismo la situación respecto a estos dos campos.
Primero, sobre estos servicios básicos, lo que hemos hecho es determinarlos como necesidad básica para evitar los cortes. Lo siguiente es el intento de remunicipalizarlos o de crear estructuras públicas de gestión. Y aquí está la Eléctrica municipal «Barcelona Energía», y el intento de remunicipalizar el servicio del agua.
Que no ha salido bien.
No. No lo hemos conseguido con aquella sentencia que fue revocada, pero lo seguiremos intentando. Será mucho más difícil y evidentemente se deberá indemnizar a Aguas de Barcelona, pero es una necesidad que muchas otras ciudades han hecho. Tendremos que mirar otras fórmulas, pero siempre con el objetivo de incrementar el poder de decisión y control de los vecinos y vecinas de Barcelona.
Cuando Barcelona salió de la primera ola de la Covid, se despertó con una serie de modificaciones urbanas – nuevos carriles bici, pilones, etc. -. ¿Bajo qué criterios técnicos se efectuaron?
Los carriles bici y el urbanismo táctico son herramientas para construir la ciudad futura que queremos, que debe ser una ciudad que haga frente al cambio climático, que cuide la salud de los vecinos y vecinas, y una ciudad que democratice el espacio público, hoy más necesario que nunca.
¿Por qué es más necesario ahora que nunca? ¿Qué significa democratizar el espacio público?
Un ejemplo muy claro: el coche sólo representa el 20% del total de los desplazamientos que se hacen en la ciudad, pero ocupa el 60% del espacio público. Hay un claro desequilibrio. Lo que estamos haciendo son políticas para equilibrar y devolver lo que estaba perdido. Otro ejemplo sería el «protegemos las escuelas», donde aproximadamente setenta escuelas de Barcelona han protegido sus entornos, sacando los coches, para facilitar la circulación de los niños. Esto es democratizar el espacio.
Para aclarar dos conceptos que están de moda: ¿qué es el urbanismo táctico?
El urbanismo táctico es una de las herramientas para llegar a esta ciudad futura que deseamos. Son actuaciones rápidas y de bajo coste que nos permiten transformar espacio en muy poco tiempo. Viendo el impacto que tienen permiten una posterior evaluación colectiva de los diferentes usuarios para poder acabar adaptando ese espacio de manera definitiva. Es una herramienta muy útil porque te permite evaluar los posibles beneficios de una manera muy racional. Esto se puede ver en la supermanzana del mercado de Sant Antoni. Hay una parte que está consolidada alrededor del mercado y luego hay diferentes acciones donde pocos elementos liberas mucho espacio que se llena de vida enseguida.
Delante de la construcción identitaria nacional y polarizadora, el espacio municipalista es integrador y plural
¿Y pensar el espacio desde una perspectiva de género?
El espacio desde una perspectiva de género, es pensar el espacio público para crear redes comunitarias. Mi madre jugaba a pelota en el Eixample frente a su casa. No es normal que lo hayamos perdido. El urbanismo con perspectiva de género es esta línea de democratizar el espacio público, es decir: muchas veces la ciudad se ha pensado desde quien tenía el privilegio y el poder – principalmente los hombres de una edad y de una clase social – y por eso se ha ido privilegiando un uso como el coche o cierto modo de concebir las calles. Por el contrario, se ha pensado muy poco en los niños, en las mujeres, en colectivos inmigrantes. Esto sería el urbanismo con perspectiva de género, que no es sólo desde la perspectiva de las mujeres, sino de perspectiva feminista.
¿Cree que este tipo de discurso sobre el urbanismo, poco a poco, se está convertiendo en el discurso hegemónico, es decir, compartidose por una multiplicidad de actor ideológicamente no alineados? Lo digo porque en el Consistorio, en estos temas, a menudo se cuenta con el apoyo de Junts per Catalunya.
Absolutamente. Hay un consenso. Muchas medidas las vota ERC, JxCAT, y en general la centroizquierda. Porque hay una cuestión que es esencial: recuerdo cuando debatíamos con los partidos sobre la primera supermanzana, al fin y al cabo, todos sabían que todo el mundo acabaría deseando tener una supermanzana porque es tan de sentido poder respirar aire limpio, poder dormir por la noche sin ruido, poder bajar a la calle y hacer vida comunitaria… es tan obvio que todo el mundo acaba queriendo aquello.
No sólo eso, sino que parece que los comerciantes también están a favor.
Exactamente. Están a favor por razones obvias, también: si hay más gente paseando tranquilamente, hay más vida económica. Tiene muchas ventajas. Al final la evidencia empírica ha ayudado a acabar convenciendo a la gente que son medidas donde todos ganan.

Menos los conductores…
Bueno, pero es que los conductores también son peatones. También son empresarios con pequeñas tiendas, y también son padres y madres que quieren que sus hijos puedan jugar con tranquilidad en la calle. Pero es que además no se trata de eliminar el coche, sino de reducir su uso. No es una cruzada, es una política para liberar espacio y mejorar la calidad del aire.
Cambiemos de tercio. Estamos inmersos en estas medidas de excepcionalidad. Una de ellas es el toque de queda que, si bien perjudica a todos en general, lo hace de manera especial con los sin techos. ¿Qué medidas se están llevando a cabo en este sentido?
Lo que no es normal y no tiene ningún sentido es que a las 9 de la mañana los Mossos vayan a desahuciar a gente a su casa y a las 22 de la noche te multen por no estar en casa. Esto es un sin-sentido. Aquí es donde se demuestra que hay un problema estructural y que se están dando respuestas sobre la marcha.
Barcelona, y el gobierno de BComú, ha hecho un esfuerzo extra en triplicar el presupuesto por sinhogarismo, y este año hemos hecho un aporte extra de 15 millones. En el año 2020 se habrán dedicado un total de 50 millones. Piensa que durante la pandemia se pusieron seis equipamientos de emergencia con 700 nuevas plazas. De éstas, 700 se añadieron a las 2200 que el Ajuntament y las entidades coordinadas en la red de atención de personas sin hogar ya ofrecían antes de la pandemia en Barcelona.
No será nunca suficiente, para que el problema radica en el hecho de que tenemos una fábrica de sinhogarismo estructural. También debemos exigir a la Generalitat que haga su parte, porque no puede delegar sólo en el Ayuntamiento de Barcelona. La Generalitat tiene en total 180 camas por 2900 del Ajuntament. Se debe dar una respuesta colectiva.
Hablamos de vivienda, pues, que sería una de las causas estructurales a las que se refería. ¿Qué rol, posibilidades y competencias tiene el Ajuntament de Barcelona en atizar el problema de la vivienda?
BComú nació con la cuestión de la vivienda y el alquiler como uno de sus puntos centrales. Yo mismo fui activista en este campo. Este es el Ajuntament que más ha hecho por la vivienda en la historia de la democracia.
Hemos actuado en cuatro líneas. La primera, en atender la emergencia de la vivienda que había a través de la creación de la Unidad Anti-Desahucios, que el año pasado detuvo más de dos mil, y actualmente se están deteniendo alrededor del 90% de los lanzamientos también con colaboración con los movimientos vecinales. La segunda, es intervenir para hacer los cambios legislativos necesarios, conjuntamente con fiscalía, que permita detener expulsar gente que tiene condiciones sociales de vulnerabilidad. La tercera es regular el mercado, del alquiler, que es un objetivo primordial para BComú. Y, cuarto: crear más vivienda social. El año que viene habrá más de dos mil pisos en construcción, hemos intervenido en setenta y seis solares en Barcelona y estamos acelerando el parque de vivienda con módulos prefabricados de bajo coste y rápida construcción.
Precisamente parte de la crítica que se le hace a la política de vivienda del PSC durante las décadas de los ochenta y los noventa es que gran parte de la vivienda pública que construyeron era de compra.
Efectivamente.
Entonces entiendo que la perspectiva de BComú es que el nuevo parque público de vivienda vaya destinado al alquiler.
Esto es: priorizar la vivienda social y de alquiler.
Una competencia propia de las comunidades autónomas es el impuesto de sucesiones, que, pese a tener un impacto radical en la distribución de viviendas, está desaparecido del debate público.
Nosotros tenemos una idea clara del impuesto de sucesiones como una medida para avanzar hacia la igualdad de oportunidades. Creemos que hay que subir, dentro de unos límites razonables. La vivienda hoy en día es uno de los principales factores de empobrecimiento de la gente, y, también, de mantenimiento de patrimonio.
Los nuevos presupuestos del Estado tienen cosas muy buenas en este sentido, ya que se incrementan los impuestos a las grandes fortunas, que esperamos que ojalá los próximos años siga creciendo.
No es normal y no tiene ningún sentido que a las 9 de la mañana los Mossos vayan a desahuciar a gente a su casa y a las 22 de la noche te multen por no estar en casa. Esto es un sin-sentido
Hablando de los presupuestos generales del Estado, también se intenta acabar con las SOCIMI.
Es que es muy importante cambiar la fiscalidad de las SOCIMI. Las SOCIMI son uno de los elementos de actuación sobre patrimonio que se creó en la anterior crisis económica. Son fondos de inversión que expulsan a la gente de casa y que, además, no pagan impuestos. Actuar sobre las SOCIMI representa un cambio de paradigma que nos debe servir para luchar contra el problema de la vivienda.
(Para más información sobre el que son y cómo funcionan las SOCIMI, consultar aquí)
Una de las medidas de excepcionalidad que ha decidido aprobar el Ajuntament de Barcelona es la ampliación del espacio para las terrazas. Son cambios que perdurarán más allá de la pandemia?
Lo primero que se debe hacer desde la política es tener empatía. Tener empatía significa – más allá de las propias convicciones – entender las situaciones como la que tenemos ahora. Y, evidentemente, si bien en algunos lugares teníamos un exagerado número de terrazas como era el caso de Ciutat Vella que había que poner bajo control, muchos negocios, por las restricciones que prohíben abrir los locales, requieren las terrazas para sobrevivir.
Muchos son autónomos y pequeños bares de barrio que quizás no sobrevivirán si no tienen estas mesas. Sabiendo también que los bares son un elemento central para hacer vida en la ciudad, lo que hemos decidido es sacarlos de los aparcamientos de coche, que eran los que más privilegios tenían. Se quiere atender una necesidad y salvar un sector. No debemos sacar espacio público de los peatones.
Entonces, y en relación con la segunda pregunta, ya veremos si cuando pase esta situación se requiere una progresiva restauración de la situación anterior. Hacer ahora previsiones es muy complicado, y lo que tenemos que hacer ahora es dar respuesta a las necesidades del momento. En todo caso, lo que se ha demostrado con la pandemia es que el municipalismo es más necesario que nunca. Tenemos por delante el reto de dar respuesta al reto de la proximidad.


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