El dispositivo cinematográfico de los hermanos Dardenne es tan difícil de revelar como la distinción entre Jean-Pierre y Luc, el mayor y el menor. Es un poco como distinguir el uno del otro cuando los cruzamos. En el Festival Lumière de Lyon 2020 (10-18 de octubre), recibieron el premio de honor en una extraña edición en la que la realidad superó la ficción por diversas razones. Pero con la suerte de haberse podido celebrar entre dos olas de coronavirus. A través de sus presentaciones, su clase magistral, sus discursos en la entrega del premio y su conferencia de prensa pudimos desvelar este mecanismo tan preciso que transforma episodios de vida de gente ordinaria en una bocanada de aire fresco y que ha hecho de su cine una marca distintiva donde nos creemos sumergidos en la misma historia que los personajes. No se trata de documentales, pero poseen su fuerza aprovechando todas las posibilidades de las imágenes proyectadas que los hermanos Lumière inventaron hace 125 años.
No es por casualidad que formen parte del reducido club de cineastas que han ganado dos Palmas de Oro (Rosetta, 1998; L’enfant, 2005). Tuvimos la oportunidad de descubrir en una retrospectiva inédita casi todos sus documentales de finales de los años setenta, principios de los ochenta cuando volvieron a su ciudad natal belga de Seraing, en los suburbios de Lieja, para dar testimonio de un descalabro en la población después de la crisis industrial y que su cámara ya no ha abandonado nunca. Haciendo universal ese día a día tan personal y tan particular. Un escalofrío atravesó el último fin de semana del festival cuando se supo el asesinato del profesor Samuel Paty en la periferia de París degollado por un fanático religioso por haber mostrado en clase las caricaturas de Mahoma. Nada alejado de lo que explica Le Jeune Ahmed (Premio a la dirección en Cannes en 2019), la última película de los hermanos Dardenne, que tiene como protagonista a un joven en Seraing fanatizado por un imán que quiere matar a su profesora.
Rosetta (la actriz que la encarnó a los 18 años Émilie Dequenne estaba presente también en Lyon) y Le Jeune Ahmed, con veinte años de diferencia, sirvieron de hilo conductor para los intercambios con los realizadores en un resumen que os ofrecemos empezando por la pregunta que nosotros les hicimos sobre su paso del documental a la ficción y acabando por sus dos maravillosos discursos que pronunciaron en la ceremonia de entrega del premio. En este trabajo de análisis de su investigación cinematográfica a partir de las grabaciones, incluso hemos conseguido distinguir la voz más aguda de Jean-Pierre de la más grave de Luc.

