No hay que ser un experto en historia o en literatura castellana para estar familiarizado con la figura del Cid, puesto que su famoso cantar de gesta «El Cantar del Mío Cid» nos lo han explicado a todos y todas en algún momento de nuestra formación académica.
La serie que se estrena el 18 de diciembre promete explicar al espectador «la historia del hombre detrás de la leyenda». Con esta simple frase, lo que se le promete al espectador es alejarse de la obra literaria y acercarse al personaje histórico. Si bien es cierto que todavía no ha salido la serie y no puedo hacer una crítica atacando la supuesta veracidad de esta, lo que ha prometido el tráiler y las imágenes promocionales presentadas no han generado (a los historiadores y a una servidora) ningún tipo de confianza.
Recordemos que Rodrigo Díaz, El Cid, vivió entre 1048 y 1099 y es una de las figuras más conocidas de la mal llamada Reconquista, es decir, de los movimientos militares cristianos para conseguir parte del territorio que formaba parte de territorio musulmán, en aquel momento periodo del Reino de Taifas (1031-1237). (Gavaldà, 2019)
En los pocos minutos de tráiler que se nos muestran encontramos varios elementos anacrónicos que, si bien no pueden hacernos dudar que el objetivo de Amazon (y director, guionista, producción) sea «Explicar la historia del hombre detrás la leyenda», nos muestra que en ningún caso hacer una buena aproximación y periodización ha sido uno de sus objetivos.
Así, por ejemplo, en los pocos minutos de tráiler ya encontramos espadas con decoraciones anacrónicas, más bien celtas, nada parecidas a las de la Baja Edad Mediana (F. Alonso, 2011). También encontramos este tono gris y sucio con que el mundo cinematográfico retrata siempre este periodo histórico, así como uno de los elementos que hicieron despertar el malestar de muchas personas: una bandera española.
Si bien es cierto que enseguida nos apuntaron que no es la bandera rojigualda la que aparece al tráiler sino la del pendón de Castilla, esto también constituiría un anacronismo, pues dicho estandarte no se constituye hasta el siglo XII. (Asociación Socio-Cultural Castilla, 2019)

Otro de los aspectos a comentar podría ser esta insistencia a representar la Edad Media como un periodo sucio y oscuro, hecho que no deja de ser una construcción literaria que hicieron los renacentistas y que ha sobrevivido hasta nuestros días. Cuando vamos a las fuentes de la época, las artistas nos muestran códices con una grandísima riqueza de colores, y las fuentes escritas y arqueológicas nos hablan de la costumbre de tomar baños y mantener una buena higiene durante la Edad Mediana.

Siguiendo con las cuestiones anacrónicas, esta semana nos han empezado a aparecer carteles con los principales personajes de la serie.

No hablaré de la ropa porque no tengo suficientes conocimientos, pero la coraza de Don Sancho se asemeja más al que llevaban los príncipes del Renacimiento según las fuentes que a cualquier indumentaria que pudieran llevar en el siglo XI. Por otro lado, en la presentación de los personajes de Urraca y Sancho, estos aparecen sentados en un –, aparecen sentados en un trono o silla de madera de estilo gótico flamígero o radiando (de entre finales del siglo XIV y principios del XV), con un tapiz de fondo que dudo si encuadrar en el renacimiento o en el barroco, y con unas joyas completamente anacrónicas.

De este modo, parece que tendremos «la historia del hombre detrás la leyenda», pero ambientada cuatro siglos después. En las imágenes podéis ver el estilo de los tejidos del siglo XI, la joyería de la época (Copa de Doña Urraca) y como era el mobiliario noble de época románica.
Pero todos estos hechos son detalles sin importancia si vamos a lo que de verdad nos tendría que preocupar: el hecho de ver como en el año 2020 se ha apostado desde una gran plataforma para realizar una serie que está al servicio de la creación de un relato nacionalista o patriótico.
La lengua y la cultura siempre se ha utilizado para vincularse en un territorio y para crear una identidad Nacional, pero nunca se habla de cómo se ha usado la Geografía y la Historia para hacer siempre este trabajo y que, de hecho, fueron introducidas al currículum escolar precisamente con este objetivo.
Esto no se tiene que leer como una crítica, sino como una cuestión objetiva. La Historia es una disciplina que, entre otras funciones sociales y educativas, contribuyó a conformar la visión sobre la identidad social y política de las naciones. La aparición de la historia en el escenario educativo está ligada a la formación de los Estados nacionales, y de este modo la enseñanza de la Historia pasó a ser una forma de ideologización para transmitir ideas políticas y sentimientos patrióticos. La consolidación de los Estados liberales y el surgimiento de los nacionalismos supusieron un interés, por parte de los gobiernos, de fomentar el conocimiento de la historia nacional como medio de afianzar ideológicamente la legitimidad del poder y consolidar y estimular el patriotismo de los ciudadanos. (Prats Cuevas, 2007)
Esto no ha sido solo un proyecto o una idea dentro del ámbito Español: todas las naciones lo han usado, y todas se han basado en buena parte en relatos medievales. Por ejemplo, Catalunya y su Renaixença se reflejó en un supuesto pasado glorioso medieval y, hoy en día, vemos como ciertos partidos de ultra derecha e identitarios rebuscan y hablan de esta historia sin el espíritu crítico que haría falta.
Catalunya y su Renaixença se reflejó en un supuesto pasado glorioso medieval y, hoy en día, vemos como ciertos partidos de ultra derecha e identitarios rebuscan y hablan de esta historia sin el espíritu crítico que haría falta.
No solo lo vemos en partido políticos identitarios, sino que ciertas partes de este discurso han entrado en el mainstream, y hoy tenemos consejeros a en el Govern de la Generalitat que defienden las teorías manipuladoras del Institut Nova Història, un espacio que practica la pseudohistoria para crear un relato nacional.
Así ha pasado también con un Estado moderno y avanzado cómo Reino Unido, donde una gran serie de historiadores se han dedicado a hacer trabajos serios buscando qué aspectos de veracidad tiene la leyenda del Rey Arturo y toda la literatura artúrica, puesto que no es aceptable que toda la construcción identitaria de una nación esté hecha sobre un mito.
Como por ejemplo vemos, la Leyenda del Cid Campeador será portada a la pequeña pantalla, y VOX, el partido político de ultraderecha ultranacionalista español, ya la está alabando antes de verla.
El tema de hoy es desear, a pesar de que queden pocas esperanzas, que la serie del Cid no sea usada políticamente para construir un relato nacional o identitario, ya que en 2020 ya tendríamos que haber superado esta visión. Porque la historia que queréis escuchar no es la que os podemos ofrecer.

