Catalunya vive una situación excepcional. La pandemia provocada por el Covid-19 ha desencadenado una crisis sanitaria ha agravado la crisis social y económica, y que se suma a la crisis climática. Una crisis sanitaria que ha puesto en tensión el sistema público de salud; una crisis social, con el incremento de desigualdades, con nuevos colectivos vulnerables; una crisis económica sin precedentes en los últimas décadas, donde miles de trabajadoras y trabajadores de nuestros municipios y multitud de empresas y autónomos han estado o pueden estar en riesgo de quedarse sin trabajo y sin ingresos, después de años de precariedad aterradora que les han impedido tener ninguna red de seguridad y donde sectores como el comercio, la hostelería, la restauración, el turismo, han sufrido un impacto muy grave y una crisis climática, nos obliga a explorar nuevas políticas de mitigación,
Los gobiernos locales de nuestro país, los ciudadanos y ciudadanas de Catalunya necesitan de un Govern de la Generalitat comprometido con el municipalismo y alineado con los numerosos y ambiciosos desafíos globales.
En las elecciones al Parlament del pasado 14 de febrero, los catalanes y las catalanas dieron a las fuerzas catalanistas y progresistas una amplia mayoría para gobernar Catalunya. Esta mayoría de izquierdas supone una nueva oportunidad histórica de abrir una etapa que nos debe permitir avanzar en la construcción de un país más inclusivo, feminista y ecológico, que no deje a nadie atrás. Una nueva etapa que, en definitiva, debe servir para ganar un nuevo futuro para todos los ciudadanos y ciudadanas.
Catalunya ha avanzado a lo largo de la historia con la unidad, cuando ha habido consensos en torno a objetivos compartidos.
Los alcaldes y alcaldesas constatamos:
1. Que en Catalunya hay una mayoría social favorable a la vía del diálogo para resolver el conflicto político. Hay que abrir una nueva etapa con nuevas mayorías, con sensibilidad social, feminista, ecologista y municipalista, que permita avanzar en el diálogo. Una mayoría que haga posible un acuerdo sin vencedores ni vencidos, cerrando heridas y restableciendo confianzas, dejando atrás las estrategias de la confrontación, y también las de la imposición. Hay que volver a la idea de Josep Benet cuando afirmaba que somos un solo pueblo.
2. La necesidad de aprobar un plan nacional de recuperación y reconstrucción de la economía con concertación con los ayuntamientos, los agentes económicos y sociales, el tercer sector, y con las fuerzas políticas catalanas, que tenga como objetivo la creación de nuevos puestos de trabajo y que fortalezca las pymes, el sector cooperativo y el trabajo autónomo. Un plan que aborde con ambición el reto del cambio climático, situando las personas y los cuidados en el centro, garantizando una transición justa que reconozca los municipios como aliados claves en la lucha por un futuro resiliente mediante la participación directa en los fondos europeos Next Generation UE.
3. Un gran Pacto por la Democracia para denunciar y aislar la ultraderecha, los discursos racistas, xenófobos, machistas y homófobos que son incompatibles con los valores propios de un sistema democrático y suponen un peligro para la convivencia. Un pacto que exprese la vocación de nuestro país en la defensa de los derechos fundamentales y contra la extrema derecha, así como una llamada de rechazo hacia los discursos que fomentan el odio, y relativizan o normalizan el fascismo.
Por eso reclaman que se levanten los vetos cruzados entre las izquierdas catalanas, y se piense más en el país que en el partido, se dialogue y acuerde un gobierno de izquierdas, posible y necesario.
Antonio Álvarez, alcalde de Corbera de Ebro
Eva Amposta, alcaldesa de Pinell de Brai
Josep Ramon Bellauví, alcalde de La Sénia
Laura Campos, alcaldesa de Montcada i Reixac
Isabel Garcia, alcaldesa de Santa Perpètua de Mogoda
Lluís Mijoler, alcalde de El Prat de Llobregat
José Antonio Montero, alcalde de Òdena
Lidia Muñoz, alcaldesa de Sant Feliu de Llobregat
Eduard Turón, alcalde de Sant Iscle de Vallalta

