¿Por qué ha sido importante el baloncesto en tu vida?
A los trece, catorce años, me portaba muy mal en el instituto. En cambio, era el capitán de mi equipo, el que animaba más a los compañeros: me sentía cómodo, éramos una familia y competíamos por un mismo objetivo. Cuando llegaron las quejas del instituto a casa, mis entrenadores me dijeron que hasta que no cambiara mi comportamiento no volvería a jugar partidos, que es lo que más me gustaba. Y a partir de ahí, lo vi todo diferente: gracias al baloncesto llegué a la universidad, porque es de donde sacaba la fuerza y las ganas de esforzarme, que luego aplicaba en los estudios. Y justamente eso es lo que intento transmitir a todos los chicos que entreno.
El mismo niño que en clase pasa desapercibido después lidera un equipo. ¿Deberían estar más conectados la escuela y el deporte?
En todas partes hay que intentar educar en una misma línea: si un chico estudia mucho para los exámenes y tiene un comportamiento perfecto pero sus capacidades no son muy buenas, hace un examen y saca un cinco. Pero si lo da todo y ves que se esfuerza muchísimo, ¿qué nota final le daría?
Un diez.
Aquí está el tema: valorar el esfuerzo, y no sólo la capacidad.
La ESO está llena de alumnos desmotivados con los estudios, que la acaban abandonando. ¿Hasta qué punto crees que el deporte puede rescatar a los jóvenes que quedan excluidos en los institutos?
En el deporte, a diferencia de la escuela, todo el equipo tiene un mismo objetivo: si un compañero no se esfuerza, el equipo entero se resiente. Es como si fuéramos todos en una barca: tenemos que remar. Por lo tanto, el espíritu del deporte podría servir de ejemplo a la educación.
Me haces pensar que en una clase estás en un rincón callado y puedes llegar a ser invisible. Pero haciendo deporte estás en una posición y con un papel: eres alguien.
En un equipo todo el mundo tiene un rol y cada rol es importante. Y si ves que ese compañero no juega bien es porque le pasa algo. Hay una mirada, una preocupación por el otro: somos una familia, y en una familia no puedes dejar a nadie solo.
En el documental que te dedicaron explicas como te decían «moro de mierda». ¿El deporte es una manera de luchar contra el racismo?
Sí, porque se pone a todos en un mismo nivel: en un equipo es igual que uno sea negro, chino o rubio, porque al final estamos haciendo un castillo. Y en un castillo lo importante no es como son las piezas, sino cómo encajan entre ellas. He jugado contra compañeros de todo el mundo y en la pista tanto da si el otro es de aquí o de allí: estás compitiendo contra una persona.
Explicas que en el primer equipo de Marruecos donde llevaste el proyecto la forma de hacer deporte era demasiado rigurosa.
Estaban acostumbrados a entrenar seriamente, a no poder reír, y llevamos allí nuestra manera de hacer, en la que pedíamos la misma intensidad, pero vivida con más alegría. El equipo que perdía tenía que llevar a la espalda el equipo que había ganado.
¿El deporte es una manera de aprender a pensar en el otro? ¿De pasar del yo al nosotros?
Sí. Y tener presente que en este nosotros la competitividad también es importante: en toda competición hay que ser competitivo, pero sin olvidar que están para aprender juntos y para pasarlo bien. Yo, como entrenador, les pido que vayan a competir al máximo: deben ir a ganar. Ahora bien, si el rival es mejor, no ganarás, pero esto no impide que vayas con las máximas ganas.
¿Qué cambios has notado a través de tu proyecto?
El cambio es el camino: no se hace de un día para otro. Pero en Marruecos todos esperan que volvamos, porque compartimos esa semana, lo pasan muy bien, juegan niños y niñas mezclados e, incluso, cada vez que volvamos hay más niñas jugando. Pero nuestro mensaje no es tanto para los niños sino para los entrenadores: sólo estamos una semana, y lo que es importante es que sean conscientes de cuál es el mensaje para que cuando nos vayamos lo sigan aplicando.
El deporte tiene un poder muy grande.
Sí, en Casablanca había un chaval que tenía TDAH: le llamábamos para entrenar y todo el mundo nos decía: «No, déjelo: no entrena con nosotros porque es así». Y les decíamos: «No deja de ser otro chaval, no se le debe excluir». Les hicimos ver que este chico no es ni peor ni mejor que ellos, sino que es una persona con unas capacidades diferentes. Les pedíamos mucho que se animaran entre ellos, que se aplaudiesen. Y fue bonito ver como pasaron de ver a este chico como «alguien que no puede entrenar con nosotros» a ser «un chico que forma parte de nosotros».
Es sacar la etiqueta y, por otro lado, devolver la autoestima, que es básica para vivir.
Y que quiere decir que los otros te tienen en cuenta.
¿Qué pedirías a los institutos?
Que ante el fracaso escolar, pusieran el énfasis ya no tanto en el deporte sino en encontrar la actividad con la que cada chico se sienta motivado. No debe ser el baloncesto, puede ser cualquier otro deporte o hobby. Es encontrar una motivación para seguir adelante. Y pensar que ni todo el mundo piensa igual, ni todos tienen las mismas capacidades.
¿Qué te gustaría conseguir?
En Masnou hay muchos jóvenes con los que intento mantener relación que no han terminado la ESO, o que no se han acabado de sacar el grado medio, les falta una motivación. Quizás se debería abrir una bolsa de prácticas en los comercios locales e intentar integrar esta gente que se encuentra fuera de lugar.
Hay padres que creen que su hijo es Messi y ya de pequeño le llevarían a la Masía.
Hay padres que se enfadan porque su hijo no juega más que los otros o porque no hacen tantos puntos. Y es peligroso: no todos los niños tienen las mismas capacidades físicas ni mentales. Es necesario que el deporte sea un método para hacer salud y no un espejo del deporte que se ve en la televisión. Y que el objetivo no sea llegar a vivir sino que sea una manera de vivir.
[Hamza Driouich participó en el seminario web «Los proyectos transformadores de la Diputación: la educación y el deporte: la clave para garantizar la equidad en los jóvenes«, organizado por la Diputación de Barcelona el día 15 de marzo de 2021]
Esta entrevista se ha publicado originalmente en el Blog de l’educació local

