Drac Màgic es una distribuidora de cine que va mucho más allá de los Blockbusters. Propone películas y experiencia cinematográfica tranquila, diversa y con una mirada ecofeminista, alejada de las violencias. Nació en 1971 y este año celebra su quincuagésimo cumpleaños en un momento en que luchas como el feminismo lo impregnan todo, incluso las producciones mainstream. Desde la cooperativa celebran el adelanto, pero reivindican ir más allá. Los personajes femeninos y LGTBI impregnan el audiovisual pero todavía nos son explicados desde una narrativa capitalista y patriarcal. Durante este medio siglo Drac Màgic ha investigado el audiovisual de los márgenes, apostando por las narrativas empoderadores. Hablamos con Marga Almirall y Marta Nieto, codirectoras de contenido.

Drac Màgic nace en 1971, en el final del franquismo. ¿Cuál era el objetivo?
Marga Almirall (M.A.): Al final de la dictadura había preocupación para ocupar de nuevo los espacios culturales, que estaban en situación precaria y empiezan a surgir iniciativas por parte de varios profesionales del activismo cultural que se unen. Nace también en el marco de los Movimientos de Renovación Pedagógica y vinculado a iniciativas de activismo cinematográfico como los cineclubes o las salas de cine ensayo.
¿La perspectiva de género que os caracteriza hoy estaba desde el principio?
Marta Nieto (M.N.): Se incorpora algo más tarde y viene con la entrada de socias como Anna Solà o la Marta Selva, a finales de los 70, que serían las fundadoras de la Mostra Internacional de Films de Dones, el 1993. Las vivencias de esta generación dieron lugar a las Primeras Jornadas Catalanas de la Mujer, en el paraninfo de la UB. Esta participación personal y política en los feminismos traspasa las fronteras de la cooperativa y pasa a formar parte del ADN de los proyectos y el espacio laboral.
¿Cuál era la situación del audiovisual en la España de los 70?
M.N.: Una de las cosas buenas de este aniversario ha sido poder iniciar una investigación, hablar con las fundadoras y entender las complicaciones específicas del momento. No había mucho acceso a producciones audiovisuales; solo se accedía a una o dos películas, que eran los Blockbusters del año. La cooperativa estaba muy conectada internacionalmente, sobre todo con Europa del Este, que es donde se hacían muchas animaciones y cine experimental. De allá viene la versión checa de Cenicienta, que fue la primera película infantil doblada al catalán, por la asociación entre Drac Màgic, Cavall Fort y Rialles.
M.A.: En aquel momento todavía había censura y las fundadoras nos explican cómo tenían que pasar el Acorazado Potemkin en la clandestinidad, con una persona en la puerta que vigilara que no vinieran los censores. Ahora la situación ha cambiado, pero todavía hay paralelismos: nuestro trabajo continúa siendo buscar aquellas piezas que son poco accesibles y pueden ser liberadoras. Hoy accedemos a mucha producción audiovisual a diario, y más a raíz del confinamiento, pero nuestros imaginarios todavía están muy colonizados.
En el momento que una serie o película afecte a nuestras expectativas relacionales, laborales o vitales, tenemos que cortar el pacto que hemos establecido como espectadoras
Con tanto acceso a la audiovisual cuesta pensar en algo que no nos sea accesible.
M.A.: Es la paradoja de la accesibilidad. Como cuando vas al súper y tienes decenas de opciones de champús que, en realidad son las mismas, pero tienes la falsa ilusión de que eliges. Sí, tenemos Netflix, HBO, Prime…pero en el fondo todas venden el mismo producto, pasando por la misma dinámica de producción. Queremos hacer accesibles las cosas que están a los márgenes: reivindicamos espacios de encuentro con el audiovisual, ya sea en festivales o en los currículums de las escuelas. Reivindicamos apoderarnos de la creatividad. La intención no es tanto criminalizar los productos que pasan por el tubo de Netflix, sino entender su contexto, saber quién nos habla y por qué.
M.N.: Es la misma premisa que la de Laura Mulvey cuando escribe El placer visual y cine narrativo, que dice que tenemos que entender cómo se fabrica la imagen y qué nos piden como espectadoras. Cuando lo entendamos, ya lo podemos disfrutar. Se trata de ser consciente de que, en el momento en que aquella narrativa afecte a mi manera de generar expectativas vitales, laborales o relacionales, tengo que cortar el pacto. No ser esclavos de una narrativa. Por eso decíamos que tenemos imaginarios colonizados. Tenemos que aprender a convivir de manera autónoma y libre con las narrativas mainstream.
M.A.: Los productos masivos tienen una voluntad cosmética. Ahora el feminismo está de moda y nos venden los anuncios de compresas como feministas. Tenemos que cuestionarnos por qué nos venden feminismo con las herramientas de la narrativa androcéntrica. Los tipos de música y voces en off generan un significado. Esto pasa mucho con las plataformas de streaming, donde cada vez proliferan más las series LGTBI, pero que te explican una relación sexoafectiva, supuestamente más amplia, diversa y rica, con los mismos instrumentos que cuando explican relaciones heteropatriarcales.

¿Qué pensáis de los -ismos mainstream y diluidos que abundan a las plataformas, como el feminismo o el antirracismo? ¿Cómo proponéis hacer una lectura crítica a estos productos?
M.N.: Todavía no tenemos una respuesta. Lo que sí que podemos decir es que, por ejemplo, los talleres que se hacen para trabajar estereotipos y arquetipos de la feminidad son completamente insuficientes y corren el riesgo de ser retrógrados. Esto ya se dice desde los años 70: críticas feministas como Teresa de Lauretis ya decían que, en el momento en que hablas del arquetipo de la feminidad, produces arquetipo de la feminidad. ¿Hasta qué punto tiene sentido hacer un taller a aulas de primaria sobre arquetipos si viven una situación que ya no es la que tú presentas? Continúa habiendo una perspectiva androcéntrica y capitalista dominante en los discursos feministas mainstream. Por eso intentamos que nuestra entrada en las aulas sea significativa y no solo una gran bandera sobre lo que se tiene que decir hoy.
A.M.: Apostamos por líneas de acción propositivas como la Mostra Internacional de Films de Dones o la distribuidora de cine infantil. Vamos más allá de la crítica a los productos y proponemos otras cosas para que el imaginario sea diverso. No es solo decir: esto es una mierda y no lo tienes que ver. Lo tenemos que ver todo, pero entendiéndolo.
Los talleres que se hacen para trabajar estereotipos y arquetipos de la feminidad son completamente insuficientes y corren el riesgo de ser retrógrados
¿La mierda también?
M.A.: Ampliar los imaginarios es mirarlo todo y esto tiene mucho más que ver con el feminismo del que pensamos. En lugar de proponer una peli de una niña que no quiere vestirse de princesa, podemos ir más allá y proponer una peli checa, explicada a través de la animación en stop motion. Compaginar todas estas narrativas nos ayuda a entender que las historias son diversas y podemos explicar el mundo de muchas maneras. Es una manera poética de transmitir el mensaje feminista.
M.N.: Este es uno de los discursos que promovemos más en la Mostra Internacional de Films de Dones: no estamos aquí para daros la lista de las mujeres en la historia del cine, porque seria reproducir la dinámica de destacar mujeres solo por el valor añadido de ser mujeres. Compartimos con los públicos las mujeres rupturistas, las que entendieron que no se puede destruir la casa del amo con las herramientas del amo. Compartimos las películas que se salen de las narrativas convencionales, que ya nos han quedado estrechas y son coniventes con el sistema.

El feminismo mainstream capitalista nos enseña una niña y nos dice que es fuerte. El cine que proponéis vosotras nos lo enseña de una manera más orgánica. ¿Dónde se encuentran estos productos?
M.N.: Desde hace años participamos en la European Children’s Film Association (ECFA), donde nos encontramos con organizaciones hermanas y conocemos todas las producciones cinematográficas infantiles que se hacen en Europa. Son muchísimas y nosotras solo distribuimos cuatro o cinco al año. Si prometes cine infantil tranquilo, diverso y con perspectiva feminista, no puedes seleccionar cualquier cosa. Cada vez pedimos más exigencia: no puede ser que lo único que tengas en cuenta es que la protagonista no vaya vestida de rosa. Necesitamos darle una definición de personaje complejo, diálogos con sentido. Tiene el derecho a una historia que no sea la del héroe. Los niños y niñas tienen derecho a encontrar historias que les liberen de la cultura androcéntrica. Ahora es un buen momento, porque el debate está sobre la mesa y a las grandes productoras no les quedará más remedio que abrazarlo. Pueden hacer un par de producciones oportunistas, que a la tercera ya no funcionará.
Se tiende a infantilizar mucho a los niños y niñas, pero son exigentes también. Ahora que tenemos todo el cine en el bolsillo y las plataformas también son consumidas por niños, ¿cómo les ofrecemos productos enriquecedores?
M.N.: No dando por bueno un solo modelo, como si pudiera replicarse siempre con cualquiera. Esta es otra de las mentiras que el androcentrismo ha querido inculcar con sus pretensas universalidades. Tenemos que generar espacios de goce y participación. Esto es terriblemente político en un momento en que los jóvenes tienen tantos espacios en los que tienen que luchar por una pertenencia que no necesariamente está vinculada a la participación real, como las redes sociales. Los niños y jóvenes se merecen dinámicas de participación más que nadie. Por eso nos encantaría poder hacer un cine donde todo estuviera adaptado a ellos y ellas, empezando por las medidas y acabando por la programación.
La Muestra Internacional de Films de Mujeres cumplirá el próximo año 30 años de visibilizar el cine hecho por mujeres. ¿Cómo encaráis la treintena?
M.N.: Poniendo en valor el trabajo hecho y con el reto que todo el archivo que se ha configurado a lo largo de los años se pueda preservar. Porque con las luchas de las mujeres siempre hay el riesgo de volver al eterno punto cero. Incluso ahora que el feminismo lo baña casi todo, todavía tendemos al discurso del pionerismo. No se trata de poner en valor la mujer más reciente sino aquella que lo hizo diferente, la que demuestra que las mujeres en el cine no eran locas aisladas que, de vez en cuando, en países perdidos, hacían cosas. Este es el papel de la Muestra, porque otros festivales generalistas ya se encargan, hoy más que ayer, de dar espacio a las mujeres cineastas del momento. No sabemos si es oportunismo o no, pero como que esta parte está cubierta, nosotras tenemos más libertad de ir atrás y, con mirada de pájaro, dialogar entre el ayer y el hoy, ofreciendo utopías por el mañana.
Con los Gaudí y los Goya vemos que todavía tenemos que reivindicar las cuotas
Esta semana fueron los Gaudí y la gran ganadora de la noche fue Las Niñas. ¿Qué pensáis?
M.A.: Me hace pensar en una frase de la Anna Solà y la Marta Selva, que decían que el cine de mujeres es cine. Con los Gaudí y los Goya vemos que todavía tenemos que reivindicar las cuotas. Es necesario pero vienen ganas de ir más allá. No nos tenemos que fijar solo en si una peli está hecha por una mujer, sino fijarnos en qué explica y cómo. Las Niñas no es solo una película hecha por una mujer, sino que propone una narrativa alejada de la heroicidad conflictiva.
No solo se trataría de tener un producto feminista, sino de que el proceso de creación también lo haya sido. Porque quizás nos dejamos vender un feminismo creado por el patriarcado.
M.N.: La producción también genera significados y realidades. Y tienen que ser feministas. Es el qué y el cómo; es crear cultura con dinámicas que no sean jerárquicas ni usurpadoras, como las de la gran industria.

Cerramos hablando del ciclo que organizáis en la Filmoteca para celebrar el 50 cumpleaños. ¿Qué veremos y por qué?
M.A.: 50 años de Drac Màgic son inacabables. Estamos creando una exposición virtual con las historias que han pasado por la cooperativa y también trabajaremos con la Filmoteca, que es un espacio que siempre nos ha acompañado. Tendremos sesiones de cine e historia y cine y educación, que son los ámbitos que más hemos trabajado. Y dentro de esto, hemos creado un ciclo dentro del ciclo, enmarcado en la programación infantil de la Filmoteca. Serán sesiones para acercar el cine a los niños y las familias y se proyectarán cosas modernas y clásicos, como la Cenicienta que comentábamos al principio. Es una peli del 1976, se nota que es antigua, pero la protagonista es innovadora, con mucha agencia. Fue mucho más rompedora con los estereotipos de género que cosas que se hacen hoy y se creen muy feministas. También tendremos una programación de cine experimental, que nos gusta mucho, porque los niños y niñas no nacen con prejuicios y se relacionan de una manera muy libre con el cine abstracto.

