
Durante estos últimos diez años de Procés hemos vivido determinadas expresiones o relatos que han tenido un eco mediático —gracias al magnífico aparato mediático del independentismo— que muchas veces se han convertido en hegemónicos. Lo hemos visto con el tema de la sentencia del 25% de castellano en la escuela y sobre la disminución del uso del catalán –según algunas encuestas– especialmente en la población joven.
Pero, ¿de verdad nos creemos que vivimos una situación de emergencia lingüística en las escuelas, en las universidades, en los pueblos y en las ciudades, en los comercios y en las instituciones públicas? La necesidad de encontrar una, o unas razones, para mantener el espíritu de alerta y tensión permanente en contra del Estado lleva al movimiento independentista a construir un relato que no se corresponde con la realidad.
El catalán como lengua vehicular y la inmersión lingüística ha sido una realidad en el 90% de las escuelas de nuestro país desde los años 80. La marginación del castellano en las clases de castellano ha estado una realidad presente también en la gran mayoría de las escuelas. ¿Podemos hablar honestamente de emergencia lingüística después de cuarenta años que hace que se aplica un modelo, en mi opinión indispensable para la cohesión del país, en la casi totalidad de las escuelas?
Determinadas leyes aprobadas por la mayoría del PP supusieron una revisión de este modelo que, después de años de procedimientos y trámites judiciales, comportó —tras una razonada sentencia judicial del TSJC— que un 25% de las clases fueran en castellano . Muy probablemente, con la nueva ley aprobada este año con la mayoría socialista, la LOMLOE, ese 25% desaparecerá.
Yo sólo pediría hacer un debate honesto, sereno y de futuro. Yo quisiera que nuestros chicos y chicas salieran después del bachillerato o de los ciclos superiores trilingües. Con el catalán como lengua vehicular en la escuela en la mayoría de asignaturas, pero con conocimientos muy sólidos en castellano y en inglés. Más allá de las leyes y decretos, ¿cómo lo hacemos?
Con todo, sí que debemos pedirnos por qué el catalán en muchos sectores de la población, especialmente la juventud, de muchas zonas de Catalunya, se ha hecho antipático e, incluso, con un cierto rechazo social que yo mismo he podido comprobar. ¿Qué ha pasado? ¿Qué nos ha pasado? Como dicen muchos maestros -en colegios de todo tipo- los chicos y chicas en el patio hablan en castellano.
En mi opinión hay tres razones que explican el bajón del uso del catalán y que van mucho más allá de las “agresiones constantes” —en lenguaje independentista— del Estado en contra de la lengua catalana.
La primera razón, la nueva oleada migratoria que empezó con mucha fuerza en Catalunya a partir de los inicios de este siglo XXI. En 2000, sólo el 2,9% de la población catalana era extranjera. En 2020, y siempre con datos del IDESCAT, esta cifra asciende al 16,20%, es decir más de 1.200.000 personas. Una inmigración mayoritariamente latinoamericana, magrebí, paquistaní, subsahariana, de algunos países del este de Europa, además de la italiana, algo que siempre me ha sorprendido. La gestión de esta ola es muy compleja, especialmente en las comunidades musulmanas —que representan más de la mitad de esta población— porque tienen parámetros antropológicos, comunitarios —son una Umma— y religiosos distintos a los occidentales. A pesar de los grandes esfuerzos realizados por el sistema educativo, por los ayuntamientos, por fundaciones de acogida y onegés, hemos de reconocer que este es el primer factor que ha sacudido el uso del catalán. Muchos de estos inmigrantes prefieren, como segunda lengua, el castellano al catalán. Basta con mirar y escuchar nuestro entorno.
La segunda razón es la presencia del catalán en el sistema mediático en Catalunya. Así como en la radio existe un equilibrio entre el catalán y el castellano, en el ámbito televisivo existe un profundo desequilibrio. Según también el IDESCAT, las audiencias en criterios de “share tiempo visto anual” no llega al 20% en catalán y el 80% restante siguen televisiones (incluyendo las de pago) en castellano (con la excepción de alguna programación de TV2 en catalán). Del 20% al 80%. Y, además, como la programación de la CCMA, en mi humilde opinión, está muy orientada a un sector de la población catalana, su rechazo es cada día mayor en el 50% de la población que no quiere la independencia. Éste es un tema central a estudiar en el momento que se quiera hacer una reflexión serena, pausada y de futuro para recuperar el uso del catalán y el aprecio por el catalán. Y, atención, el doblaje, en mi opinión, no es la solución.
Y la tercera razón es, sin duda alguna, el fuerte daño colateral que ha provocado el Procés. Después de más de una década de Procés existe un rechazo en muchos sectores de la población al catalán por la identificación que hacen de la lengua con el movimiento independentista. Desde los años 80 y después de los grandes pactos entre CiU, PSC y PSUC, el catalán era una herramienta de integración y de una identidad no excluyente. Ahora esto ha terminado. Ahora, para muchos, el catalán se ve como la lengua de una parte de la población que, además, lucha por la independencia del país.
Dicho esto, no podemos olvidar que, en parte, el movimiento independentista, en sus diversas variantes, es también el resultado de los ataques, que comienzan con el segundo gobierno Aznar, y se amplían con el debate del nuevo Estatut, por parte la derecha más rancia española con soportes mediáticos muy importantes. Fue una ofensiva en toda regla del PP para recuperar el control del Ejecutivo español y lo lograron. Es cuando comienza la gran mentira que se explicaba en determinados medios de comunicación españoles que los catalanes que no hablaban en catalán eran perseguidos. En buena parte, todo lo que estamos viviendo empezó entonces.
Ahora que parece que quiere hacerse un nuevo pacto por el catalán, dejémonos del lenguaje belicoso como el de emergencias y miramos la realidad que nos rodea con serenidad.
Hay caminos que deberían reorientarse:
- Con la nueva Ley LOMLOE, el catalán volverá a ser la lengua vehicular y desaparece el tema del 25%. Sin embargo, sí que yo volvería a pedir el objetivo del trilingüismo al acabar el bachillerato y los ciclos superiores. Éste es un objetivo inaplazable para la formación de nuestros jóvenes.
- Hay que buscar una estrategia con los ayuntamientos —los primeros agentes de acogida y acompañamiento— de cara a la población extranjera. Se han hecho esfuerzos, especialmente por parte de los ayuntamientos, en esta línea, pero se necesitan más recursos y más capacidad operativa. Y, también, una regulación más precisa.
- Reorientar el espacio comunicativo catalán y, en especial el televisivo, para dejar de identificar a la CCMA con el independentismo. Una CCMA más abierta, plural y actualizada podría reequilibrar su situación actual.
Miremos la realidad que nos rodea con los ojos abiertos y sin querer autoengañarnos. Sólo así podremos trabajar para que el catalán se consolide en nuestro país. Nunca por la fuerza o la imposición. Nunca.


1 comentari
Estimado JM Carbonell,
Si bien puedo estar de acuerdo en algunos aspectos creo que pecas de los mismos errores que quieres cuestionar.
El problema no es la lengua que quieran hablar los alumnos durante el patio, esa es decisión suya, como también lo es ponerse un piercing o teñirse el pelo de colores. El problema es ver el bilingüismo de nuestro alumnado como un defecto y no como una virtud. El problema es creer que las lenguas compiten cuando lo que hacen es complementarse y adaptarse a la situación. El problema es ver la multiplicidad de recursos de que dispone el alumnado para comunicarse como algo a eliminar o si no, pulir, ya que se percibe como un defecto.
¿Qué base teórica puede sostener semejante argumentación?.
Pedagógica no, por supuesto, no hay nada más competencial que el plurilingüismo.
¿Social?, tampoco, ¿desde cuando la cohesión social viene determinada por la supresión de todas las lenguas a excepción de una?, ¿suprimimos también todas las religiones a excepción de una para asegurar esa cohesión?. ¿Tenemos que hablar todos igual, para qué, con qué objetivo?
Y la respuesta nos lleva a la última pregunta.
¿Política?, por desgracia sí, el único argumento por el que se puede mantener en el s.XXI el monolingüismo vehicular en los centros públicos, es un argumento político con una finalidad bien clara y que (por ahora) no dejan de repetir:
Para mantener la Nación e impedir su disolución en la realidad cotidiana. Ese es el verdadero miedo que llega al punto de mantener un sistema educativo post-franquista en pleno s. XXI. Congelado, como si la sociedad fuera la misma que en los 80 y tuviésemos las mismas necesidades.
El problema no es la inmigración, ni la tele, ni lo que hablen o dejen de hablar los chavales en el patio. El problema es el intento desesperado de mantener un proyecto político que hace aguas por todos los lados. Agoniza. Y sabemos que cuando un sistema agoniza nos enseña su cara más cruda antes de morir.
No se puede construir una Nación en este siglo sin imposiciones, sin pisar otras opciones, otras lenguas, culturas, formas de ver y de sentir. No hay Nación sin discriminación, sin etnicismo y sin xenofobia. No hay Nación sin «ellos», sin los que no son como tú. Y cuanto más te parezcas a los «otros» mayores serán los esfuerzos para intentar diferenciarte, llegando a extremos esperpénticos como hemos podido comprobar recientemente.
La solución es bien sencilla: ¿Qué Catalunya necesitamos para el s. XXI?. Es hora de repensar y repensarnos como conjunto. Y hablo de qué necesitamos no de qué queremos. Que cada uno quiera o desee lo que le dé la gana pero necesitar, nos necesitamos todos. No dejemos este proyecto en manos de las clases privilegiadas catalanas, hagámoslo nuestro.
Un saludo y perdona la extensión de esta respuesta a tu artículo.
Pau