Alrededor de 450 millones de personas en todo el mundo se ven afectadas por algún problema de salud mental que dificulta gravemente su vida. La Organización Mundial de la Salud (OMS) prevé que, en 2030, los problemas de salud mental serán la principal causa de discapacidad en el mundo. De hecho, se estima que una de cada cuatro personas sufrirá algún tipo de trastorno mental al menos una vez en su vida.
Los futuros médicos y médicas no son ajenos a esta realidad durante su etapa universitaria. Muchas investigaciones evidencian que el ejercicio de la Medicina, así como otras profesiones sanitarias, se asocia -paradójicamente- a múltiples riesgos para la salud, como la tendencia a sufrir burnout, ansiedad o depresión. Un estudio impulsado por el Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM) y la Sociedad Española de Educación Médica (SEDEM), en el que participaron más de 5.000 estudiantes de 43 universidades españolas, revela que un 41% de los estudiantes de Medicina presentan síntomas de depresión y un 11% ideas suicidas. Además, entre el 20 y el 25% de los estudiantes participantes sufre habitualmente ansiedad.
Una investigación anterior, publicada en la prestigiosa revista médica Journal of the American Medical Association (JAMA) en 2016, concluyó que un 27% de los estudiantes de Medicina sufren o tienen síntomas de depresión, y alrededor de un 11% han tenido pensamientos suicidas durante su etapa de estudiantes. En este metanálisis se consideraron cerca de 200 estudios de 129.000 estudiantes de Medicina de 47 países. Según la investigación, los estudiantes de Medicina son de dos a cinco veces más propensos a tener depresión que la población general.
Asimismo, en 2012 la Fundación Galatea, una entidad creada por el Colegio de Médicos de Barcelona que ofrece soporte psicológico a los profesionales sanitarios, analizó un 50% de los estudiantes de cuarto curso de Medicina de Cataluña, encontrando en un 47% de éstos un riesgo de mala salud mental.

El cóctel está servido: autoexigencia de serie y una carrera muy absorbente
«Para acceder a la facultad de Medicina se necesita una nota de corte muy elevada y, por tanto, se trata de estudiantes académicamente muy potentes, con una gran disciplina y esfuerzo, que nace ya en edades muy prematuras. Pero también con una elevada autoexigencia, que les causa estrés y angustia», explica Antoni Calvo, director de la Fundación Galatea.
Estudiar Medicina se convierte, a menudo, en un proyecto familiar, lo que también introduce una presión adicional al estudiante para cumplir las expectativas de lo que se espera de él. «Vemos, especialmente en familias de médicos, como de muy jóvenes los estudiantes ya tienen el propósito de estudiar Medicina y cómo esto va marcando la trayectoria académica del alumno, con unos niveles de exigencia muy elevados», añade Calvo .
La elevada exigencia de la misma carrera, junto a la presión por la excelencia, aumentan el malestar emocional de los estudiantes. El cóctel está servido. «Los estudiantes de Medicina son personas con un nivel de hiperresponsabilidad muy grande y, al mismo tiempo, la carrera es muy exigente y requiere una intensidad de estudio muy importante. Esta interacción entre la forma de ser de la mayoría de los alumnos y lo que pedimos en la carrera, provoca muchas veces un gran malestar, que puede condicionar el desarrollo de una sintomatología ansiosa y depresiva», señala Narcís Cardoner, psiquiatra del Parc Taulí y profesor de Medicina de la Universidad Autónoma de Barcelona.
Fruto de la necesidad de cuidar la salud mental de quien nos cuidará, cinco facultades de Medicina catalanas han puesto en marcha un programa piloto para detectar problemas de salud mental en las aulas de Medicina. Participan la Universidad Autónoma, la Rovira i Virgili, la Universidad de Barcelona, la Internacional de Cataluña y la Universidad de Vic. Gracias a un convenio con el Departamento de Salud y la Fundación Galatea, los estudiantes que lo necesiten podrán dirigirse a esta entidad para recibir soporte psicológico.
«Planteamos realizar screenings en los que puedan participar los estudiantes que quieran para poder identificar potenciales casos de malestar emocional y ofrecerles ayuda. La Fundación Galatea ofrecerá un abordaje específico adecuado al estudiante. Probablemente, hay personas que pueden beneficiarse de estrategias más preventivas y otras que pueden requerir un tratamiento terapéutico más intensivo o incluso farmacológico», explica Cardoner, que es uno de los coordinadores del programa. Algunos estudiantes ya se han acogido a este servicio, que todavía está en revisión por parte de las diversas facultades participantes.

Más herramientas de gestión emocional
Según la investigación impulsada por el Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM) y la Sociedad Española de Educación Médica (SEDEM), cerca de un 37% de los estudiantes de Medicina tienen síndrome de burnout o «síndrome del trabajador quemado», una cifra que aumenta a lo largo de los años de carrera hasta alcanzar un 45% en el último curso.
Debido a la exigencia del plan de estudios, la vida externa en la carrera se ve muy mermada. «Esta exigencia hace que los estudiantes sólo se relacionen únicamente o de forma predominante con la gente de la misma carrera y que renuncien a otras actividades», destaca Cardoner, profesor de Psiquiatría en la Autónoma, que explica que algunos estudiantes acuden a él en busca de ayuda porque se sienten «desbordados y angustiados».
Según explica el director de la Fundación Galatea, Antoni Calvo, buscar el equilibrio entre la necesidad de invertir muchas horas en el estudio y, a la vez, tener una red de amistades y un entorno relacional positivo es muy importante. estabilidad emocional del alumno. En este sentido, Calvo destaca la importancia de introducir en el currículo de la carrera conocimientos en materia de gestión emocional y relacional. «Los estudios en ciencias de la salud priorizan mucho todo lo que son los conocimientos técnicos, y el aprendizaje más vinculado a las emociones y habilidades comunicativas queda muy reducido», sostiene el director de la Fundación Galatea.
Y es que estas habilidades, según Calvo, son esenciales en la condición médica: «Se trata de una profesión relacional, se establece un vínculo y una confianza con el paciente que influye, incluso, en la eficacia del tratamiento. El propio médico es un instrumento de cuidados. Cuando un médico explora, cuando mira a los ojos al paciente, cuando tiene un determinado tono de voz… todo esto tiene mucho poder, y los estudiantes deben ser conscientes de ello», remarca.
Por este motivo, uno de los objetivos del programa es proporcionar a los estudiantes formación a través de talleres, charlas y asignaturas sobre autoconocimiento y manejo del estrés y del malestar emocional. «Facilitarles herramientas es importantísimo. En muchas ocasiones, formar y proporcionar información es la mejor estrategia preventiva para que no se desarrolle un problema de salud mental. No debemos olvidar que hablamos de jóvenes de entre 18 y 24 años, que es la franja de edad en la que aparecen la mayoría de los trastornos de salud mental», concluye Cardoner.

