Barcelona dispone de una gran cantidad y diversidad de equipamientos de todo tipo: culturales, educativos, deportivos, para distintas edades (infancia, juventud, personas mayores), de promoción económica, etc. Algunos ofrecen actividades para toda la ciudad, y otros para el barrio o el distrito.
¿En qué se diferencia pues este nuevo equipamiento del resto de los ya existentes? A primera vista se trata de un amplio espacio que aglutina una gran cantidad de servicios diversos y qué cuenta con estancias pensadas para actividades abiertas al barrio. ¿Es esto suficiente para señalar el CVC de la Trinitat Vella como el referente de una nueva manera de plantear la construcción y el funcionamiento de los equipamientos de la ciudad? No da este artículo para ahondar en explicaciones ni detalles, pero sí, la respuesta es sí: el CVC es el primero de una nueva clase de equipamientos, y vamos a resumir por qué.
En primer lugar los distintos servicios alojados tendrán una doble función: atender las necesidades que les son propias y que conforman su cartera de servicios, pero también participar de un proyecto común que trabajará a partir de tres elementos centrales: (1) el abordaje de problemas complejos, (2) la incorporación de la perspectiva de acción comunitaria y (3) una apuesta por la inclusión tecnológica que minimice al máximo la brecha digital.
En segundo lugar, por el tipo de innovación que propone, más basada en procesos colectivos–comunitarios, que en la fe en nuevas tecnologías o nuevos liderazgos que nos vengan a salvar.
En tercer lugar, será un equipamiento de y para la política social, que trabajará a partir de alianzas dentro-fuera: servicios ubicados en el CVC construyendo proyectos y compartiendo actividades con otros servicios ubicados fuera del mismo (escuelas, bibliotecas, centros de salud,…)
No será un hotel de servicios separados y compartimentados, sino un centro que los integra, y los vincula a través de proyectos, para dar respuestas compartidas y coordinadas a diferentes problemas sociales del barrio y de sus vecinos y vecinas. En esa integración, juega un papel clave la incorporación de la perspectiva comunitaria al proyecto de centro, que operará como cemento aglutinador y cohesionador de profesionales, servicios y proyectos
Nuestro enfoque en políticas sociales se basa en tres premisas fundamentales sobre la importancia de la innovación social desde una perspectiva comunitaria para mejorar las vidas cotidianas. En primer lugar, partimos del reconocimiento de la existencia de problemas sociales que no pueden tener abordajes individualizadores. Ninguna píldora, ni ninguna prestación, los hará desaparecer, pues atañen a las formas y compromisos de nuestra vida en común. Lo hemos visto con la pandemia por la covid19; hace tiempo que lo sabemos en relación a la construcción de cohesión social en sociedades cada vez más desiguales, fragmentadas y segregadas; y lo volveremos a experimentar cuando las condiciones de vida en la nueva era ambiental en la que estamos entrando, dependan más de nuestra capacidad para cooperar que de nuestra capacidad para competir.
En segundo lugar, sabemos también de la importancia de nuestra red de relaciones sociales para construir nuestro bienestar personal. La densidad (en cantidad y variedad) de nuestras relaciones sociales nos abre puertas, nos aporta información, y, en general, nos ofrece contactos valiosísimos para acceder a recursos y oportunidades. Por eso nos referimos a ellas como nuestro capital, nuestro capital social. Y esto para todo el mundo, no solo para los ricos o los pobres. Como también sabemos que nuestro bienestar emocional depende de nuestras relaciones o, dicho al contrario, que la falta de éstas nos conduce a una soledad no buscada que se traduce en malestar. Sin cubrir nuestras necesidades materiales no somos ciudadanos plenos, sin cubrir nuestras necesidades relacionales, tampoco.
Finalmente, reconocemos la oportunidad que representa la acción comunitaria en términos de politización de la pobreza y la desigualdad, pues la lucha por la igualdad, al menos en la era moderna, es una lucha social, que requiere de formas participativas y organizativas, y de una concienciación (Freire) de naturaleza colectiva.
Estas tres premisas confieren a los servicios de la política social un nuevo sentido: ya no se trata únicamente de atender individualmente problemas personales, sino también de construir respuestas colectivas a necesidades y retos que son de naturaleza social: ni tiene únicamente causas individuales, ni pueden tener soluciones en la escala estrictamente personal ni la administración tiene la capacidad de resolverlas por sí sola.
De todo esto va el nuevo Centre de Vida Comunitària en el barrio de la Trinitat Vella en su apuesta por la innovación social comunitaria


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