Llevamos ya varios años viviendo situaciones que parecían inimaginables. Desde la primera llegada de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos de América en enero de 2017, tras los dos mandatos de Barack Obama, a la que han seguido gobiernos ultraderechistas en muchos países como Brasil, Hungría, Italia, Argentina, hasta la nueva victoria de Trump y su segunda presidencia. Junto a este avance de la ultraderecha en el mundo, también en España y en Europa, hemos sufrido una pandemia y estamos conociendo una guerra en Europa, junto al exterminio de Gaza. Todo ello acompañado de un claro retroceso en la lucha contra el cambio climático y la decisión de incrementar fuertemente el presupuesto militar, lo que sin duda supondrá un varapalo al ya muy lastimado estado de bienestar.
Ante un panorama tan negativo quiero recordar dos de los grandes libros escritos estos últimos años por el historiador de Países Bajos Rutger Bregman. En su obra del año 2021 Dignos de ser humanos. Una nueva perspectiva histórica de la humanidad, descubre que el altruismo y no la competitividad ha sido el motor evolutivo de la humanidad, y evidencia que el ser humano tiende más a cooperar que a competir, más a confiar que a recelar. Cuatro años antes publicó Utopía para realistas. A favor de la renta básica universal, la semana laboral de 15 horas y un mundo sin fronteras. Y en este libro plantea una senda posible e ilusionante para abordar los grandes retos de nuestro siglo, para lo que es necesario una política distinta a la que definió el estadista prusiano Otto von Bismarck como “el arte de lo posible”, que actúa para reafirmar el statu quo, por lo que Rutger Bregman nos habla de una Política en “mayúsculas”, que haga inevitable lo imposible.
Como analiza el mismo autor, asistimos a un cambio colosal, pues antes la política era el coto de la izquierda, pero parece que ésta ahora se ha olvidado del arte de la política. Acalla los sentimientos radicales en sus propias filas por el pánico a perder votos y es un socialismo de perdedores, ya que los neoliberales se han adueñado de la razón, el juicio y la estadística. Además, por contraste, Donald Trump sabe que la mayoría de la gente prefiere estar en el bando ganador y no para de lanzar promesas del gusto de su electorado.
El socialismo perdedor ha olvidado que la izquierda debe tener un discurso de esperanza e ilusión, que llegue a millones de personas corrientes, para lo que es preciso recuperar el lenguaje del progreso. Tras la crisis financiera global de 2008 y el despertar de la era del Brexit y de Donald Trump, cada vez hay más personas que quieren un verdadero y radical antídoto, tanto para la xenofobia como para la desigualdad. Necesitan una nueva utopía. Como escribió Oscar Wilde: “Un mapa del mundo que no incluya utopía no es digno de consultarse, pues carece del único país en el que la humanidad siempre acaba desembarcando. Y cuando lo hace, otea el horizonte y al descubrir un país mejor, zarpa de nuevo. El progreso es la realización de utopías.” Recordemos que quienes pidieron la abolición de la esclavitud, el sufragio para las mujeres y el matrimonio entre miembros del mismo sexo también fueron tachadas de lunáticas, hasta que la historia demostró que tenían razón.
Pues bien, la renta básica incondicional, en lo sucesivo RBI, es hoy en día un buen ejemplo de utopía, pues plantea un ingreso de cantidad al menos igual al umbral de la pobreza, pagado por el Estado de forma incondicional e individual a toda persona, compatible con cualquier ingreso derivado del trabajo o de una prestación contributiva.
La RBI sitúa a cada persona en el centro y permite, entre otros, los logros siguientes:
- Que las personas tengamos más libertad y menos miedo para decidir cómo queremos que sean nuestras vidas, ya que la garantía incondicional de unos recursos suficientes nos da seguridad tanto en el presente como en el futuro, y favorece la consecución de una cultura emancipadora.
- Acaba con la pobreza, pues, es un ingreso de cantidad, al menos, igual al umbral de la misma.
- Reduce las desigualdades y otorga una mayor cohesión social.
- Es de carácter preventivo y, a diferencia de las rentas mínimas condicionadas como el ingreso mínimo vital, persigue garantizar la dignidad de toda persona, como sujeto de los derechos humanos, y contribuir a eliminar los obstáculos que impiden su disfrute. La prevención constituye la base de cualquier planificación y debe estar presente en toda política, como ya se pretende, por ejemplo, en materia de salud, o de seguridad laboral, o en la eliminación de accidentes de tráfico, pero que, sin embargo, no lo está en las políticas sociales.
- Las personas jóvenes pueden emanciparse y desarrollar sus propios proyectos, sin verse obligadas a marchar a otros países.
- Influye en el mercado laboral, ya que refuerza el poder negociador de la parte trabajadora y, con ello, mejora sus condiciones de trabajo.
- Nos capacita para elegir empleos más dignos, que se adapten mejor a lo que somos, y nos abre oportunidades para sacar adelante nuestros propios proyectos, ya que, para tener verdadera opción a trabajar con dignidad, hace falta poder elegir y los contratos de trabajo no se firman en igualdad de condiciones cuando una de las partes, necesitada de recursos, no tiene otra alternativa que aceptar ese contrato.
- Las mujeres, que constituyen una mayoría de las personas en riesgo de pobreza, al ser la RBI una prestación individual, pueden liberarse de la dependencia material de sus parejas y, de esa forma, también de las convivencias forzadas por razones económicas, que favorecen situaciones de violencia machista.
- Las personas dependientes cuentan con una mejor asistencia de los servicios sociales, ya que los mismos se liberan de muchas tareas de control y burocracia.
- Avanza en la consecución de los objetivos de desarrollo sostenible de la Agenda 2030 de Naciones Unidas, en lo sucesivo ODS, pues, permite materialmente poner fin a la pobreza (1º ODS), acabar con el hambre (2º ODS), generar salud y bienestar (3º ODS), disponer de tiempo y condiciones materiales para conseguir una educación de calidad, cuando, según datos ofrecidos en 2020 por el Alto Comisionado para la Lucha contra la Pobreza Infantil, la tasa de abandono escolar temprano afecta siete veces más a los niños y a las niñas de familias con menor renta (4º ODS), avanzar en la igualdad de género (5º ODS), acceder a energía asequible y no contaminante (7º ODS), empoderar para obtener un trabajo decente y contribuir al crecimiento económico (8º ODS), repartir la riqueza y conseguir reducir las desigualdades (10º ODS), favorecer ciudades y comunidades sostenibles (11º ODS), alinearse con una producción y consumo responsables (12º ODS), sumarse a un estilo de vida respetuoso con el medio ambiente (13º ODS), generar condiciones materiales que permitan la paz, la justicia y unas instituciones sólidas (16º ODS), así como tejer redes y alianzas para lograrlo (17º ODS).
Además, a diferencia de lo que acontece con el ingreso mínimo vital y otras ayudas condicionadas, la incondicionalidad conlleva muchas ventajas:
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- Libera a las personas que perciben las ayudas condicionadas de la estigmatización social que conlleva el asistencialismo y permite llegar a toda la población.
- Evita que las personas que están percibiendo un subsidio queden atrapadas en la pobreza, ya que podrán buscar otros trabajos para aumentar sus ingresos, sin miedo a perder por ello la RBI.
- Ahorra costes de gestión. Actualmente un porcentaje altísimo de los fondos destinados a ayudas monetarias se utiliza para financiar la burocracia que controla y resuelve cómo y quién merece recibirlas.
- Permite tener unos recursos garantizados, sin necesidad de limitarnos a ser asistidas si caemos y podemos demostrar que necesitamos ayuda.
La RBI no es un gasto, sino que supone una redistribución de la riqueza, donde el Estado juega un papel determinante, pero no para concentrar más recursos sino para permitir una distribución de los mismos entre toda la población. Esto genera una enorme inversión social, favoreciendo que todas las personas podamos participar y afrontar los grandes retos de nuestra época, lo cual es la mejor estrategia para conseguirlo. Hoy, más que nunca, sabemos que solo podremos lograrlo con la implicación de toda la ciudadanía, y la RBI es un instrumento que otorga a cada persona más recursos para ello.
Estoy convencido de que la RBI actualmente es imprescindible para avanzar en la garantía de los derechos humanos y no debemos olvidar que los Estados firmantes de los distintos Tratados Internacionales de Derechos Humanos, como es el caso de España, están jurídicamente obligados a garantizar la plena efectividad de los derechos humanos consagrados en tales Tratados, debiendo para ello adoptar todas las medidas necesarias, incluidas las legislativas, y el máximo de los recursos económicos disponibles.

