La infamia es el nombre de una exposición temporal que existe actualmente en el Museo Marítimo de Barcelona. La exposición explica la participación catalana en el muy lucrativo negocio del tráfico de esclavos desde África hacia las colonias americanas y en el uso de esclavos como mano de obra en los negocios que se realizaron allí, especialmente en Cuba y Puerto Rico. Efectivamente, la investigación histórica nos ha ido revelando que algunas de las grandes fortunas, que hasta ahora habíamos atribuido al espíritu emprendedor de los catalanes que hicieron las américas, resulta que se fraguaron a través de este negocio tan perverso y que algunos grandes nombres de la burguesía catalana, personajes ilustres, hicieron su fortuna a través de ella. A nuestros ojos de hoy, el título no puede ser más adecuado. Sin embargo, a las personas que lo hacían les parecería muy normal: «es lo que se hace», «lo hace todo el mundo», «el sistema es así», «si no lo hacemos nosotros lo harán otros y se lucrarán ellos», «el negocio es el negocio»…
Hannah Arendt lo explicó muy bien, a propósito de los horrores cometidos por el régimen nazi en Alemania, con su teoría de la «banalidad del mal». Personas normales, simplemente por falta de reflexión crítica, siguiendo la corriente del sistema en el que están inmersas, hacen posibles auténticas atrocidades. Más tarde, la historia, ya desde fuera de la corriente que les arrastró, con perspectiva, lo juzgará muy duramente.
Dejemos ahora la historia y metámonos ahora en el nuestro hoy y aquí. Europa ha anunciado un gasto adicional en defensa de 800.000 millones. El próximo día 7 de mayo, el presidente Pedro Sánchez explicará en el Congreso su plan para llegar al 2% del PIB en gasto militar, pero ya ha anunciado una inversión de unos 10.000 millones de euros, que en gran parte irán a la industria de defensa española. Ante estas jugosas cantidades se han levantado muchas orejas, muchos ojos se han iluminado con el símbolo del euro, muchos buitres han empezado a girar, preparándose para atrapar a buena parte de esta tarta. Las fuerzas vivas catalanas ya están diciendo que qué nos tocará a nosotros, Junts ha condicionado su apoyo a que buena parte de esta inversión se haga en Cataluña, Prensa Ibérica y El Periódico ya han convocado un Foro para la Paz y la Seguridad en Europa , que, cito textualmente de El Periódico, será « …una jornada destinada a evaluar las oportunidades la Unión Europea… Con el patrocinio de la Generalitat, el Ayuntamiento de Barcelona y el grupo Indra, el Foro analizará el potencial que tiene el tejido productivo de Cataluña para posicionarse en este nuevo contexto europeo y convertir al sector de la seguridad en un nuevo motor de la economía catalana.» ¡Negocio a la vista! Da igual cuál sea el objetivo de estas inversiones. Ningún espíritu crítico. Da igual que las armas se fabriquen para matar y destruir, como vemos en Ucrania y en Gaza. Cada bala fabricada va dirigida a una persona. Cada chip diseñado para un misil o un dron va destinado al asesinato selectivo o colectivo. Pero esto no lo miramos. Da igual que el negocio se haga a expensas de la vida de miles de personas como nosotros. Cómo era igual enriquecerse con los esclavos o colaborar con el sistema nazi. El sistema es así, si no nos aprovechamos nosotros se aprovecharán otros… Una música que ya conocemos. Lo importante es que el país se desarrolle, que haya trabajo y dinero. En esto están de acuerdo patronales y sindicatos.
La banalidad del mal.
¿Qué dirá la historia crítica en unos años? Las banderolas colgadas en una farola de Barcelona, que anunciaban una exposición, me han dado el nombre: ¡ LA INFAMIA!

