Badalona es una ciudad de fuerte tradición proletaria. Industrializada en torno a la primera línea de ferrocarril construida en la península Ibérica, la Barcelona – Mataró de 1848. Fortificación cenetista durante las colectivizaciones de la Guerra Civil. Bastión del PSUC durante la Transición, donde logró la alcaldía en 1979. Baluarte del sindicalismo durante los últimos años del franquismo, con una sección de CCOO en cada fábrica y en cada taller. Y donde en el 2025, todo esto ya no es más que un borroso recuerdo.
Décadas de conquistas y sufrimiento, prisión y exilio, manifestaciones y huelgas que poco a poco han sido silenciadas. Silenciadas al ritmo de la desindustrialización que han sufrido las ciudades de la periferia barcelonesa. Silenciadas por la derrota ensordecedora de unas organizaciones de trabajadores que no supieron adaptarse a un mundo que estaba cambiando.
Aplastadas por una burguesía que comprendió que para derrotar a ese movimiento de masas primero debía obligarle a renunciar a las sus ideas. Y en ese singular contexto aparece una figura muy particular, un jugador de baloncesto frustrado en la ciudad del baloncesto. Un líder del PP durante el Proceso que envió a su partido al grupo mixto tras las elecciones del 2017. Un alcalde de una ciudad periférica, que fue el primero en mirar al otro lado de los Pirineos para observar y aplicar las políticas de Marine Le Pen.
Un personaje con un fuerte olfato político que lleva desde 1991 siendo concejal en Badalona y se presenta como salvador de la supuesta decadencia de la ciudad. Una figura política que se ha erigido como símbolo del autoritarismo y las ideas reaccionarias, que ha logrado voto independentista por el buen trabajo que realiza «Limpiando Badalona». Un político que se esfuerza apasionadamente en mostrar que tiene las manos libres para hacer eso
que crea conveniente.
Nada más lejos de la realidad, porque como sabemos, los capitalistas no suelen ensuciarse las manos, la política implica una exposición pública que tiene muchos costes. La burguesía históricamente se ha servido siempre de mayordomos que ejecuten sus intereses, y en el caso de la Cataluña postproceso, con unos alquileres por las nubes y unos salarios por el suelo, es necesario poner orden dividiendo a los trabajadores por su origen. Y para la cuarta ciudad de Cataluña han encontrado un mayordomo muy eficaz.
Contra estas políticas que atacan a diario los intereses de los trabajadores y que representa al mayordomo Albiol nos manifestaremos en Badalona. Para revertir esta situación general concentraremos nuestras fuerzas en una ciudad en la que se ha erradicado nuestra historia y se ha convertido en faro de la ola reaccionaria en Cataluña.
Badalona es una ciudad ejemplo a la hora de expulsar a familias de su casa, de vulnerar los derechos y libertades más fundamentales, de reprimir al proletariado migrante, de silenciar las ideas políticas disidentes. Una ciudad en la que las izquierdas están fuera de juego desde que Àlex Pastor, conduciendo borracho, mordió a un agente de los Mossos d’Esquadra, perdiendo la alcaldía y regalándola a Albiol.
Esta manifestación también tiene por objetivo apuntar a la oposición de izquierdas, por impotente y por irresponsable. Por ser ejemplo de todo lo que no debe hacerse para combatir la extrema derecha, para servir con bandeja de plata a un mayordomo sin escrúpulos una ciudad obrera como Badalona. La manifestación del 7J debe enviar un mensaje claro a la sociedad: para acabar con la reacción es necesario acabar con el capitalismo y es necesario construir una oposición real a todas las fuerzas, las de derechas y las de izquierdas, que son las responsables de conducirnos hacia un precipicio.
Es necesario construir una alternativa, que sólo será alternativa si es socialista, si es revolucionaria, y si tiene por objetivo poner toda la riqueza social al servicio de las necesidades humanas. Esta alternativa debe partir de la perspectiva de la clase trabajadora, y debe apelar y convertirse en referente de los jóvenes interesados en la política, pero que desprecia a los políticos profesionales de todos los colores.
Un badalonés, probablemente una de las mentes más brillantes del periodismo burgués, Enric Juliana, agente de orden por excelencia, escribía hace unos años un artículo llamado Surcos y marcas donde enunciaba que en la política española actual estaban representadas todas las tendencias históricas menos la que había representado el proletariado revolucionario. El 7J en la Badalona del mayordomo Albiol, en una ciudad gobernada por el puño de hierro de los empresarios, pondremos la primera piedra para la construcción de una alternativa revolucionaria del siglo XXI, que esta vez sí, luche por la conquista del poder político.

