“El odio se ha multiplicado. En 80 años han crecido al menos ocho generaciones, siempre cultivando el odio, que ya se ha convertido en veneno. No confío en que pueda resolverse. Es muy difícil que se produzca un acercamiento, que se entable un diálogo. Tanto árabes como israelíes judíos han tenido todo el tiempo del mundo para firmar definitivamente cualquier tipo de acuerdo de convivencia y paz, incluso mínimo, pero lo han aplazado y aplazado en estos años. No hay manera de salir de ese conflicto. El odio está muy arraigado”.
Quién pronuncia estas palabras (1) es Edith Bruck, pocos días después de la matanza perpetrada por Hamás en Israel, y cuando los bombardeos segaban miles de vidas en Gaza. Edith Bruck, de 92 años y nacida en Hungría, sobrevivió a los campos de exterminio nazis, en los que perdió a su familia. Recuerda como si fuera ayer “el horror, las humillaciones, las calamidades y el odio” que vivió con 13 años.
Gedeón Levy, un prestigioso periodista israelí que se ha destacado por su empatía con el dolor de los palestinos, escribió en Haaretz dos días después de los atentados (2) que “el 7 de octubre de 2023 Israel se despertó ante una realidad diferente, una que finalmente debería extinguir la arrogancia y la complacencia del país. Esto debería demostrar, de una vez por todas, la imposibilidad de eludir cualquier consecuencia de seguir encarcelando indefinidamente a más de dos millones de personas en una jaula gigante (Gaza), mientras que otros tres millones de personas viven indefinidamente bajo una tiranía militar (Cisjordania)”.
Jeremy Milgrom, rabino israelí y activista por la paz, se preguntaba (3) por el origen de tanto odio, de tanto dolor. “El mayor error que hemos cometido desde 1967 es la terrible ocupación. Pero, en realidad, el problema se remonta a antes del 48. Y es algo complejo en lo que he pensado mucho: cómo le decimos a la gente que los terroristas que cometieron la terrible masacre del 7 de octubre son hijos y nietos de refugiados que fueron expulsados de la tierra donde están los kibutz que fueron atacados. Estos terroristas volvieron con los corazones llenos de ansia de venganza por las vidas que han llevado ellos y sus familiares. Los israelíes no hicimos ningún esfuerzo por atender sus justas demandas. Y cuando no respetas la necesidad básica de justicia no vas a encontrar una respuesta civilizada”.
El historiador Avi Shlaim (4) recuerda que “la Nakba no es un acontecimiento aislado que ocurrió en 1948, cuando tres cuartos de millón de palestinos fueron expulsados y el nombre de Palestina fue borrado del mapa. Es un proceso continuo y no único. Desde 1967, Israel ha estado construyendo asentamientos y expandiéndolos; anexionó Jerusalén Este y ha llevado a cabo una limpieza étnica allí. Hoy (2023) podríamos estar al borde de una segunda Nakba, de una segunda gran catástrofe con la expulsión masiva de palestinos”.
En la pirámide del odio
La ‘pirámide del odio’ de Allport (1954), basada en la teoría de la psicología social del prejuicio, señala que las actitudes de rechazo comienzan con un prejuicio o un estereotipo. Éste, al difundirse como discurso de odio, puede convertirse en otras formas de violencias más extremas de discriminación, o incluso en una eventual aniquilación de una comunidad o un colectivo. Sólo así puede llegar a explicarse como la compasión por el sufrimiento del otro se esfuma.
Para considerar a niños y niñas en enemigos a eliminar es necesario un proceso previo de deshumanización del otro, de insensibilidad frente a su dolor. La historia guarda experiencias atroces, que descubrimos después, con el tiempo. Aquí las vivimos minuto a minuto, en directo, con un terrible sentimiento de impotencia.
Yuval Noah Harari es historiador israelí y autor de Sapiens, un libro de referencia sobre la historia de la humanidad. Tras la masacre cometida por Hamás, escribió (5) que “la mayoría de los israelíes es psicológicamente incapaz de empatizar con los palestinos. Nuestro propio dolor nos desborda y ni siquiera queda espacio para reconocer el dolor ajeno. Un crimen contra la humanidad no solo consiste en matar a seres humanos. También pretende destruir nuestra confianza en la humanidad. Perdemos cualquier confianza en el ser humano. Arriesgamos a perder nuestra propia humanidad”.
Yuval Noah Harari reclamaba en su artículo que “quienes no están invadidos por el dolor deberían hacer un esfuerzo para empatizar con todos los seres humanos que sufren, en lugar de limitarse a contemplar perezosamente una parte de la terrible realidad”. Y lanzaba un ruego a la comunidad internacional: «Contribuyan a mantener un espacio para la paz, porque ahora mismo nosotros no podemos mantenerlo. Cuidadlo bien, por nosotros, para que algún día, cuando el dolor comience a remitir, israelíes y palestinos podamos habitarlo”.
Michael Sfard, articulista del periódico Haaretz, escribía (6) después del ataque de Hamás y en plena ofensiva israelí: “Son tiempos terribles. Hemos vivido un trauma espantoso perpetrado por seres humanos que han perdido su humanidad, y ahora bombardeamos, asesinamos y matamos de hambre a la gente, y sobre todo endurecemos nuestros corazones hasta petrificarlos. La corrupción moral no es menos peligrosa para nuestra supervivencia que Hamás”.
La quiebra moral solo es posible a partir de la “deshumanización” del otro. Hamás lo demostró con su brutal ataque a los civiles. Israel también lo verbalizó. El ministro de Defensa, Yoav Gallant, justificó, el 9 de octubre, el asedio total a Gaza (con bombardeos constantes, y el corte de suministros de agua, alimentos y combustible) en que “estamos luchando contra animales humanos” y reaccionaremos “en consecuencia”. También anunció que “lo eliminaremos todo”, mientras el portavoz del ejército israelí, Daniel Hagari, reconocía la destrucción gratuita: “El énfasis está en el daño y no en la precisión”.
La deshumanización, como la historia ha demostrado una y otra vez, es el preludio de atrocidades y horrores cada vez mayores. Gideon Levy denunciaba, en plenos ataques a Gaza, que “en la sociedad israelí hay una sistemática deshumanización de los palestinos, piensan que no son seres humanos y que no es un problema de derechos humanos. Si les rascan la piel, en casi todos los israelíes se encontrarán con eso”.
Capítulos
Para saber más
1. Pacho, L. (16/10/2023). Edith Bruck, escritora y superviviente del Holocausto: “La venganza, la revancha, no sirven de nada”. El País
2. Guidon Levy (09/10/2023) Israel Can’t Imprison Two Million Gazans Without Paying a Cruel Price. Haaretz
3. Simón, P. (16/10/2023) “Jeremy Milgrom: “el ataque de Hamás ha revivido el trauma del Holocausto”. La Marea
4. Gutiérrez, O. (21/10/2023) El historiador israelo-británico Avi Shlaim: “Las potencias occidentales serán cómplices del ataque de Israel a Gaza”. El País
5. Harari, Y.N. (22/10/23) El mundo debe conservar un espacio para la paz. El País
6. Esfard, M. (24/10/2023) En Gaza, Israel se precipita hacia el abismo moral. Haaretz

