Un hombre solo balbucea, con la mirada perdida, entre una nube de micrófonos. Resulta sorprendente que tras 26 años de ejercicio del poder no encuentre las palabras. Está solo, pero no sin sus demonios que le acompañan. Únicamente él sabe cuáles son y que trato hace con ellos.
Carlos Mazón eligió no seguir la carrera médica del padre y el abuelo. Prefirió la arena política y la escena musical, tenía un gusto por el contacto con el público. Le fue bien hasta la tragedia de la DANA de Valencia . En ese trance falló a sus conciudadanos, que no le perdonan ahora su negligencia y sus mentiras. A partir de ese momento su experiencia de la soledad cambió.
Un año después, en el funeral de Estado en homenaje a las víctimas, esa soledad se hizo más visible para todos, también para él. Una parte muy importante de ese público que lo escuchaba -incluso que le votaba y aplaudía- lo consideran poco menos que un apestado y le pedían a gritos que se fuera.
Su soledad no tiene que ver con la ausencia de compañía, él tiene a los suyos, no todos los que querría, pero unos cuántos sí. Su soledad la constituye su ausencia de respuesta, su falta de empatía y la cobardía moral ante sus propios hechos y dichos. Está solo porque ha renunciado al único acto que implicaría algún signo de asunción de responsabilidades, una mínima rectificación subjetiva: dimitir.
Todo lazo social se basa en el reconocimiento de una falta, es por ese vacío que buscamos al otro. Sin una pérdida asumida, el otro deviene un simple instrumento. Cuando alguien no puede o no quiere hacerse cargo de esa falta, se queda solo con su pasión de ser único, segregado del vínculo.
Mazón no acudió cuando se le esperaba y esa ausencia hace más dolorosa -como escuchamos en la voz indignada de los deudos- la falta de esas 229 víctimas. Inhibirse en el único acto que restauraría algo de su dignidad acentúa su soledad. Esa sería su última llamada porque un líder ausente en la hora de la verdad no puede conservar poder y razón, legitimidad y dignidad, autoridad y respeto.
Unos días después del funeral presenta su dimisión sin atisbo de rectificación, lo hace por su familia y “porque no puede más”, sin mención a las víctimas ni a su negligencia. Su propio jefe de filas la ha definido como una “decisión correcta”, de alguien “víctima de una cacería”.
Renunciar a la ilusión de ese esplendido aislamiento -una suerte de política egoísta que rechaza cualquier alianza o compromiso en defensa de sus intereses- implica asumir una pérdida, condición sine qua non de su futura reinserción social. Cualquier otra cosa sería impunidad.
Admitir, en cambio, los hechos alternativos, en la era de la posmentira, es admitir la degradación de la palabra y de las instituciones. Hoy, ya sabemos las consecuencias: VOX es la opción electoral favorita de los españoles hasta los 44 años.


4 comentaris
Dimitir o afirmar que no puede más no es suficiente. De acuerdo. Pero no ver en ello “ un atisbo de rectificación” es un poco exagerado. Ese camino de perdición de Carlos Mazón, quién sabrá contarlo? Es una hoguera de la vanidades de Tom Wolf, es un Dios vivo de Dostoievski.
Magnífico análisis. Las víctimas necesitan justicia, verdad, memoria y reparación.
Ninguna oportunidad ha dado este político, que rezuma en sus actos y palabras indignidad por todas partes e insultos a la inteligencia, tampoco los que lo arropan.
Els darrers estudis sociològics ens aporten dades alarmants sobre les inclinacions ideològiques de molts joves, entre d’altres: la democràcia no seria la millor opció per governar-nos o la violència masclista seria un invent feminista.
Efectes i conseqüències dels cinisme que s’ha instaurat, d’aquest fenomen de la post-mentida que menciona Ubieto?
Molt bona reflexió José Ramon, sempre he pensat que per ser polític s’ha de ser d’una pasta especial, no tothom serveix per a sostenir la pressió del desacord d’una part de la societat i la responsabilitat per les decisions preses, en teoria, pel bé comú. No tothom aplaudirà.
Però, en aquest cas, aquest senyor no arriba a la denominació de polític, al meu parer. I així ho ha posat en evidència amb aquest final tan covard, calculat i egoista . Com bé dius, dimitir i demanar disculpes hagués pogut reparar algun malestar (en ell i en els altres) però no sols no té en compte als perjudicats i la resta de la societat a qui es deu pel seu càrrec, fent una negació inaudita i projectant la responsabilitat en els altres, sino que, a sobre, s’espera per dimitir en una data concreta per no perdre res (economicament parlant) . No sabria com definir-ho, a part de cínic, aquest senyor és una mala persona, que actua amb tota impunitat o potser és que connectar i fer conscient tot això seria insuportable per a qualsevol, i porta un any dissociat?