A principios del siglo XX, el sociólogo Robert E. Park, padre de la Escuela de Chicago de estudios urbanos, señalaba algunas de las contradicciones propias de las ciudades del momento. En uno de sus escasos textos, Park apuntaba al hecho de que, al hacer la ciudad, el ser humano se había rehecho a sí mismo. La hipótesis de una relación dialéctica entre la ciudad como conjunto de volúmenes construidos y espacios intersticiales y la población que la habita, en una dinámica de transformación continua, permea también la obra Nómadas digitales y precarización algorítmica, coordinada por Jorge Sequera, Ana Santamarina y Francisco Fernández-Trujillo, al señalar cómo la proliferación de plataformas digitales y aplicaciones vinculadas a los servicios, además de convertirse en una nueva forma de extracción de valor de las ciudades, ha metamorfoseado la forma en que nos relacionamos entre nosotros y con la ciudad. Hablamos con Jorge Sequera aprovechando su visita a Barcelona para la presentación de la mencionada obra.
¿Cómo surge la idea de la investigación que da pie al libro?
El libro nace de un proyecto de investigación financiado por el Ministerio de Economía, Comercio y Empresa, que se llama OnDemandCity, y que trata de entender cómo la participación creciente de las plataformas en todos los aspectos de la vida está transformando la ciudad. A eso lo llamamos plataformización urbana.
Y para estudiar eso, el proyecto se centra en dos figuras que a primera vista no tienen nada que ver: por un lado el trabajador transnacional digital, lo que los medios llaman nómada digital o expat, que representa ese modelo de trabajo en remoto, flexible, supuestamente autónomo. Y por otro los migrantes que trabajan en sectores dependientes de plataforma: repartidores, trabajadoras de cuidados, conductores de VTC. Dos sujetos que comparten la ciudad pero que claramente no la habitan del mismo modo.
Lo que nos interesa no es tanto hacer un análisis desde la sociología del trabajo, que es desde donde se ha abordado más habitualmente, o desde un enfoque puramente jurídico, sino entender las conexiones entre esas transformaciones laborales, las biografías de los propios trabajadores, y lo que les está pasando a las ciudades. Y eso lo miramos en Lisboa, Málaga, Madrid y Barcelona, que son ciudades que están peleando por convertirse en referentes tecnológicos del sur de Europa. Ese Silicon Valley mediterráneo que todos prometen y casi nadie acaba de ser.
La plataformización es un fenómeno relativamente reciente, pero ¿qué elementos diferenciales aporta respecto a otras dinámicas de extracción de capital en las ciudades?
Lo que estamos viendo es un salto cualitativo respecto a lo anterior. Hay quien lo llama capitalismo de plataformas como un nuevo régimen de acumulación. Yo prefiero decir que no es una ruptura con las ciudades fordistas o postfordistas, sino más bien una capa nueva que se superpone a las anteriores. La fábrica no desaparece; la plataforma se le añade encima.
Y la diferencia central es que este modelo no requiere invertir en infraestructuras propias. Uber no construye carreteras; las usa. Las plataformas de reparto no crean la red viaria; la aprovechan. Airbnb no edifica viviendas; captura las que ya existen y las convierte en activos. Hay una extracción de rentas sobre infraestructuras que ya estaban, muchas de ellas públicas, y eso es lo que lo hace cualitativamente distinto.
Además, en el libro hablamos de una triple extracción que opera a la vez: sobre el salario, que se vuelve incierto y fragmentado; sobre la vivienda, que se encarece por criterios de rentabilidad; y sobre el propio espacio urbano, que se reconfigura como activo explotable. Y lo que estamos viendo ahora con la inteligencia artificial parece repetir exactamente la misma lógica que vimos con las plataformas después de 2008, con el riesgo añadido de acabar en otra burbuja.
¿Cómo definirías a los nómadas digitales y a los expats? ¿Son colectivos homogéneos?
Hay una primera capa de todo esto que es puro branding. El nómada digital es un concepto tan vago que lo puede llenar casi cualquier cosa. En algunos anuncios para atraer a este perfil a determinadas ciudades se hablaba indistintamente de trabajadores tecnológicos que saltan de ciudad en ciudad y de personas que finalmente iban a repartir comida. Que el mismo término sirva para ambas cosas dice bastante sobre su solidez como categoría.
Lo que encontramos en la investigación es que en muchos casos el nómada digital no es ni nómada ni autónomo. Son trabajadores subcontratados, con movilidad forzada más por la falta de alternativas que por elección, con dependencias laborales y residenciales bastante fuertes. La movilidad funciona ahí como gestión flexible de la precariedad, no como emancipación.
El expat tiene una definición algo más clara: migrante temporal, con pasaporte occidental, alta cualificación, que se instala en una ciudad con ingresos que vienen de otra economía. Hay autoras que los definen directamente como «migrantes acomodados y con privilegios», contraponiéndolos a otras tipologías migrantes, frecuentemente racializadas. Tampoco aquí el grupo es homogéneo, pero al menos la categoría tiene más consistencia.
Lo que sí es claro es que alrededor de estos perfiles se ha construido un ecosistema enorme: colivings, coworkings, plataformas de alquiler de media duración, universidades privadas internacionales, hubs tecnológicos. Ese ecosistema tiene efectos muy concretos sobre el barrio, sobre el precio del alquiler, sobre quién puede seguir viviendo donde vivía, con independencia de cuántos nómadas digitales puros existan en realidad, que en muchos casos son bastante menos de lo que el discurso sugiere.
Estos grupos son señalados desde una perspectiva culturalista, como si fueran los responsables de las transformaciones. ¿Es posible hacer un análisis de clase de esta nueva realidad?
Es necesario hacerlo, y es justo donde el análisis culturalista falla. Señalar a los expats o a los nómadas como causantes de la crisis de vivienda no es completamente erróneo en las observaciones, pero sí en el diagnóstico. Detrás no hay una cuestión de costumbres o de hábitos: hay capitales que aprovechan esos flujos, políticas urbanas que los incentivan activamente con dumping fiscal y visas nómadas, y plataformas que actúan como dispositivos de internacionalización del mercado inmobiliario. Las personas que llegan son el vector, no el motor. Y reducirlo a una cuestión de origen o de cultura tiene el riesgo de deslizarse hacia posiciones que confunden el síntoma con la causa.
Lo que el libro propone es pensar esto en términos de clase. Y aquí lo interesante es que las plataformas reorganizan el tiempo social de forma muy desigual: el trabajo plataformizado permite externalizar tiempo reproductivo de las clases medias urbanas hacia una fuerza de trabajo subalterna. Tiempo de cuidado, de limpieza, de movilidad, de alimentación. Las jerarquías se reordenan no solo en salario sino en tiempo, y eso el análisis culturalista no lo ve. Hay una gentrificación plataformizada que tiene una lógica de clase muy clara, aunque no siempre sea fácil nombrarla sin que parezca que estás culpando a la persona equivocada.
El libro analiza varias ciudades. ¿Hay un denominador común, o cada caso tiene su propia lógica?
Las dos cosas a la vez, diría. Hay un patrón estructural común: todas estas ciudades compiten por posicionarse como nodos del capitalismo digital del sur de Europa, todas experimentan procesos de segregación y expulsión ligados a esa competencia, y en todas la plataforma conecta de alguna manera las transformaciones laborales con las urbanas. Pero los caminos son distintos.
Lisboa es el caso más paradigmático. Todo se fue preparando allí durante años: desregulación del alquiler, turistificación acelerada, entrada de las visas nómadas, deslocalización de trabajo desde el norte de Europa. El resultado es una ciudad con una complejidad enorme en todo lo que tiene que ver con plataformización y nomadismo digital.
Málaga tiene características similares en apariencia, pero el libro muestra algo que me parece importante: en realidad no hay evidencias de una comunidad consolidada de nómadas digitales allí. Lo que hay es un discurso municipal que usa esa figura para justificar la continuidad del modelo turístico-inmobiliario de siempre. Los nómadas son el relato; lo que se mueve debajo es una internacionalización del mercado residencial con alquileres a medio y largo plazo, y una dualidad muy fuerte entre quienes llegan con ingresos altos y una población local con rentas muy por debajo de la media.
Madrid responde más a una lógica de cuello blanco: directivos y clases medias-altas latinoamericanas instalándose en Salamanca, Chamberí o el entorno financiero, con el dumping fiscal como atractivo y las Cuatro Torres como símbolo de ese modelo. Y Barcelona sigue siendo la ciudad de las startups, las universidades punteras y la marca cosmopolita, con el Poblenou como zona de concentración de expats. Lo que queda por ver es si allí predomina la compra como inversión o la rotación alta de estancias temporales, porque las consecuencias sobre la vivienda son distintas.
¿Hacia dónde apuntan estas transformaciones?
Lo que vemos es que los discursos dominantes del urbanismo contemporáneo cumplen una función retórica muy concreta: crear la idea de que la plataformización y la hipermovilidad nos tocan a todos por igual, cuando en realidad lo que hacen es redistribuir riesgos, costes y tiempos de forma muy desigual. La ciudad plataformizada no es una promesa futurista neutral.
Y el patrón que está emergiendo con la inteligencia artificial parece repetir exactamente lo mismo que vivimos con las plataformas: capitales que buscan refugio, inversiones enormes, promesas de transformación total, con el riesgo de que acabe como otra burbuja especulativa.
Pero el libro no termina solo en el diagnóstico, porque también encontramos resistencias. Nuevas formas de sindicalismo entre repartidores y trabajadoras del hogar, movimientos vecinales contra la turistificación, redes de apoyo mutuo de mujeres migrantes que usan las mismas herramientas digitales para organizarse al margen de la plataforma. En esas grietas hay algo más que protesta: hay ensayos de formas distintas de habitar y de organizarse, frente a la conversión definitiva de la ciudad en una interfaz del capitalismo global.



1 comentari
Bok moja draga obitelji, ja sam KLAUDIA GRANATER, majka sam troje prekrasne djece, imala sam sjajan život i dobro plaćen posao, a kao što svi znate, ništa dobro ne traje vječno. Bila sam žrtva propalog braka koji mi je zamalo oduzeo život i potrošila sam svu svoju životnu ušteđevinu boreći se za skrbništvo nad svojom prekrasnom djecom jer su oni jedina obitelj koja mi je ostala na ovom svijetu. Bila sam na rubu da odustanem od samog života nakon što sam potrošila sve za što sam se trudila u životu samo da bih dobila skrbništvo nad svojom djecom, pa sam počela tražiti zajmodavce online. Pokušala sam s više zajmodavaca, ali svi su se činili previše dobrima da bi bili istiniti, i nažalost jesu, i ništa ne boli više od takve vrste razočaranja..
Davat će prazna obećanja i nestati.
Bio sam prevaren i beznadan, vjerujte mi, to je bilo pakleno iskustvo, potpuno sam odustao od svega, uključujući i svoju djecu, ali mi je pomogao prijatelj koji me upoznao s DOMINION LOAN CENTEROM, međunarodnim zajmodavcem koji mi je zapravo isporučio upravo ono što sam želio uz brz odgovor.
Od početka su bili transparentni u vezi uvjeta, kamatnih stopa i planova otplate koji su najbolji. Nema skrivenih troškova ili nepredviđenih izdataka… Tvrtka će vas tražiti samo osiguranje kojeg sam se bojao, ali zbog dobrih vijesti koje sam čuo o njima, pokušao sam i iznenađujuće su mi dali zajam 5 sati nakon što sam pokrio policu osiguranja i to je jedini trošak koji sam imao prije nego što sam dobio zajam.
Proces je bio gladak i brzo sam dobio/la zajam. Zahvaljujući našem nebeskom Ocu i DOMINION LOAN CENTER-u, moja su djeca sa mnom i osjećam određenu vrstu mira jer se postupno oporavljam. Uzeo/la sam različite vrste zajmova od ove tvrtke {osobni zajam, poslovni zajam, zajam za automobil itd.} i također sam preuzeo/la na sebe da ljudima kažem o dobroti ove tvrtke jer ne želim da itko doživi ono što sam ja prošao/la u rukama lažnog zajmodavca, posebno samohranih majki poput mene. Vjerujte mi kad kažem da je njihova korisnička služba bila susretljiva i vrlo korisna kad god sam imao/la pitanja.
Ako se mučite pronaći legitimnog zajmodavca kao što sam se ja mučio/la, toplo bih vam preporučio/la da isprobate DOMINION LOAN CENTER i sljedeće svjedočanstvo koje ćemo čitati bit će vaše.
Preokrenuli su moju financijsku situaciju 🙏hvala Gospodinu..
Kontakt podaci E-pošta: {dominionloancenter@gmail.com}
image.png
+1 (785) 684-2232