A lo largo de estas últimas semanas, la ciudad de Barcelona parece sumida en un instante extraño, casi esquizofrénico. El alcalde, desatado en redes sociales al carecer de oposición política en el consistorio, dice que pondrá más bancos en la calle para combatir la soledad, promete quitar los plataneros para evitar tantos estornudos primaverales e incluso se atreve a pronosticar una Rambla habitada por personas de carne y hueso, con lo que la avenida de avenidas de la capital catalana volvería a ser esa maravilla interclasista cantada por Washington Irving allá por el siglo XIX.
Sin embargo, la superficie respira con otros ritmos. Las loas virtuales no conjugan bien con determinadas actuaciones en el suelo que pisa la ciudadanía, preocupada por el creciente número de pistoleros globales en la vía pública, así como por el incremento de desahucios y seres humanos que duermen en cualquier banco, pero no para mitigar la soledad.
Esto de echar a personas de sus casas es feo, más aún si luego lo lamentas cuando has usado a las fuerzas del orden para ejecutarlo y favorecer a fondos de inversión, pero tranquilos, siempre podremos ver Ravalear para tener la conciencia tranquila, porque todos son muy malos y la ciudad va fatal. Por eso no se moverá un dedo, como tampoco se hizo con la estación de mercaderías de la Sagrera, al final ruina, de esas que fotografío mientras constato mi condición de cronista de una ciudad extinta y pienso en Manolo Laguillo.
He ido varias veces hasta el terreno donde asomaba con belleza ese gran patrimonio ferroviario no solo para Barcelona, sino para todo el país. La estación, derribada tras rebasar el siglo de existencia, generaba una vista de todos los estratos propios de una urbe al juntarse con la medieval Torre del Fang y el puente de Bac de Roda, Calatrava para todo hijo de vecino.
La tiraron tras múltiples intentos de salvación de un precario movimiento vecinal, más frágil si cabe al ser periférico y, por lo tanto, figurar en el catálogo de la invisibilidad para el municipio, que solo ha intervenido en las barracas de los aledaños cuando se han producido incendios. Para evitar su reconstrucción, salvo una superviviente frente a la desaparecida estación, han puesto unas monstruosas estructuras que no nos atrevemos a definir como New Jerseys por su gigantismo.

Pero ese es otro tema. Una clave esencial para comprender algunas derivas de la ciudad democrática radica en dar un uso contemporáneo a edificios de otra época. ¿Por qué no podía realizarse en la Sagrera? Un motivo no confesado es la orgía de presentismo que caracteriza la filosofía del hoy condal, según la cual lo pretérito no debe ser explicado en ninguna circunstancia para propulsar los logros de la administración. Esto ha acaecido con gobiernos de cualquier color político y no es ninguna novedad; de hecho, los Comuns juzgaban esnob lo patrimonial y quizá por ello los barrios no los recuerdan con mucho cariño.

Una segunda causa es que el sueño del presentismo engendra monstruos y negligencias, propias de quienes no pisan jamás el tejido que los votantes les han encargado dirigir. Por eso, esa es su argumentación, demolieron la estación de mercaderías, pues debían alinear el terreno. No deja de ser curioso que alineación y alienación sean palabras tan similares, con la segunda muy adecuada para los actuales responsables de la cosa pública.

La pereza a la hora de hacer política es algo desesperante que debería ser penalizado. La muerte de la Sagrera podía haber alojado un museo del ferrocarril e inaugurar una serie a seguir con El Molino, fantástico para acoger una exposición permanente sobre el esplendor del Paralelo, pero se ha preferido resucitar algo imposible porque la época no es la del music hall.

La opción museística no sería la única. Ante la precariedad de vivienda se podrían haber emprendido acciones para modificar el interior, que, asimismo, también podría servir como equipamiento a definir, convirtiéndose su lado trasero en un vergel a conectar con el parque de la Torre del Fang, que por cierto aún espera recibir cometido. Arreglaron su zona verde a toda prisa y creyeron que con eso se calmaba al vecindario para parar su creciente ruido, con peligro de devenir mediático.
Como algunos lectores saben, viajo con cierta asiduidad por Europa. Hará cosa de un mes pasé por delante de la gare du sud en Niza, reemplazada por Nice Ville, un moderno complejo que alterna los viajes con múltiples tiendas de todo tipo, por supuesto con restaurantes y bares para transeúntes y usuarios de los trenes.

¿Qué hacer con la fastuosa gare du sud? Los periódicos locales recogían el debate interno de la villa mediterránea. Quieren transformarla en un teatro, cumpliéndose así la máxima de dar nueva funcionalidad a una estructura a preservar tanto desde lo estético como lo patrimonial.
Al ser francesa es más que probable que se tomara el ejemplo paradigmático de la estación de Orsay en París, desde 1986, mediante la reforma de Gae Aulenti, una de las pinacotecas más celebradas del Viejo Mundo, si se quiere una continuación del Louvre por la cronología de lo expuesto, con numerosas obras maestras del Realismo, el Impresionismo y los genios de finales del siglo XIX, de Seurat a Gauguin, de Van Gogh a Cézanne.

Tampoco nos olvidamos, y podríamos añadir más name dropping para confirmar el error de los asesores de Collboni, el Roundhouse de Londres, un antiguo depósito de locomotoras reconvertido desde los sesenta en recinto para conciertos y espectáculos escénicos.
Desde hace muchas legislaturas se busca una piedra filosofal para tener un magno centro artístico en la periferia. Del Piramidón de la Pau nadie se acuerda, del Espronceda Art Center ni os cuento y no muy lejos de la aniquilada estación es un milagro la resistencia de la Nau Ivanow. La vieja dama de las mercaderías es, en todos los sentidos, una posibilidad perdida, exterminada desde la excusa de alinear. Lo mismo se produce en el 188 de la rambla de Badal, donde los inquilinos combaten para que su inmueble, datado en 1929, no vaya al suelo. En su caso no se trata solo de lo patrimonial, sino de poder vivir sin ser expulsados, porque mientras se publican promesas con muchos filtros, el plomo de la realidad cotidiana se vuelve cada vez más gris para los anónimos que suelen carecer de voz, aunque no de voto.



1 comentari
ADVICE! ADVICE!! ADVICE!!! TO ALL HSV PATIENTS…
Do You have an outbreak and have been looking for products to help you heal your sores(cuts, bumps, or blisters) faster, reduce unbearable itching and burning sensation… I got you!!! Contact herbalist Dr Kham today, He will help you eradicate this virus just in Two weeks of taking his herbal medication. Many people will believe you should have a sour face because you have HERPES, I’m telling you now don’t! Think that way and Your status doesn’t define you at all. They’re still having sex or kissing just like you got it. Y’all are no different from each other! Accept yourself, love yourself, and live your life! Stop allowing other people’s opinions to control you! Why not treat and cure it permanently with herbal medication because that was the only way I was able to eradicate mine with the help of Herbalist Dr. Kham Herbal Medication in two Weeks and also I want to use this opportunity to share to anyone who is suffering from this and I know it not easy to believe but I assure you that when you do so you are bringing yourself backward and don’t forget that health is wealth, Walking in your truth after a Herpes diagnosis isn’t being taught from the doctor’s office or sex education. So it requires someone with it to gain an understanding of the virus and confidence to Eradicate it! Herbalist Dr. Kham products are the best to eradicate HSV in two weeks and it helps you reduce symptoms and speed up the healing cycle and cure you permanently just in two weeks of taking the dosage. Reach out to him today via his Email…. dr.khamcaregiver@gmail.com, and his WhatsApp +2348159922297,.