Entre el 6 y el 12 de junio, el papa León XIV realiza su primera visita a España, un Estado que se define como aconfesional pero que, al mismo tiempo, reserva a la Iglesia católica el privilegio de ser mencionada en la Constitución junto con un mandato dirigido a los poderes públicos para que cooperen con ella teniendo en cuenta “las creencias religiosas de la sociedad española”. Unas creencias que han ido evolucionando, a diferencia de la Constitución.
Esta singularidad que arrastramos desde 1978 figura en el trasfondo justificativo del despliegue de recursos y la restricción de derechos que las administraciones están llevando a cabo en torno a la visita papal, en la que se mezclan su condición de administrador de la fe católica y de jefe del Estado Vaticano, el más pequeño del mundo. Como si en este país no se hubiera producido una pérdida efectiva del peso de las religiones, y especialmente del catolicismo, como referente y guía moral de la sociedad.
El proceso de secularización ha sido intenso en las últimas décadas y múltiples estudios así lo demuestran. El área metropolitana de Barcelona ha actuado como motor de este proceso en Cataluña, como muestran los datos más recientes del *Barómetro de Opinión Política*, estudio demoscópico que publica regularmente el Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) de la Generalitat a partir de 2.000 entrevistas a personas mayores de edad. En ellos se observa cómo menos de la mitad de la población se identifica de alguna manera con el catolicismo, y la práctica religiosa ha pasado a ser una opción muy minoritaria frente al avance del ateísmo (la negación de toda divinidad) y el agnosticismo (la convicción de que no puede afirmarse ni negarse la existencia de Dios).
A continuación, exploramos el estado actual de la religiosidad en el área metropolitana de Barcelona a través de cuatro gráficos clave que *Catalunya Metropolitana* ha elaborado a partir de las microdatos del CEO para segmentar las respuestas de los 1.288 encuestados residentes en el Baix Llobregat, Barcelonès, Maresme, Vallès Occidental y Vallès Oriental.
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Como se observa en el gráfico anterior, en las comarcas metropolitanas menos de la mitad de los mayores de edad (el 47,7%) se define como católica, mientras que en el conjunto de Cataluña todavía puede decirse que el catolicismo es mayoritario (50,4%). Además, el bloque de personas que no creen en ninguna divinidad ya supera claramente al de los católicos practicantes. En concreto, los mayores de 18 años que se declaran ateos (24,2%) y agnósticos (18,3%) suman un 42,5% de la población, una cifra que triplica ampliamente el 12,7% de católicos que acuden al menos una vez al año a alguna ceremonia confesional. Eso sí, entre este reducido grupo se encuentran personalidades tan destacadas como el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, y el del Parlament, Josep Rull, las dos principales autoridades del país.
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La desconexión con las instituciones religiosas es especialmente visible entre quienes todavía se identifican como católicos. En la región metropolitana, casi tres de cada cuatro católicos (el 73,3%) reconocen que no acuden nunca a ningún acto religioso, excluyendo aquellos que pueden considerarse puramente de socialización, como bodas o funerales. Esta cifra es superior a la media catalana (69,7%). Si nos fijamos en la práctica habitual de la religión, entendida como asistir a algún oficio una vez por semana, queda un residual 7,5% dentro de este colectivo, equivalente a un ínfimo 3,5% de la población general. El catolicismo en la metrópoli se ha convertido, mayoritariamente, en una etiqueta cultural o heredada más que en una vivencia comunitaria activa.
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El arraigo y el origen geográfico desempeñan un papel determinante en la religiosidad de los residentes metropolitanos. En el gráfico anterior se aprecia que más de la mitad de las personas nacidas en Cataluña que viven en la metrópoli (el 50,5%) se definen como no creyentes (ateas o agnósticas). En cambio, entre los residentes nacidos en otras comunidades autónomas del Estado, el catolicismo (se practique o no) se mantiene como una identidad muy fuerte (66,9%). Por su parte, la población nacida fuera de España aporta una mayor diversidad, con una presencia más destacada del islam (10,1%) y del cristianismo evangélico o protestante (10,8%).
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Las convicciones religiosas están marcadas por la edad. El catolicismo solo mantiene su hegemonía entre las generaciones de mayor edad: es la opción mayoritaria a partir de los 50 años y alcanza el 68,1% entre los mayores de 64 años. Por el contrario, entre la ciudadanía de 18 a 24 años el ateísmo es la opción principal (34,6%), aunque el catolicismo no desaparece, sino que parece repuntar: se identifica con él uno de cada cuatro jóvenes (25,2%). En este grupo de edad es donde tienen más peso otras religiones como el protestantismo o el islam. El contraste generacional apunta hacia una consolidación de la metrópoli como un espacio mayoritariamente laico en las próximas décadas, en coexistencia con una mayor diversidad de creencias.
Artículo original de Catalunya Metropolitana

