La noche del domingo 1 de octubre de 2023 se celebró el primero de los debates presidenciales con motivo de las inminentes elecciones en Argentina. Llevado a cabo en el Centro de Convenciones Fórum de la ciudad de Santiago del Estero y organizado por la Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE) y la Cámara Nacional Electoral, el acto estaba estructurado en diferentes bloques temáticos. La polémica surgió en la sección titulada «Derechos humanos y convivencia democrática», que había sido uno de los temas más votados por la ciudadanía para incluirse en el debate. El protagonista fue quien, poco más de dos meses después, el 10 de diciembre, asumiría el cargo de presidente de la Nación: Javier Milei.
En los dos minutos asignados a cada candidato, Milei afirmó lo siguiente: «[…] Nosotros valoramos la visión de memoria, verdad y justicia. Empecemos por la verdad: no fueron 30.000 los desaparecidos, son 8.753. Por otra parte, estamos absolutamente en contra de una visión tuerta de la historia. Para nosotros, durante los 70 hubo una guerra. Y en esa guerra, las fuerzas del Estado cometieron excesos y por tener el monopolio de la violencia le vale todo el peso de la ley. Pero también los terroristas de Montoneros, los terroristas del ERP, mataron gente, asesinaron gente, torturaron gente, pusieron bombas, hicieron un desastre y también cometieron delitos de lesa humanidad […]». A continuación, añadió: «Además, tampoco estamos de acuerdo con el curro de los derechos humanos. Aquellos que usaron la ideología para ganar plata, para hacer negocios turbios, o no recuerdan algo así como sueños compartidos o lo que es la propia Universidad de Madres de Plaza de Mayo».

En la segunda vuelta de los comicios presidenciales celebrada el 19 de noviembre de 2023, Milei (La Libertad Avanza) obtuvo el 55,65 % de los votos afirmativos (lo que representó más de 14,5 millones de sufragios), frente al 44,35 % (poco más de 11,5 millones de sufragios) del candidato Sergio Massa (Unión por la Patria). Desde que asumió la presidencia, el Poder Ejecutivo ha impulsado una serie de medidas institucionales, recortes presupuestarios y drásticos cambios en la comunicación oficial que modificaron radicalmente la postura histórica del Estado argentino frente a la dictadura militar y las políticas de derechos humanos. El Gobierno ha enmarcado estas acciones dentro de lo que denomina la «batalla cultural», buscando instalar el concepto de «Memoria Completa».
En el ámbito administrativo y económico, el Gobierno aplicó la política de «motosierra» (reducción del gasto público) directamente sobre las áreas de Derechos Humanos, lo que generó una considerable disminución de los presupuestos asignados a diferentes organismos estatales, así como a entidades museísticas y académicas, y provocó despidos y el desmantelamiento de equipos de investigación. Paralelamente a esta drástica reducción presupuestaria para las políticas de la memoria, cobró notoriedad Lourdes Arrieta, diputada de su propio partido y una de las protagonistas de la visita de varios legisladores libertarios a los militares genocidas encarcelados por crímenes de lesa humanidad.

La prensa argentina señaló que el objetivo del encuentro, organizado por el diputado Beltrán Benedit, era discutir posibles vías jurídicas para liberar o beneficiar a los represores con prisión domiciliaria (véase el artículo del diario Página/12: «Seis legisladores de La Libertad Avanza se reunieron con los represores presos en Ezeiza. La impunidad avanza: una visita de diputados a Alfredo Astiz y una reivindicación de los indultos a los genocidas»). La visita realizada el 11 de julio de 2024 en la Unidad Penal de Ezeiza fue considerada como un acto de camaradería, que tuvo su máxima expresión de repudio cuando se filtró la fotografía oficial del encuentro: «La foto que quiere borrar la memoria: así sonrieron genocidas y diputados libertarios», publicó el mismo periódico. En dicha imagen se aprecia a los diputados del bloque de Milei posando sonrientes junto a Alfredo Astiz y otros exmilitares condenados a cadena perpetua.
En la foto, situada justo en el centro del numeroso grupo y en primera fila, destacaba especialmente la diputada Lourdes Arrieta por su abrigo de color naranja. Frente a las críticas recibidas, se defendió en un programa de radio alegando una ignorancia asociada a su edad: «Estuve y hablé con Astiz. Pero como no viví en esa época, como nací en 1993 y no tengo ni idea de quiénes eran los personajes de esa época, la verdad es que vi internos de 80 años», afirmó durante una entrevista concedida a MDZ Radio. A finales de agosto de 2024, minutos antes de que sus propios compañeros votaran para expulsarla por haber filtrado la información, Arrieta decidió renunciar al bloque de La Libertad Avanza, aunque no renunció a su banca (término equivalente a escaño). Ahora como independiente, ha declarado que desde su monobloque continúa apoyando las ideas y la agenda general del presidente Javier Milei.

Paradójicamente, con su excusa, la diputada puso en evidencia la urgente necesidad de cultivar la memoria histórica. Quizás por ello sus propios compañeros quisieron expulsarla. La cuestión es que sería una buena candidata para leer la novela gráfica publicada por la editorial Garbuix Books en marzo de 2026: La vida toda, con guion de Ángel de la Calle, dibujo de Jordi Sempere y color de Anna Ruiz, una historia inspirada en hechos reales aunque no corresponde a un caso concreto. En los textos promocionales de la obra se contextualiza la situación de su protagonista y sus allegados: «Daniel, psicoanalista argentino de mediana edad, vive exiliado en París desde el golpe de Estado de Videla. De espaldas a su pasado y sin haber regresado nunca a su país natal, su vida transcurre sin sobresaltos, aunque con una cierta apatía… hasta que una llamada inesperada lo cambia todo. El Banco Nacional de Datos Genéticos de Argentina ha registrado un positivo. Pero lo que ha encontrado no es a su hermana “desaparecida”: es a su hija. Sin embargo, Daniel no ha tenido hijos con ninguna de sus compañeras de vida».
El guionista sitúa la historia en 2002, interrumpiendo la narración presente para mostrar los sucesos vividos entre 1975 y 1977, cuando Daniel decidió exiliarse a Francia y no volver nunca más a su país a pesar de los cambios democráticos acontecidos. Este marco temporal ayuda a definir el perfil de la protagonista invisible de esta historia, una joven de veinticinco años que descubre que en realidad fue un bebé robado y que los supuestos padres que la han criado son cómplices de dicho acto criminal. El estilo realista de Sempere resulta incisivo para remarcar los estados de ánimo de los personajes a través de sus expresiones faciales y corporales, que muestran de forma sutil el paso del tiempo, la soledad y el desarraigo, así como el miedo a enfrentarse a la inesperada situación personal. El color aplicado por Ruiz para el presente y el pasado contribuye a enfatizar este contexto mediante selecciones cromáticas que generan una atmósfera inmersiva y una composición que aporta a la verosimilitud de la historia contada para recuperar, a partir de esta ficción, la memoria de las consecuencias de la dictadura militar sobre la población civil, independientemente de su condición. De este modo, se reconstruye la identidad de sus protagonistas en los diferentes casos mostrados: tanto de quienes sobrevivieron como, muy especialmente, de aquellos a quienes les robaron sus vidas.

La vida toda cuenta con un prólogo de Juan Sasturain, reconocido escritor, periodista y guionista de historietas, de cuya autoría destaca especialmente el cómic Perramus (1984-1991), dibujado magistralmente por el gran Alberto Breccia (1919-1993), y que en 2025 Astiberri Ediciones recuperó en una edición integral de lectura obligada. En el texto que sirve de antesala a la novela gráfica de De la Calle, Sempere y Ruiz, Sasturain reivindica la ficción como instrumento pedagógico para la memoria histórica, en especial en estos momentos convulsos. En realidad, se puede trazar un cierto paralelismo entre las dos obras citadas: la publicación actual que implica a tres generaciones (los abuelos como efectos colaterales; los padres represaliados, asesinados o exiliados, y los hijos secuestrados) y la clásica obra Perramus, en la que el protagonista huye de los escuadrones de la muerte y decide hacer un pacto para perder la memoria, despojándose de su ropa y de su pasado. Editada por entregas, la primera de ellas apareció apenas un año después de la llegada al poder de Raúl Alfonsín (1927-2009), en plena transición democrática. La obra realiza una autocrítica a una parte de la sociedad civil, a través del símil de la decisión de borrar la memoria tras abandonar a sus compañeros, que encarna un mecanismo de negación que adoptaron muchos ciudadanos para sobrevivir.
El epílogo de La vida toda está escrito por Ramiro Manduca, investigador, historiador y docente de la Universidad de Buenos Aires, que estudia el período histórico de la dictadura militar a través del teatro. El texto, en este caso, permite contextualizar los hechos históricos que acontecieron en la segunda mitad del siglo XX en Argentina, que condujeron a los diferentes golpes de Estado y cambios políticos sucesivos. Manduca es uno de los grandes expertos en el fenómeno conocido como Teatro Abierto, un movimiento cultural trascendental de principios de los años ochenta que funcionó como un espacio de resistencia y desafío al régimen militar desde el escenario. En su publicación “El fin de la infancia”: Las giras internacionales del Teatro Municipal General San Martín durante la última dictadura militar argentina (2024), coescrita con el profesor Eugenio Schcolnicov, ambos expertos analizan una estrategia muy particular de la dictadura: el uso de las giras internacionales del elenco del Teatro San Martín (uno de los más importantes de Buenos Aires) como una herramienta de propaganda. El objetivo del régimen era utilizar la «alta cultura» teatral para exportar una imagen de normalidad y prestigio al exterior, con el fin de contrarrestar las denuncias internacionales por las violaciones a los derechos humanos que ya empezaban a aislar a la Argentina en el mundo. En definitiva, una demostración, una vez más, de la importancia del relato. Por eso es fundamental la lectura de La vida toda.

