Reservoir Books publica el cómic Hotel Abuel, con guion y dibujo de Marta Altieri, una divertida historia ambientada en una residencia de ancianos de las generaciones millennial y Z. Galardonada con el Premio Talento Joven Splash 2026, la obra rompe con los estereotipos asociados a la tercera edad, aunque aborda sus dinámicas más tradicionales, como el miedo a la soledad o la presencia perenne de la muerte.

Aquí tens la versió en catalá


El autor Scott McCloud (Boston, 1960), uno de los teóricos y dibujantes de historieta más influyentes del panorama internacional, acuñó el concepto de «lienzo infinito» (Infinite Canvas) en su ensayo Reinventando el cómic: Cómo la imaginación y la tecnología están revolucionando la forma artística (Reinventing Comics: How Imagination and Technology Are Revolutionizing an Art Form, 2000). A partir del análisis de diferentes propuestas de cómics digitales que habían aparecido en los tres lustros anteriores, McCloud se planteaba por qué la narrativa gráfica en pantalla seguía encadenada al tamaño y los límites del papel impreso. Para McCloud, el soporte físico tradicional —la página de papel con dimensiones fijas de ancho y alto— no constituía una regla inherente al lenguaje de la historieta, sino una limitación histórica impuesta por la industria de la imprenta.

El lienzo infinito propone entender la pantalla del ordenador o del dispositivo móvil no como un marco rígido que contiene una página escaneada, sino como un visor o ventana que se desplaza libremente sobre un espacio narrativo potencialmente ilimitado. Al liberarse de las fronteras del papel, el cómic digital transforma la lectura en una experiencia fluida y sin interrupciones. Las viñetas ya no están atrapadas entre márgenes rígidos: pueden desplegarse en un desplazamiento infinito hacia abajo, extenderse en una panorámica horizontal o ramificarse como un mapa. Sin la pausa obligada de pasar página, el espacio en la pantalla se convierte en tiempo puro; la distancia entre las imágenes marca el compás de la historia —transmitiendo desde el vértigo de la acción hasta la calma de un pensamiento— mientras el lector simplemente se deja llevar deslizando el dedo sobre la pantalla.

Los investigadores Roberto Bartual y Gerardo Vilches, en su artículo La vanguardia del cómic digital: Transmedialidad y recursos narrativos en Joselito de Marta Altieri (2020), indican que la irrupción de los dispositivos móviles y la simplificación de los recursos técnicos han favorecido nuevas propuestas creativas que van en la línea del lienzo infinito propuesto por McCloud. Los autores van más allá al reconocer que «los webcómics no tienen por qué limitarse a reproducir imágenes estáticas y textos; también pueden incluir música, imagen animada, efectos visuales, etc.», e indican una lista de posibles recursos narrativos novedosos en aquel momento: «GIF animados, diálogos dispuestos como en una pantalla de WhatsApp, temblores de pantalla, inserción de clips musicales, efectos de desenfocado, de salvapantallas o uso de fotografía tratada digitalmente».

Bartual y Vilches dedican esta investigación a un webcómic en concreto, que «destaca por el uso indiscriminado de casi todos estos recursos»: Joselito (2018-2022), de la autora sevillana Marta Altieri. Nacida en 1987 y residente en Madrid, pertenece a la Generación Millennial (o Generación Y), cuyo marco temporal se sitúa de forma generalizada entre los años 1981 y 1996, antesala de la Generación Z, la primera integrada por nativos digitales puros. A diferencia de sus sucesores, los millennials vivieron una infancia libre de pantallas inteligentes, pero integraron internet, la telefonía móvil y las redes sociales durante su juventud. Los hábitos de consumo viraron desde la acumulación de patrimonio físico hacia la vivencia personal. El auge de las plataformas de suscripción, los servicios compartidos y la prioridad otorgada a los viajes, la gastronomía y el ocio cultural reflejan un cambio cultural donde la experiencia prima sobre la posesión.

Para esta generación, superviviente de varias crisis económicas —como la recesión de 2008—, la precariedad y el encarecimiento de la vivienda retrasaron o modificaron hitos sociales tradicionales. La independencia económica, la compra de inmuebles, el matrimonio y la maternidad o paternidad se han postergado significativamente en comparación con las generaciones precedentes, dando paso a estructuras de hogar más flexibles. En la esfera profesional, esta generación impulsó la búsqueda de propósito en el empleo, cuestionando la cultura del presencialismo e introduciendo el debate sobre la conciliación y el teletrabajo. De manera paralela, lideró la desestigmatización de la salud mental en el espacio público, priorizando la estabilidad emocional como un pilar fundamental del bienestar.

En definitiva, al tratarse de una generación marcada por profundas transformaciones tecnológicas y brechas económicas globales, sus rasgos sociológicos han redefinido la estructura familiar, el espacio de trabajo y los patrones de consumo. Y justamente a ese perfil pertenece el personaje de Joselito, convertido en una figura icónica de la narrativa digital contemporánea: «Visualmente ideado como una silueta esquemática en negro sobre fondo claro con destellos de color expresivo, su diseño minimalista contrasta con una notable carga dramática. Más que un personaje tradicional con diseño anatómico clásico, funciona como un avatar hipertextual a través del cual la autora canaliza la experiencia e introspección de la juventud actual», se indica en la promoción de la obra.

«Protagonista de un universo que se articula alrededor del amor, el desencanto, las pasiones y la paranoia, el personaje navega por estados emocionales fluctuantes que van desde la fascinación interpersonal hasta el aislamiento tras la pantalla». La misma autora hace hincapié en que sus vivencias no responden a grandes epopeyas ficticias, sino «a la trastienda de la rutina urbana: la ansiedad de la precariedad, los altibajos emocionales, la búsqueda de conexión y la incertidumbre del día a día». Bartual y Vilches describen Joselito como un webcómic generacional, no solo por las peripecias de su protagonista, sino sobre todo por la naturaleza de su angustia vital, en una sociedad que la autora reconoce hiperinformada gracias a la red, algo que estimula al personaje y le permite conseguir sus ingresos vitales.

«Joselito es un millennial que teletrabaja desde casa y mantiene dos perfiles de Instagram, uno para subir memes de creación propia y otro para sus fotografías de desnudos. Además, en su tiempo libre, Joselito es webcammer erótico. La imagen que Joselito ha construido de sí mismo en Internet es, como para toda una generación, una máscara social con la que se enfrenta al mundo», afirman los investigadores, que reconocen a su vez la adicción del personaje no solo a todo lo que implica el mundo digital (la obsesión por los «me gusta» o por si la persona que te gusta ha visto tu actualización, entre otras lindeces), sino también a los porros y los antidepresivos. ¿Cómo sería Joselito en la vejez?

Ahora tenemos la respuesta por parte de la misma autora, a partir de una propuesta de la editorial para continuar con las historias de Joselito una vez que decidió parar, porque «la serie no ha acabado, solo que la autora necesita un descanso y repensar el guion», apostilla en su web. El resultado final es el cómic Hotel Abuel (2025), publicado por el sello Reservoir Books, y que acaba de ser galardonado con el Premio Talento Joven Splash 2026 otorgado por el Ayuntamiento de Sagunto, un galardón que se entregará en la XIII edición del Festival de Cómic que se celebrará en dicho municipio, del viernes 20 al domingo 22 de noviembre.

Hotel Abuel está concebido en un formato tradicional sobre papel y constituye una sátira entrañable y generacional sobre cómo envejecerán los jóvenes de hoy, a través de la cotidianidad de una residencia de ancianos cuyos residentes interactúan entre sí y con los cuidadores del centro. Esos millennials y algunos integrantes de la Generación Z tienen ahora entre setenta y ochenta años y, en lugar de jugar a la petanca o hacer ganchillo, los residentes hacen transmisiones en directo en redes sociales, suben vídeos, escuchan reguetón, cenan kebab y gestionan sus crushes románticos. Y tienen sus encuentros sexuales, su apego a la marihuana y su dependencia del reconocimiento en las redes, algo que, lamentablemente, parece agravarse con el tiempo.

En una breve presentación de los seis personajes protagonistas (uno de ellos, el inevitable Joselito), veremos cómo llegan solos a la vejez en toda su extensión, primero, por tratarse de personas solteras, viudas o divorciadas, pero, sobre todo, porque no tienen hijos. La autora reivindica en el cómic y en las entrevistas promocionales la presencia de gatos en las residencias porque, al fin y al cabo, «¿quién los va a ir a visitar?». Altieri decidió utilizar un eufemismo en el título, inspirándose en una publicidad real que indicaba «Urbanización para mayores». ¿Qué historias estarían sucediendo allí dentro?

En Hotel Abuel, Altieri adopta una estrategia visual cercana a la técnica del POV (point of view o punto de vista subjetivo), posicionando al lector como un espectador inmerso en el día a día de la residencia. A través de este enfoque de mirada directa, la narrativa gráfica simula la perspectiva en primera persona de un testigo silencioso, permitiendo que quien lee experimente de manera cercana e inmediata la intimidad, las rutinas y las dinámicas que se desarrollan entre sus paredes. Una mirada a una ancianidad rebelde que se nos avecina, con unos cuidadores que trabajan en condiciones precarias —como el propio cómic denuncia— y un número de personas asignadas imposible de gestionar con un servicio de calidad. Quizás deberían abrirse un podcast, como aconseja uno de los ancianos a su compañero de habitación… otro podcast.

Hotel Abuel
Marta Altieri
Reservoir Books, 2025

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Jordi Ojeda

El Dr. Jordi Ojeda es professor del Tecnocampus (Universitat Pompeu Fabra).

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