Propuestas como la solicitud de las competencias sobre migración, por parte de Junts al gobierno español, o la revisión del número de años empadronado a un determinado municipio para poder acceder a las Viviendas de Protección Oficial (VPO) del mismo partido a los mandos del Ayuntamiento de Sant Cugat del Vallès, pueden ser interpretadas como el enésimo intento por parte del nacionalismo catalán conservador de presentarse como una alternativa a partidos como la extrema derecha de Aliança Catalana (AC) en competición por su base electoral. Sin embargo, este tipo de estrategias solo pueden acabar mal para el propio Junts, ya que el electorado percibe fácilmente que los que son capaces de determinar la línea de separación entre un ‘nosotros’ y un ‘ellos’ son los de AC y que, para votar a sucedáneos que además, no son capaces de hacer sus propias propuestas, mejor votar al original.

Dicho esto, la realidad muestra que las posiciones ideológicas de este tipo de opción política no tienen mucho recorrido programático real y que atienden y señalan a colectivos específicos (musulmanes, migrantes, la izquierda políticamente correcta, etc.) como enemigos con la idea de determinar simbólicamente quienes son los responsables de la situación actual, pero sin avanzar mucho en el resto de sus propuestas de programa. Si indagáramos un poco veríamos que, o bien éstas prácticamente no existen, o bien son de tinte totalmente neoliberal, por lo que la estigmatización de grupos sociales completos solo estaría actuando como cortina de humo ante un auténtico frente de clases. Impulsar conflictos entre los de abajo solo pretende hacer olvidar que el verdadero conflicto se da contra los de arriba.

Su idea de sociedad, de futuro de país, no pasa, de esta manera, por algo novedoso, sino todo lo contrario, por las viejas soluciones de siempre, aunque pasadas por el tamiz de la xenofobia. De esta manera, la estrategia de la extrema derecha no es otra cosa que un ejercicio de poder; un determinado ejercicio de poder. Efectivamente, todas las opciones políticas, aun teniendo un análisis y una proyección de horizonte para la sociedad, suponen ejercicios de poder, pero aquí la diferencia estriba en que el ejercicio de poder de la extrema derecha está basada en la imposición de viejas recetas mediante disposiciones autoritarias.

El antropólogo e historiador Karl Polanyi, en su canónica obra La Gran Transformación. Crítica el liberalismo económico, señalaba, en mi opinión acertadamente, que el liberalismo, presentado como una forma natural de relación entre individuos de cualquier sociedad, no era otra cosa que una auténtica utopía. Dicho carácter natural es el que actuaba, de hecho, como ideología, en el sentido marxista de falsa conciencia, de forma que era capaz de ocultar simbólicamente, las relaciones de explotación propias del capitalismo. Pues bien, AC, siguiendo las directrices del neoliberalismo, da un paso más, aceptando que el capitalismo no puede ser aceptado únicamente como algo natural, sino que debe ser introducido por la fuerza. La diferencia de estrategias similares es que, en esta ocasión, los que en principio sufrirán esta situación no seremos ‘nosotros’, sino ‘ellos’, aunque es evidente que, en algún momento, esta violencia nos llegará a todos los demás.

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Jose Mansilla

Antropólogo urbano, profesor universitario. Su último libro publicado es «Los años de la discordia. Del modelo a la marca Barcelona» (2023).

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