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Cultura

‘This is America’: Sobre la Super Bowl, Bad Bunny y la música
Benito Antonio Martínez Ocasio, más conocido como Bad Bunny, se convirtió en el primer artista que canta en el intermedio de la Super Bowl íntegramente en español. Para muchas personas este hecho apenas reviste importancia más allá de la anécdota, pero todo cambia si miramos el contexto político asfixiante en el que se sitúa su actuación.

Álex Mesa13 de febrero de 2026 - 07:15
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Benito Antonio Martínez Ocasio, el primer artista que canta en l'intermedi de la Super Bowl íntegrament en espanyol.
Benito Antonio Martínez Ocasio, el primer artista que canta en l'intermedi de la Super Bowl íntegrament en espanyol.

Desde que se supo que Bad Bunny actuaría en la Super Bowl hubo mucho runrún. En general, y a pesar de que en países como España el fútbol americano apenas tenga repercusión, cada año suele haber bastante debate previo sobre la idoneidad de que determinado/a artista cante en dicho evento. Se entiende que este es un espectáculo deportivo, televisivo y comercial de primer orden y, de este modo, se marca un baremo de exigencia alto: que nos parezca un gran artista, que no desentone en el evento, etc. No obstante, la conversación pública de este año era de otra magnitud, de una mucho mayor. Y esto era así por múltiples razones.

En primer lugar, por un clásico y ya demasiado socorrido reproche que refiere a la supuesta calidad musical del reguetón en general y, más en particular, sobre la falta de talento y capacidad vocal de Bad Bunny. Desde hace ya bastantes años, este tema es recurrente. Cada vez que se viraliza una canción de reguetón o algún artista del género copa cierta fama, se produce una reacción visceral y en tromba de personas y comunidades muy heterogéneas pero que comparten una característica común: un desprecio al reguetón por ser demasiado simple y por estar repleto de artistas sin talento alguno. De hecho, si nos vamos un poco más atrás en el tiempo el rechazo generalizado también remite a la misoginia y el carácter inapropiado de sus líricas (al menos hasta que comenzamos a darnos cuenta de que esto dista mucho de ser patrimonio exclusivo del reguetón).

Lo más curioso de esta reacción es que, si bien la arquitectura musical del reguetón tiende a la simplicidad y no suele ser muy variada, la crítica a la música por no ser “realmente música” no es en absoluto nueva. En su momento, el rock experimentó una reacción similar por parte de los progenitores de las primeras generaciones que lo escuchaban, que solo escuchaban ruido producido por unos imberbes artistas sin conocimiento y gusto musical. E incluso sucedió con el jazz, que era identificado con el caos y la falta de simetría. Aunque, a decir verdad, en la crítica al reguetón por una supuesta falta de calidad musical subyace otra dimensión que no era tan propia de la crítica al rock y sí parcialmente de la crítica al jazz: una parte de quiénes sostienen tal argumentación en muchas ocasiones no están tan preocupados por la calidad musical del género como por poder reafirmar un gusto musical excelente a la vez que se rechaza algo como demasiado “bajo”, propio de gente que no es como “nosotros”, etc. Es decir, con frecuencia, esta crítica al reguetón puede soterrar una suerte de clasismo, cuando no a veces incluso cierta xenofobia o racismo (aunque no es necesario que sea así, por supuesto).

Por contra, no se trata de afirmar todo lo opuesto y decir que el reguetón es sublime musicalmente sosteniendo absurdas comparaciones entre el registro vocal de Michael Jackson y Bad Bunny, por ejemplo. Se trata de comprender la música en su contexto, en lo que ofrece, en lo que seduce y comprender dónde se pone el esfuerzo y la atención, en vez de abominarlo todo.

En segundo lugar, y sobre todo en clave más interna de los EEUU, la actuación de Bad Bunny en la Super Bowl incitaba a la polémica por ser el artista de renombre que más paradojas podía suscitar, como las críticas MAGA han revelado claramente. El hecho de ser un artista latino, que actúe en español y que a la vez sea norteamericano, a pesar de que con frecuencia EEUU trata a Puerto Rico como una entidad exógena que no forma parte de su cuerpo político… Era algo de difícil digestión para muchos. Solo hace falta ver la reacción de Trump a la actuación del conejo malo: ¿y no es cuando menos irónico que ahora le preocupen al Presidente de los EEUU los niños y su sensibilidad ante las coreografías de Bad Bunny?

Por otra parte, se ha observado también en España una reacción un tanto paradójica que ha hecho que muchos se sumen a los dos argumentos que acabo de comentar. Especialmente por parte de quiénes suelen reivindicar la lengua con una mezcla de orgullo y soberbia, en vez de como una herramienta para unir, se ha atacado a Bad Bunny por lo poco que se le entiende, por ejemplo. Y sí, la jerga empleada, el registro vocal y la técnica empleada en su género no son las formas más asequibles para un hablante de la lengua en España, ¿pero acaso no se han pasado los mismos que vociferan ahora media vida tarareando canciones en lengua inglesa que apenas sabían cantar? Ahí hubo pocos reproches. Y hay quién dirá: ya, pero eso es otra lengua. Pero amigo mío… Ninguna lengua viva deja de tener variedades dialectales, jergas diferentes, registros distintos… Tu falta de prodigalidad en estos campos no es tan diferente de tu falta de conocimiento en otras lenguas: nada de lo que avergonzarse, pero nada de lo que quejarse.

En tercer y último lugar, y desde otro eje de coordenadas, hay quién piensa que el mensaje de Bad Bunny sobre el amor, el entendimiento y la unión de los pueblos de América (continente) es lo que comúnmente se conoce como crítica controlada. Y cabe decir que este punto no es tan fácil de sortear. Es decir, a través de un artista de primer orden que no es en absoluto subversivo en relación a un sistema desigual, individualista y depredador, los mensajes de Benito solo parecen tan potentes por el contraste con lo distópico que nos está tocando vivir. Y sí, ciertamente es así. Bad Bunny no es ni puede ser algo parecido a un líder revolucionario. No promueve cambios en el sistema ni tiene una alternativa a lo realmente existente. No es su propósito tampoco. Pero si bien podemos echar en falta alguien que se comprometa de forma radical con toda forma de injusticia, que denoste el genocidio en Gaza, la desigualdad extrema o la crisis climática con la misma energía que las brutalidades del ICE, lo cierto es que tampoco está de más que, ya que nos toca vivir una noche tan oscura, haya alguien que no solo de una nota de color, sino que muestre el mínimo de humanidad que asumíamos que todo el mundo tenía y debería tener pero que, por desgracia, hemos comprobado que es un bien escaso a día de hoy.

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Álex Mesa
Álex Mesa

Álex Mesa es Doctor en Filosofía por la UAB y profesor en la UB. Su investigación se centra en el humor en la tradición occidental, incluyendo aspectos ontológicos, psicoanalíticos, estéticos y políticos. Ha impartido clases en la UAB y recibió una beca predoctoral en el Departamento de Filosofía.

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