Aquí la versió en catalá

Barcelona y su Área Metropolitana, este paraíso terrenal donde todas las calles se levantan durante años —sobre todo preelectorales— la vivienda está sobrevalorada y el turismo forma parte de una película en la que vecinas y vecinos somos simples figurantes para su ávido placer de visita.

En una Cataluña post-procés, en la que la independencia queda lejos incluso de nuestros imaginarios y el pueblo movilizado ha vuelto a su casa, nos enfrentamos a una pandemia social de dimensiones incalculables. Mientras el populismo sube, baja el nivel adquisitivo de la ciudadanía. Mientras suben los precios de la vivienda, de la comida, de los espacios de ocio, baja la conciencia de clase.

Si todo es un negocio, ¿por qué la escalera de mi casa tiene que ser gratis para los usuarios de Airbnb? A la vez que como residente en Cataluña yo tengo que pagar por todas partes: la catedral, el Parque Güell o algunas pequeñas calas de la costa. Todo es negocio, ¡pues tiene que haber un retorno! ¿Y si con la tasa turística nos pagan un salario de figurantes, puesto que eso somos para el turismo? Queremos peajes entre barrios y en las aceras y, sobre todo, a la sombra de los pocos árboles que van quedando y el turismo fagocita.

Es más, ¿quién nos pagará los efectos secundarios sobre la salud? Porque cada día, a todas horas, el ruido de las maletas con ruedas, o de los micros de guías con grupos de turistas, o la invasión de bicicletas y pequeños vehículos mientras andas tranquila. Todo ello afecta a nuestra salud mental y amenaza nuestra salud física. ¡Que pague el guiri!

El espacio público ha sido ocupado por terrazas en las que ya no podemos tomar nada a los precios que nos cobran. Las líneas de transporte público han sido ocupadas por turistas que ahora ya han descubierto que sale más barato que el bus turístico, y siempre nos toca ir de pie mientras ellos se sientan en asientos reservados y nos pasan la mochila por la cara. Tenemos que abandonar nuestras casas porque los alquileres son de temporada o bien suben una barbaridad y nos tenemos que exiliar a lugares más asequibles y a menudo con problemas enormes de transporte (y no abro ahora el melón de Rodalies).

Cataluña y los Països Catalans se han convertido en territorio hostil para la ciudadanía y en decorado magnífico para visitantes. Las vecinas y vecinos somos actores secundarios y lo estamos haciendo gratis, por la cara, por la patilla… ¡Se ha acabado! Queremos que nos paguen nuestro salario y que incluya seguro. Esto es básico para poder seguir siendo una sociedad con una mínima cohesión. Bienvenidas y bienvenidos a Cataluña Land.

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Matriarca del Caos

Soy catalana de adopción y por voluntad, de origen maya. Feminista y de izquierdas desde que nací porque soy mujer, mestiza, de clase obrera y mis dos naciones están oprimidas. Tengo un carácter fuerte y a la vez, dicen, un gran corazón, soy lanzada y me gusta cantar, sobre todo las cuarenta.

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